Unos Gemelos De Cuidado

CAPITULO CUATRO - NEUTRALIZANSO A LOS ENEMIGOS

CAPITULO CUATRO

NEUTRALIZANSO A LOS ENEMIGOS

Oí la puerta cuando fue abierta, estaba mirando hacia el lado contrario de la puerta cuando oí que la mujer ya

había cerrado, así que la persona que entró se acercó tratando de que sus pasos no se oyeran, pero si se

oían, se oía el rose del zapato sobre la alfombra, el rose de la tela sedosa del pantalón sobre los muslos, se

podía sentir la fragancia del perfume que usaba la persona, un perfume que sabía que conocía, que me era

tan familiar,

−ese es mi perfume, recuerdo ese perfume, es el mío, el que me trajo mi papá en su último viaje, el que ya no

estaba sobre mi cómoda, que dicho de paso está vacía de todo lo que era mío −, se dijo en esa alerta

conversación interior cuando sus pensamientos eran más fuerte que ella misma,

−si recuerdo ese perfume, esa fragancia, es exclusivo, fue mi regalo por culminar mi educación media con

honores −, le dijo su voz interior, ya bastante molesta por el abuso de la persona que entro en mi habitación,

−esa maldita está usando mi perfume, como se atreve−, gritó esa voz muda que dice mucho de su ruido

interior, oyó cuando desenrosco la tapa de la botella y sirvió en el vaso sobre la bandeja que había colocado

en la mesa baja al lado de la cama,

−tienes que tomar tu dosis Kira−, dijo la voz en un susurro irónico,

−no has tomado nada en dos días, tienes que despertar, tu padre no quiere que te deshidrates, despierta o

tendré que inyectarte de nuevo −, dijo molesta la mujer,

−que creías, que las cosas te las haría fáciles, idiota, − se dijo Kira, con ganas ya de patearla y romperle

algo,

Como la joven no se movió para nada, la mujer colocó el vaso sobre la mesa y tomó la jeringa, preparándola

para aplicar la inyección en el muslo, levantó la cobija y sin ninguna medida de asepsia, quiso inyectar por

encima de la tela del pijama que la chica tenía puesto, se dispuso a enterrar la aguja, solo que no contaba

con que esa misma pierna que quería inyectar, se levantara tan rápido de la cama asestándole con el dorso

de su pie un fuerte golpe sobre la nariz, haciéndola emitir un grito de dolor y tirar su cabeza hacia atrás,

haciendo que soltara la jeringa, está cayó sobre la cama, un momento que aprovechó Kira tomándola en su

mano y con un solo movimiento enterró la aguja en el muslo de la chica, inoculándole todo el contenido del

vial,

−espero te haya dolido mucho, maldita, te salvas de que no te saque un ojo, pero mejor te rompo algo más

que la nariz −, dijo, mientras levantaba nuevamente la pierna tratando de golpearla de nuevo, pero sintió un

poco de mareo por lo rápido del movimiento, lo que hiso que se apoyara en el respaldo de la cama alejándose

de ella,

La chica todavía desconcertada volvió a gritar espantada tirándose hacia atrás, gritando despavorida varias

veces,

−que hiciste, que hiciste −, le grito llorando mientras la sangre brotaba por su nariz, luego cayó sentada en el

piso al lado de la cama tocándose la cara,

Al oír los gritos, el hombre que estaba afuera entró con rapidez , también llevaba una jeringa en la mano,

tratando de acercarse a la joven, pero ella fue más rápida, ya se había parado sobre el colchón, cuando vio la

puerta abrirse, sin pensarlo mucho le lanzó una patada en el pecho del hombre, quejándose un poco por el

dolor en su pie,

−eso me dolió −, se dijo Kira, el hombre se hiso hacia atrás sorprendido por el ataque, ella bajando de un

salto hasta el piso, volvió a asestarle otra patada, pero esta vez en la ingle, haciendo que se doblara y cayera

al piso, Kira fue rápida, pero se dijo que su pie ya no podría golpear a nadie más, tomó la jeringa que aún

tenía en la mano e inmediatamente le inyecto el contenido en uno de sus muslos, haciendo que el hombre se

quejara,

−duele verdad, y ustedes lo hacían sin compasión, debería hacerte unas cuantas punzadas más, para que

aprendan, idiotas−, les dijo mirando sus aterradas caras,

Kira sentía que la adrenalina corría veloz por su sangre, busco rápidamente las llaves de la habitación, tomó

las dos jeringas y salió al pasillo, cerrando la pueta con doble paso de la llave, para ver que se acercaban

dos hombres, uno joven y otro mayor, no se quedó esperando que el joven la atacara, se abalanzó hacia

asestándole también una patada en la ingle, en lo que cayó al suelo le enterró la aguja de una de las jeringas




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