CAPITULO TRES
UNA TRAMPA BIEN URDIDA, POR LOS TRAIDORES
Mi hermano y yo nos parecíamos en todo físicamente, pero yo era mentalmente más fuerte que él, en eso me
parecía mas a mi abuela y el a mi padre, que era más confiado y creía más en la gente en especial en quien
le decía hermano mientras le enterraban un puñal por la espalda, pero me imagino que para este momento ya
debe haberse dado cuenta de la realidad de quien es su tío, el medio hermano de su padre.
El ataque hacia nosotros llegó desde varios rostros familiares, tanto del lado paterno como materno, el
hermano menor de mi abuelo paterno, el que había nacido en las segundas nupcias del abuelo de nuestro
padre, un chico que bien podía ser su nieto y no su hijo, con una madre tan joven que podía ser su hija, una
mujer egoistica, ambiciosa, envidiosa, que quería todo lo que le pertenecería a mi padre desde que supo que
el abuelo le había dejado a su único nieto legitimo toda su fortuna, después que su único hijo de sangre había
fallecido y después de que nació su único hijo, un nieto dos años menor que el hijastro que había tenido en
un matrimonio que nadie reconoció, pero que igual registro como hijo pero no como heredero.
Justo ese hijo, el medio el tío de mi padre, quien físicamente se parecía a él, pero tenía nada de él, que
para mí se hiso cirugías para parecerse a nuestro padre, tenía el corazón de una hiena negra y no tenía
ninguna vergüenza en actuar como tal animal, traidor, carroñero y mas ambicioso y codicioso que su también
traidora madre.
Por el lado de mi madre, la traición llego con el rostro del hermano menor del esposo de mi tía Katerinna
Kolock, el cuñado de nuestra única tía, la única hermana de nuestra madre Trichia Koloch Medina, la hija
mayor de mi abuela,
El tío Andreas, esposo de mi tía fue un cómplice silencioso, veía todo lo que estaba tramando su hermano
Ernesto, el que resultó ser tan malo y ambicioso como lo era Antonio el tío de mi padre,
Nuestra tía Katerina ignoraba lo que hacia su cuñando, pero su esposo si lo sabía, él sabía que su hermano
aportaba información sobre nuestras supuestas debilidades, las de mi padre, las de mi abuela y las nuestras,
pero les duró poco el falso poder, porque no contaron con la voluntad de la jefa como me decía la abuela
Anastasia, la que su cerebro le permitía ver el peligro y de quien venia,
Desde hace seis meses nuestro padre había salido de viaje, o eso nos dijeron a nuestra abuela y a nosotros e
inclusive a nuestra tía Katerina, un viaje que lo mantenía tan ocupado que no podía comunicarse con nosotros
ni con la abuela, exactamente seis meses antes de cumplir nuestros dieciocho años, nuestra mayoría de
edad, la edad necesaria para poder recibir el fideicomiso de la herencia dejada por nuestra madre Triccia,
una fortuna que nuestro padre hiso crecer como representante legal hasta nuestra mayoría de edad, además
del dinero que nuestra abuela nos dio al nacer, que era también cuidado con nuestro padre, junto con la
fortuna que le había dejado su abuelo.
El ataque silencioso, fue preciso, pero tenía sus fallas, no contaron con mi voluntad,
Desde que nuestro padre salió al supuesto viaje, su tío se presentó como nuestra albacea en representación
de nuestro padre Alejandro Medina, mientras el regresaba de su viaje , a la vez mi abuela quien siempre
había sido sana, empezó a tener problemas de salud, de acuerdo a un medico llevado por mi tío y nosotros
poco a poco empezamos a perder nuestra memoria, no recordábamos hechos de nuestra vida diaria, a
nuestra madre y confundíamos los rostros de nuestro propio padre y de nuestra única abuela.
Despidió al personal de confianza, a nuestra nanas, tanto de nuestra casa como de la casa de abuela, a
través de un juez la encerró en una casa de descanso donde permanecía sedada y según los cuidadores
diciendo incoherencias, y nosotros poco a poco nos perdimos, no nos conocíamos, era tanta la niebla dentro
de nuestra mente que vivíamos dormidos y sin voluntad, esa fue la jugada del tío de nuestro padre, si llegaba
la fecha de nuestro cumpleaños y no presentábamos pruebas de que éramos nosotros, que estábamos
capacitados para manejar nuestra herencia pasaría a ser manejada por nuestro padre, un padre que no sabia
que sus hijos estaban en peligro y no había forma de hablar con él.
Hasta el día que desperté y me quede quieta, sin hacer ningún movimiento, sin decir nada, solo respirando
#5148 en Novela romántica
#1398 en Novela contemporánea
intriga conspiracion secretos familiares, intriga acción detective, aventuras y acción
Editado: 04.06.2026