Una navidad diferente

Capítulo 2: Una limonada

Mariana

Mi madre vuelve a insistir que necesito ser más exigente con Camila porque no es la primera vez que habla con un extraño.

Mi hija tiene un corazón tan noble y quiere ayudar a todas las personas que se cruzan en su camino, sin importar si esas personas quieren o no la ayuda. Lo que a mí me causa problemas.

Cada vez que vamos al hospital, habla con todos y todos la adoran. El médico dice que es sorprendente la fortaleza y la serenidad de ella a pesar de tener una insuficiencia renal y tener hacerse diálisis tres veces a la semana hasta que llegue un riñón para ella.

Sacudo la cabeza evitando pensar en eso, el objetivo de este viaje es disfrutar unos días olvidándonos del hospital.

Busco a mi hija y la encuentro acostada sobre una manta en la arena, me arrimo y ella se incorpora evitando que mire lo que estaba escribiendo.

Le gusta escribir en su diario y no deja que nadie lo lea, ni yo, y respeto su decisión.

A pesar de que le encanta hablar con extraños que cree que necesitan ayuda, es una buena niña, muy inteligente y obediente.

—¿Le escribiste la carta a papá Noel?

—Eso ya lo hice hace tiempo. Ahora escribo en mi diario.

Me siento a su lado y ambas observamos el mar.

—¿Qué le has pedido a papá Noel?

—Eso es entre papá Noel y yo.

Río. Las respuestas que me da me dejan sin respuestas más de una vez.

—Tal vez un riñón.

—No, eso se lo pedí a Dios. Quiero que papá Noel me traiga otra cosa.

—Quizás podrías compartir conmigo lo que quieres.

La observo. Ella arruga el ceño y hace una mueca con la boca negando con la cabeza.

—Te lo diré después.

—Está bien.

—¿Vas a volver a regañarme por hablar con Ben en la playa? Sé que no debí hablar con él, pero lo vi sentado ahí solo y parecía triste. Yo quería ayudar.

—Lo sé. Tienes un buen corazón. Sin embargo, no todas las personas quieren ayuda y no todas la merecen.

—El hombre no era malo y no me acerqué demasiado a él. Si hubiera intentado algo, habría gritado y corrido. Últimamente, no veo a muchas personas. En la escuela los niños me miran raro desde que saben mi problema.

Tomo aire y lo exhalo despacio.

—Sé que los últimos dos años han sido difíciles, pero no podemos bajar los brazos. Mañana es noche buena y pasado mañana es navidad, es momento para festejar y agradecer.

—Ya lo sé, mamá—ríe—. Estuve ayudando a la abuela a hacer la cena y ayudé a tía Ana a comer galletas.

—Ahora es hora de darse una ducha.

Ella siente y se levanta con mi ayuda.

Veo el brazo de mi hija por las marcas de diálisis y un escalofrío recorre mi cuerpo.

Me repito una vez y otra vez que no debo ponerme triste y confiar que ella saldrá adelante. Pronto tendrá un riñón y la diálisis quedará en el pasado.

Mi ex esposo nos dejó cuando supo sobre la condición de Camila. A él no le importó lo que tuvo que pasar su hija y lo que vendría adelante. Ni siquiera quiso hacerse el estudio para ver si era compatible con ella y donarle un riñón, pues ni yo ni nadie de mi familia salimos compatibles.

Eso no importa, estamos bien sin él. No importa que haya preferido a su amante en lugar de a su hija.

En este momento solo importa Camila y que tenga una buena navidad, ya que es su festividad favorita.

Si fuera por ella, estaríamos dando de comer a los más necesitados, es algo que quería hacer y quedó pendiente, pero quise traerla a la playa porque le gusta y mi madre ya había accedido venir con mi hermana y mi cuñado, solo faltábamos nosotras y fue una buena decisión dado que la navidad pasada estuvimos en el hospital por tres días.

Alguien golpea la puerta, voy a abrir pensando que mi madre se olvidó algo y me sorprendo de encontrarme con una persona completamente diferente.

Es el hombre que estaba hoy en la playa. El extraño con quien Camila estaba hablando.

—Hola. Soy Benjamín, nos conocimos hoy en la playa. —dice.

Es un hombre guapo, muy guapo. Alto, cabello castaño con corte militar, tiene un cuerpo en forma y una mirada fría e intensa.

¿Cómo pudo mi hija pensar que este hombre estaba melancólico?

—¿Qué hace aquí y cómo me encontró?

Él levanta la mano y me enseña el pato de mi hija.

—El pato Duck quedó tirado en la playa e imaginé que Camila lo extrañaría. Pensaba dejarlo en el restaurante para su reclamo, pero no estaba seguro de que lo devolvieran y para la niña parecía importante.

Miro hacia atrás.

—Cami no me dijo que lo perdió, lo que es extraño porque ama a ese pato y lo lleva a todos lados.

Agarro el peluche.




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