Unos Gemelos De Cuidado

CAPITULO UNO ESTOY DESPIERTA, SOY YO OTRA VEZ

CAPITULO UNO

ESTOY DESPIERTA, SOY YO OTRA VEZ

Desperté con hambre, mi estomago rugía furioso al igual como me sentía, algo estaba pasando, esa

sensación de ingravidez que sentía no era normal, moví mis manos haciendo girar mis muñecas, me alegré

de poder hacerlo, hice lo mismo con mis tobillos, podía sentir el estiramiento que casi logré hacer por el deseo

tan intenso de mi cuerpo, de mi espalda y mis piernas de moverse, de elongar cada articulación como

siempre lo había hecho al despertar, antes de entrenar cada día, pero me obligué a mantenerme quieta, ya

sabía de las cámaras que ellos creían que no me diaria cuenta, los que me vigilaban lo hacían también en mi

habitación, si se daban cuenta que estaba despierta, vendrían a inyectarme de nuevo, por algo me querían

sedada, drogada, la ultima botella de agua tenía demasiado dulce para que simulara el sabor amargo de la

droga, pero no la tomé, así que querían pincharme de nuevo así que fingir seguir dormida, había retrasado

que siguieran seguir drogándome, pero el hambre me mata.

−esa estúpida sigue dormida−, oí detrás de la puerta que decía un voz de mujer,

−sí, no se ha movido para nada −, respondió una voz de hombre,

−creo que fue muy alta la última dosis, si sigue con ese ritmo, se le va a fundir el cerebro rápido, no nos

estamos metiendo en algún problema si esto se descubre−, pregunto el hombre con algo de preocupación en

la voz del hombre detrás de la puerta,

−creo que a su tío eso no le importa, él lo que quiere es la herencia de ellos −, dijo la chica,

−en lo que me pagué lo que me ofreció por hacerme pasar por ella, me largo lejos de aquí−, dijo con voz

asustada,

−yo haré igual, esto no es normal, me largo antes de que alguien se entere de lo que están haciendo, esos

chicos no son mala gente, nunca le han hecho daño a nadie, los pobres se quejan cuando le inyecto en el

muslo −, dijo con lastima,

−voy a pasar a verla y darle la dosis de hoy, es muy importante que permanezcan dormidos, es el cumpleaños

de ambos y hasta hoy tienen chance de presentarse a reclamar su herencia−, dijo con tranquilidad, pesando

que hoy recibiría su paga,

Ella pensaba que ya tenia su boleto de salida, no se imagina lo que le va a pasar, así que hoy es el día, con

razón han querido borrarme la memoria, pensaba la joven que ya estaba completamente despierta y

recobrando poco a poco su memoria, su identidad, ya sabia quién era ella, que tenía un hermano gemelo,

también tenía un padre, él que seguramente han tenido drogado como a mí y seguramente a mi hermano

también,

−ese hombre que dice ser mi tío no sabe con quien se ha metido−, murmuro solo para ella, para que ninguno

de quien sabia los vigilaba, no se dieran cuenta de que ya era ella de nuevo, débil, pero ella otra vez.

Me llamo Kira, la que gobernará y mi hermano es Andréi mi valiente guerrero, nuestros nombres nos los dio

nuestra abuela materna, nacimos hace dieciocho años, yo nací primero, peleando mi lugar y mis gritos

asustaron a todos después de mi nacimiento, las enfermeras y médicos todos iban a mirarme, extrañados de

mis gritos que se sentían como ordenado que me trajeran a mi hermano, que no hicieran lo que no podían

hacer jamás de nuevo, separarme a mi de él,

Nuestra madre Patricia solía contarnos que cuando nacimos, lloré tan intenso, como con rabia y a la vez

desolación, en ese momento después del parto, el personal de salud presente y que nos asistían pensaban

que me dolía algo, hasta que cinco minutos después vino mi hermano, tan vivo como su hermana, lloró solo

una vez y luego abrió sus ojos buscándome hacia donde mi llanto no disminuía, nos acomodaron juntos y

entonces yo dejé de llorar, como si nunca lo había hecho, abriendo sus ojos que aún no tenían un color

definido, ambos hermanos tenemos los ojos grises, oscuros como el color del cielo antes de la tormenta, al

principio eran mas claros, pero a medida que crecíamos se fueron oscureciendo un poco, esa era la

característica física que más nos distinguía, el color de nuestros ojos y lo que era más llamativo para quienes

nos conocían o nos veían la primera vez.




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