Una mentira piadosa

Capítulo 03: Eres alucinante

Me encontraba en mi turno en la biblioteca. Después de mucho tiempo, era la primera vez que tenía la cabeza en otra parte. No dejaba de preguntarme qué debía hacer con Ian. Tendría que contarle la verdad y disculparme personalmente.

Distraída por mis propias preocupaciones, una voz familiar se acercó mientras yo ordenaba una de las estanterías bajas de la sección de poesía.

—Perdona, ¿está aquí el siguiente volumen de este libro?

Cuando me giré y lo vi, sentí que era mi oportunidad de contarle la verdad. Quizá no era el mejor momento, pero no podía más. Al contrario que gente como él, a mí no me gustaba jugar con los sentimientos de la gente.

Le di el libro que estaba buscando y entonces me atreví a preguntar.

—¿Quieres que nos veamos luego en el patio de atrás? Tengo que hablar contigo de algo.

Él se mostró sorprendido, pero me dijo que sí.

Una vez allí, ambos nos sentamos en uno de los bancos que estaban libres.

—Estoy contento. No pensaba que fueras tú la que me dijera de salir a tomar el aire —comentó—. Me pregunto de qué será de lo que quieres hablar —su tono de voz parecía extrañamente emocionado.

Comencé a apretarme el extremo de mi suéter nerviosa. No estaba segura de cómo empezar. Si no hubiera sido tan estúpida de enviarle aquel mensaje, no me hubiera encontrado en aquella tesitura. Había metido la pata pero bien.

—Oye… —comencé a decir al fin, pero me atasqué en seguida. Él me miraba expectante—. Hoy te ha pasado algo bueno, ¿verdad?

Apreté los labios después de haberle dicho aquello. No fui capaz de ser más directa.

Él se sorprendió ante mi comentario y noté cómo se ruborizaba por momentos. Se llevó la mano a la cabeza.

—¿En serio? —Me miró con timidez—. Andrea Rech, eres alucinante; una sorpresa tras otra.

Por alguna razón, me gustó que dijera eso de mí.

—¿Po-por qué? —trastabillé.

—Nadie se hubiera dado cuenta nunca de algo tan nimio. Verás, he querido contarle esto a alguien desde hace mucho tiempo. —Se tomó unos segundos para seguir hablando—. En realidad hay alguien que me ha gustado todo este tiempo.

Estaba nerviosa, ¿me iba a hablar de ella?

—¿A-así? ¿Quién? —fingí no saber nada, pero también me mataba la curiosidad.

—Es una estudiante un año mayor que nosotros. Tuvimos algo en la época del instituto, pero no funcionó porque yo seguía comportándome como un crío al fin y al cabo. Además, ella empezó la universidad antes y no se veía con alguien que seguía en bachiller, pero aun así, quiero que ella me recuerde —hablaba con tanta serenidad mientras el cielo se reflejaba en sus iris oscuros, que yo no pude evitar estremecerme por sus palabras—. Por eso le regalé libros que le gustaban y le escribí cartas. Ya me estaba dando por perdido, cuando al fin hoy me llegó una respuesta.

Me miró con una sonrisa muy cálida y yo me esforcé en devolverle el gesto.

—Ya veo. —No sabía que más decir.

Se puso en pie para colocarse frente a mí.

—Este sentimiento… ¿Lo entiendes? —Se agachó de cuclillas—. Aunque ya no he recibido más mensajes y cartas ninguna.

Sentí una punzada en el corazón de lástima por él e inconscientemente le froté el pelo con mis manos como si fuera un perrito.

—¡No te preocupes! —exclamé—.¡Yo te apoyaré también!

Me miró sorprendido, seguramente pensando que estaba loca. Yo también estaba sorprendida, olvidé el rencor que le guardaba de nuevo. Realmente sentí deseos de ayudarle.

Cuando me di cuenta, quité mis manos de su cabeza rápidamente y me maldije. Él soltó una carcajada.

—En realidad eres una persona muy entusiasta.

Una vez más no pude decirle nada. No hubiera sido capaz de romper aquella sonrisa que puso en aquel momento.

Aquella noche volvió a llegar un mensaje suyo a mi teléfono. Obviamente no era para mí, era para Clara.

Clara, incluso si solo fue un capricho del momento, estoy contento de que contestaras.

PD: Si tú estás feliz, yo también lo estaré.

Apreté mis labios de impotencia. No parecía el tipo de chico que yo creía que era y una parte de mí se sintió mal por juzgarle tantos años; quizá había cambiado desde la secundaria. Quizá ya no era la misma persona que se metía con la gente.

Estuve dudando durante un prolongado tiempo y finalmente respondí a aquel mensaje.

Estoy bien.




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