Anthony
—Sabes que Isabella cree que podrías ser un buen marido para esa trabajadora social —miré a mi hermano un segundo antes de terminar de firmar el documento frente a mí—. Esa mujer me parece muy… de ciudad para lo que eres tú, pero si ayuda a niños, no debe ser una mala persona.
—No es una mala persona… no —dije, clavando la vista en el otro documento que debía firmar—. No me interesa una mujer, además está de pasada.
—Isa también estaba de pasada.
—Isabella estaba loca por Emma, y luego tú dejaste de ser molesto, así que la enganchaste con mucha suerte —devolví los papeles a su carpeta—. Yo, por mi parte, no quiero un matrimonio, una mujer o… lo que sea.
—Bueno, pero quizás eso pueda cambiar. Vi cómo la mirabas —mi hermano sonrió—. ¿Ya la llevaste a la cama?
—Sí —dije, entregándole la carpeta—, pero también me dijo que lo olvidara, y es justo lo que voy a hacer —golpeé ligeramente la carpeta en el escritorio—. Ya puedes comprar esas cabezas de ganado que tanto querías. Salúdame a Isabella.
Me puse en pie, dispuesto a marcharme después de este trámite, pero no fui capaz de hacerlo porque mi hermano se plantó justo frente a la puerta de su oficina en casa.
—¿Cómo es que esa mujer te usó y te tiró?
—No me usó ni me tiró —mascullé—. Hicimos algo imprudente, así que pidió que lo olvidara.
—¿Pero tú no quieres olvidarlo, verdad? —mi hermano sonrió—. ¡Quieres repetir!
Podría decir que no, que no me interesaba en lo más mínimo que ella no quisiera que nos viéramos de vuelta, pero sería mentira.
Habíamos tenido una noche alucinante, una química bastante difícil de encontrar, y que solo me dijera que fue un error me había molestado.
—Lo que yo quiera no interesa aquí —fui cortante—. Ahora déjame pasar, quiero ver los animales antes de irme a casa.
—¿Casa? —bufó—. Incluso llamas casa al lugar donde no habías querido vivir todos estos años.
—Ahora tengo una hija. Sin lugar a dudas, vivir en la ciudad con una sola habitación ya no es viable.
—Bueno, entonces también deberías pensar en tener una mujer.
—Ethan, te voy a decir lo mismo que me dijiste durante años —di un par de golpes a su hombro—: no te metas en mi vida. Estoy bien como estoy, no necesito una esposa.
Mi hermano me miró molesto, pero no dijo nada, así que simplemente salí de su casa. Di un pequeño recorrido por sus establos e intenté realmente no pensar en Adriana.
Ella tenía razón en no querer complicar las cosas. Si se iba a marchar en tres meses y estaba aquí solo para supervisar si era o no una buena opción para Beth, ¿por qué arruinarlo todo metiendo sentimientos?
Había estado bien hasta ahora. Si era sincero, no había vivido una mala vida, y quizás, si la madre de Beth no hubiese muerto, ni siquiera sabría que tenía una hija.
Si miraba hacia atrás, la vida siempre había sido igual: responsabilidad con mis padres, con Ethan después de ellos, y solo había conseguido un poco de libertad cuando me fui a la ciudad para hacer crecer el negocio familiar.
Miré al caballo frente a mí y suspiré, acariciándolo. La madre de Beth me había hecho pensar que quizás podía ser feliz junto a alguien, pero yo estaba harto de responsabilizarme por otros.
No estaba dispuesto a sacrificar la libertad de ir o venir por quedarme en aquella ciudad, y cuando el matrimonio de Ethan terminó…
Esa responsabilidad me hizo prácticamente volver a mi vida anterior.Así que la única mujer que me había importado me pidió terminar, y no quería sentirme así de nuevo.
Terminé mi recorrido por la granja antes de entrar a mi auto con la convicción de mantener las cosas como estaban con Adriana, porque no había por qué ir más allá con alguien que se iba a marchar.
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Editado: 15.05.2026