Una familia sorpresa

Capítulo 19

Adriana

Vi a Isabella marcharse con Emma desde la ventana. Beth, de pie en el porche junto a Anthony, la despedía y sonreí feliz de ver que la niña realmente se estaba adaptando.

Suspiré, alejándome de la ventana. Me senté en el sofá del salón y la puerta no tardó en abrirse.

—¿Ya se han ido? —dije, mirando a Elizabeth.

—Sí, Emma vuelve mañana a clases. Papá —Beth miró a su padre— me llevará mañana para poder ir también al colegio.

—Eso es… genial —dije mirando a Anthony—. Supongo que esto es un punto a favor en el informe.

Le di una pequeña sonrisa a Beth antes de ponerme en pie.

—Bueno, ya que trajeron las cosas para la habitación de Beth, voy a organizar un poco, ¿de acuerdo?

—No tienes que hacerlo, yo puedo hacerlo más tarde —dijo Anthony y negué.

—No, quiero hacerlo. Además, seguro que quieres volver a dormir en tu cama.

Pasé junto a él sin decir nada más y simplemente me concentré en arreglar la habitación.

Estaba involucrándome de más, incluso yo lo sabía, pero ¿qué podía hacer si cada minuto que pasaba en aquel lugar parecía maravilloso?

Terminé de acomodar la cama que habían traído para Beth y me dejé caer en ella, pensando en lo que pasó en el lago.

Todavía sentía sus manos en mi cintura, firmes, fuertes, sacándome del agua como si yo pesara nada.

El calor de su pecho seguía pegado a mi memoria, aunque llevaba un buen rato huyendo de su compañía; mi mente seguía dándole vueltas a ese momento.

¿Qué pasaba si dejaba que las cosas fluyeran?

¿Quizás podría quedarme aquí y vivir cerca de Beth?

Me cuestioné como una tonta. Resoplé cuando la respuesta fue más que evidente. No podía hacer nada de eso, primeramente porque apenas Anthony supiera que mentí con lo del informe me odiaría y segundo porque él no quería una esposa, o yo una relación para que después se rompiera.

—Creo que debería dejar de pensar en eso…

—¿En qué no es necesario pensar?

Me incorporé en la cama con prisas. Anthony me miró desde la puerta antes de echar un vistazo alrededor de la habitación.

—Pensaba en que no fue necesario lanzarse al lago como si estuviera muriendo —dije, mintiéndole.

—Te estabas ahogando en veinte centímetros de agua —dijo con una sonrisa—. ¿Vas a dormir en esa cama para niños con Beth?

Miré la cama y preferí no responder a esa pregunta por ahora.

—Resbalé —me defendí.

—También gritaste como si te hubiera atacado un cocodrilo —volteé los ojos y él insistió—. ¿Dónde piensas dormir ahora, Adriana?

—El… sofá estaría bien —dije sin mirarlo—. No tengo problemas con eso.

—¿Por qué no duermes conmigo? —dijo él sin dudar—. Somos adultos, podemos compartir cama sin… ya sabes… que pasen esas cosas.

¿En verdad creía eso?

Negué para mis adentros y estaba a punto de decirle que no era una buena idea cuando mi móvil sonó. Vi el número de mi jefe en la pantalla del celular.

—Diablos —mascullé—. Tengo que contestar, es del trabajo.

Le dije a Anthony y salí corriendo de la habitación. Pasé de largo por el salón donde Beth veía sus dibujos y contesté cuando estuve fuera de la casa.

—¿Sí?

—Adriana, ¿cómo van esas vacaciones?

Miré hacia la casa nerviosa antes de contestarle con la voz más calmada que pude fingir.

—Estoy bien, señor… está siendo bastante gratificante este tiempo en realidad. ¿Sucedió algo?

—En realidad llamaba por el expediente de Elizabeth Perkins —dijo sin rodeos.

Mis dedos se tensaron alrededor del teléfono.

—¿El expediente? ¿Por qué?

—Eso ya no es asunto tuyo —dijo suspirando—. Haces muy bien tu trabajo, Adriana, pero te involucras demasiado a veces.

—¿Cómo no hacerlo? Yo soy la encargada del caso.

—Lo eras —dijo mi jefe—. Ahora estás de vacaciones.

Rasqué mi cabeza, estresada.

—¿Qué significa eso?

Escuché papeles al otro lado.

—Tu trabajo terminó. La niña fue entregada a su tutor legal. El expediente pasa a revisión superior.

—Señor, los vi —dije sin pensar—. Está feliz. Y él… él la quiere. Se nota en su rostro. Creo que ella finalmente está donde pertenece.

Mi jefe suspiró.

—Eso está muy bien, Adriana. Pero la abuela materna apareció esta mañana.

—¿Qué? —prácticamente grité aquellas palabras.

—Presentó solicitud de custodia y lo van a analizar. Solo envíame el informe para…

—No puede hacerlo —dije sin pensar—. Nunca apareció antes o atendió a nuestras… situaciones.

—Bueno, pero ahora apareció y tiene derechos legales que revisar —mi jefe suspiró—. No te preocupes, solo disfruta de tus vacaciones. Siempre haremos lo mejor para la niña. Envíame el informe antes de las seis.

Mi jefe colgó después de aquello y me quedé en medio del porche delantero, sin saber cómo reaccionar ante aquello.

No siempre lo mejor para el niño era lo legalmente estipulado, lo sabía y no podía dejar que alejaran a Beth de aquí ahora que estaba adaptándose.

¡Tenía que hacer algo!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.