Una mentira llamada amor

Capítulo 2

Thorin Rouss

Papá pidió que llevaran a un grupo de chicas para que pudiera entrevistarlas y poder escoger a una como mi futura esposa. ¿No es gracioso? Quizá lo sea un poco, pero la frustración le gana a lo divertido. Es molesto que no respete mis decisiones.

Estaba alistandome para poder entrevistar a las chicas. La puerta de mi habitación se abrió dejando ver a mi pequeña risitos de oro. Ella es la única que me entiende y apoya mis decisiones.

—No es lo que quieres, ¿cierto? —se detuvo a unos pasos de la puerta.

—Sabes perfectamente lo que quiero —me dirigí a ella para tomarla entre mis brazos—. Lastimosamente, papá no puede escucharme.

—Lo hace, es solo que ignora tus peticiones —se lamentó.

—Es molesto —le acaricié la cabeza mientras la seguía abrazando.

—Sabes que puedes ser escuchado conmigo —sonrió.

—Lo sé —sonreí mientras la tomaba del rostro con ayuda de mis dos manos—. Eres igualita a mamá —le di un beso en la frente.

Monse, mi hermana menor, es la única que me escucha y comprende. La cuido como mi más grande tesoro. Solo tiene diecisiete años, es una chiquilla aún.

—¿Me ayudas? —estire mi mano.

—¿Crees que sea buena idea?

—Tu opinión es muy importante para mi.

—Entonces, ¿qué esperamos? —me tomó de la mano.

De camino nos encontramos a Arhon, parece que ha escuchado la petición de papá porque iba preparado con una libreta en las manos.

—Parece que has olvidado la lapicera —Monse alzó ambas cejas.

—Mierda —empezó a buscar entre los bolsillos de sus pantalones.

—¿Para qué llevas una libreta? —Monse preguntó confundida.

—Para apuntar a las eliminadas y después comunicarme con una de ellas —respondió de inmediato mientras seguía buscando la lapicera.

—Claro, por poco olvidaba que mi hermano era todo un mujeriego —se cruzó de brazos—. Aún no entiendo como ellas no lo pueden ver.

Arhon y Monse son los que más pelean, a broma, por supuesto. Arhon al igual que yo, ama mucho a Monse, la cuida y siempre la anda mimando. Eso no quiere decir que no tengas peleas que los deja sin hablarse por días, algo que ambos detestan. Lo sé porque me lo hacen saber.

—¡Ey! Ricitos de oro —se dirigió hacia ella—. Respetame pequeña demonio.

—Solo dije la verdad, no entiendo que te ven —se echó a correr.

—Lo atractivo que soy —empezó a perseguirla.

Tomé aire al saber que, el atraparla iba a durar mucho tiempo. Lo que quiere decir que escucharé gritos por unos largos minutos. Monse es muy rápida, aunque sea baja de estatura.

Después de que Arhon por fin pudo alcanzarla y cargarla como un saco de patatas, nos dirigimos al salón más grande de mi casa. Chicas de todo tipo, por supuesto que lo sé porque soy muy observador. Realmente ninguna de ellas era mi tipo, pero al parecer si de…

—Son hermosísimas —Arhon entró.

Claro que lo eran solo para una noche. Como si no conociera a mi hermano.

—Bueno, bueno, bueno… —suspiró—. No me agrada ninguna.

—Thorin, papá se enfadara al ver que no elegiste a ninguna.

—Arhon —lo tomé del hombro—. Si una chica no me agrada, no voy a hacerla mi mujer.

—Bueno, por lo menos toma una solo para que papá no se enfade.

Vestidos cortos al punto de casi enseñar el trasero, los tacones altísimos y el maquillaje exagerado. No tomaré el consejo de Arhon. Ellas no se veían dignas de entrar a mi casa, ni mucho menos, ir a mi lado. Ellas parecían, ¿unas prostitutas? Bueno, prostitutas o no, no elegiré a ninguna.

—Monse —giré a verla—. ¿Qué opinas?

—¿Acaso son unas prostitutas? —las vio con extrañeza.

—Alguien piensa igual que yo —me crucé de brazos.

—Qué sabe la ricitos de oro —Arhon guardó la libreta.

Monse es mujer, claro que sabe mucho. Salí del salón dirigiendome a mi habitación para descansar un poco de ver a tanta mujer. No pude ni hacer la entrevista, no soporte verlas vestidas así.

La puerta de mi habitación se abrió dejando ver a un hombre nada feliz. Haciéndose costumbre, no le tomé importancia, pero él no dejó pasarlo. Se sentó en la silla que se encontraba frente a la mesa de dibujo, se cruzó de brazos esperando a que dijera algo respecto a las entrevistas. No dije nada, simplemente me cubrí el rostro con la cobija.

—¿No dirás nada? —dejó salir en medio del silencio.

—No tengo nada para decir —respondí de mala gana.

—Algo sobre las entrevistas, quizá —se levantó—. Espero no hayas dejado pasar esta nueva oportunidad que te he dado.

Lo podía ver de todas las maneras posibles, menos como una oportunidad.

—No he elegido a ninguna —me descubrí el rostro—. Si es lo que querías saber.

—Esto es increíble —se levantó—. Aún con esa oportunidad que se te ha presentado, decides no elegir a una solo por la manera en la que visten.

Claro, Monica la mujer que se le insinúa a papá solo por el dinero. Después de que mi madre muriera, papá no dudó en buscarse a otra mujer. Ella hace todo lo posible para que él nos trate mal, para que nos eche de la casa y ella quedarse con todo lo que le pertenecía a mamá.

—A diferencia de ti —me levanté—. Yo no elegiré a cualquiera, a la primera que venga con otras intervenciones. Yo si pensaré bien antes de tomar esa tan importante decisión.

Salí de mi habitacion dejando a un hombre bastante molesto, es increíble que se moleste por la verdad. Esta noche dormiré con Erick, es evidente que no me recibirá por hoy.

Como se esperaba de Erick, no lo encontré en su casa, sino en un bar. Por suerte no estaba ebrio.

—¿Qué cuentas? —me senté cerca de él.

—¿Qué cuentas tú? —preguntó sosteniendo una copa de whisky—. Es un milagro que estés en estos lugares a esta hora.

—Bueeenooo —apoyé mis codos sobre la mesa mientras me tomaba de las manos—. Supongo que al fin he explotado.

—Dormiras conmigo, ¿cierto? —dejó la copa sobre la mesa.

—Creo que “conmigo” es una palabra un tanto fuerte para referirte a tu casa —puse una mano sobre mi pecho haciendo una mueca de dolor.




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