Una familia sorpresa

Capítulo 17

Adriana

—Sabes que no había necesidad de que hicieras esto, ¿verdad? —miré a Isabella terminar de acomodar la manta sobre el césped junto al lago, un tanto agobiada—. Pudimos quedarnos en casa.

—Cariño, Emma es… muy persuasiva y tienes que conocer el lugar. Vas a estar aquí bastante tiempo —la mujer embarazada se dejó caer sobre la manta—. Además, mi marido está siendo un poco intenso, así que un poco de paz junto al lago con dos niñas me hará bien.

No supe qué contestar a eso y la mujer tampoco pareció esperar una respuesta porque simplemente se colocó sus lentes de sol antes de tomar una revista para mirarla. Mis ojos se movieron entonces hasta la niña sentada a la orilla del lago, mirando incrédula a su prima correr dentro del agua.

—Emma está… en el agua —dije asustada e Isabella suspiró, bajó un segundo sus gafas y casi salté ante su voz.

—Emma, solo hasta las rodillas —declaró, luego volvió a su revista—. Tranquila, disfruta un poco de este lugar.

¿Disfrutar?

¿Cómo iba a disfrutar con esas dos niñas tan cerca del agua? Era lindo aquel sitio, sin lugar a dudas, pero me preocupaba demasiado que Beth tuviera algún accidente o que algo pasara.

—Creo que voy a ir con ellas —dije, sacando mis sandalias—. No creo que sea buena idea dejarlas solas.

—Bueno, entonces métete al lago, yo estaré aquí embarazada tomando el sol.

Sonreí ante la increíble tranquilidad de aquella mujer, me pregunté si realmente llevaba tan solo unos meses viviendo en este hermoso lugar y caminé hasta las niñas, sintiendo que la tranquilidad se apoderaba de mí a medida que estaba más cerca de ellas.

—¡Hola, tía Adriana! —me congelé ante aquel título—. ¿Se mete al lago? Isa no me deja ir más lejos, pero puedo nadar hasta la otra orilla.

—Me puedes mostrar otro día —dije, atragantándome ante aquella declaración—, por ahora… solo hasta las rodillas.

—Vale —la niña se encogió de hombros y miró a Beth—. ¿Vienes?

La pequeña me miró, luego negó y tuve que admitir que quizás ella también estaba un poco abrumada. Quizás esta niña tampoco había estado antes en un lugar como este o jugado con alguien más cerca de un lago.

—Ve con tu prima —dije sonriéndole a Beth—, yo voy a vigilar desde aquí que estén bien.

—No, yo… no sé nadar, señorita Adriana —la pequeña hizo un pequeño puchero—. Mamá dijo que iríamos a la playa, pero… pero ya no podremos ir nunca.

—Oh, cariño —dije abrazando a la pequeña—, papá seguro te llevará —miré hacia Emma—. Además, ahora tienes a tu prima, ella te enseñará a nadar.

Me puse en pie entrando al lago, tomé su manita con una sonrisa y di un paso atrás.

La niña chilló cuando sus pies entraron al agua, sonreí mientras Emma aplaudía a un par de metros de las dos y sentí que aquello era justo lo que todo niño necesitaba.

Quizás Beth había perdido a su madre, pero a pesar de cualquier cosa parecía que la familia de su padre la ayudaría a sanar.

Ese sentimiento de tristeza que siempre me acompañaba al recordar la única vez que hice el intento de encontrar a mi familia se filtró entre mis pensamientos.

Mis abuelos maternos me habían acusado de ser la hija de la desgraciada que llevó a su hijo por mal camino, prácticamente cerraron la puerta en mis narices después de advertirme no volver por ahí jamás.

—Mueve tus piernas así, Beth —salí de mis pensamientos justo cuando Emma demostraba cómo mover las piernas a Elizabeth—. Y las manos así, uno, dos, uno, dos.

Sonreí sentándome de vuelta en la orilla mientras observaba a las niñas. Estaba siendo tonta, pensé al envidiar no poder ver esto el resto de mi vida, pero pensar de esa forma solo haría más complicadas las cosas.

—¡Adriana! —volteé hacia aquella voz que acababa de decir mi nombre.

Me puse en pie tan rápido y resbalé, y mi grito recorrió el viento mientras el agua entraba en mi boca.




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