Unos Gemelos De Cuidado

CAPITULO OCHO - UN LADRON AL DESCUBIERTO

CAPITULO OCHO

UN LADRON AL DESCUBIERTO

−Pasa Esteban y toma asiento, ya tomo los documentos del fideicomiso y nuestras credenciales y nos vamos

a la banco, a esperar que lleguen mis hijos, si es que llagan −, dijo Antonio con una sonrisa ,

−Como te he dicho, esos chicos son inestables, dicen una cosa y luego dicen otra, Andréi quedó en llegar

esta mañana, y aun no ha llegado, igual que Kira, tampoco ha llegado −, hablo con fingida voz de

preocupación,

−te refieres a nosotros, tío Antonio, el hermano bastardo de mi abuelo, por lo que no llegas ni a tío −, dijo Kira

mirando a los dos hombres a la cara y de forma alterna a los ojos de ambos, a Antonio se le transformó el

rostro entre la sorpresa y la rabia,

−porque de acuerdo con las pruebas de ADN, tus genes no tienen nada de los medina −, le afirmó con

seguridad,

−de que hablas, vas a seguir diciendo que no eres mi hija, −, preguntó a modo de cambiar la versión de lo que

decía la joven, ella ni se inmutó, volteo ligeramente para encarar al juez,

−así que usted es uno de esos funcionarios que aceptan sobornos −, preguntó con intención de crear alarma

al hombre que dándose cuenta de la implicación en sus palabras palideció fuertemente, al ella formular la

pregunta,

−cuanto le pagó este hombre para que firmaras un documento, asegurando nuestra incapacidad sin

conocernos y sin verificar la autenticidad del médico que lo diagnosticó, sin ni siquiera habernos evaluado −,

terminó increpando al juez Esteban Estrada, que muy a su pesar, sintió el reclamo de alguien que creía que

había sido abusado, por lo que se sintió regañado, porque se dio cuenta lo que estaba diciendo era palabras

que implicaban que lo que decía era cierto, el no averiguo mucho del caso y ese fue un error grave −como

dices eso−, el juez le preguntó y en verdad se sintió ofendido, no por lo que dijo, sino porque tenía razón en

el ataque que le hacía,

−no puedo no asegurar lo que dice el señor Alejandro Medina− quiso refutar el juez

−el no es el señor Alejandro Medina, nuestro padre, él se llama Antonio Medina y es el hijastro de mi abuelo,

no tiene ni una gota de sangre Medina, es solo un miserable ladrón −, le respondió,

−ha estado suplantando a nuestro padre y haciéndose pasar por él, porque hoy culmina el plazo para

reclamar nuestra herencia materna, o no tío −, dijo sarcástica,

−está escuchando lo que dice −, está mentalmente insana, ella y su hermano heredaron las locuras de su

abuela y de su madre −, bufó con rabia,

−tengo las pruebas y testigos, Antonio −, afirmo Kira, dirigiéndose al juez le dijo con sutileza,

−solo tiene que comprobar cómo es posible que toda una familia que siempre fue un pilar de la comunidad, la

familia Medina, de repente todos sus miembros, se han vuelto locos en los últimos seis meses −, dijo con una

calma y lógica nada sorprendente para quien quisiera ver,

−no le parece como muy raro que mi abuela Anastasia siempre sana, que fue agente servicios de inteligencia

del gobierno durante décadas, que es tan ágil y fuerte que es capaz de ganar una maratón a pesar de que en

la competencia se enfrenta con deportistas entrenados menores de treinta años, y de repente un médico

que usted seguro no sabe quién es, diagnostique que está loca, que mi padre está desaparecido

misteriosamente, y nosotros que estábamos recluidos en esta casa drogados para que no pudiese

defendernos −, le reclamó haciéndolo pensar en que sería en verdad un caso muy raro,

− usted corroboró toda la información o solo acepto el dinero por los documentos falsos que el le entregó−, le

dijo al juez, sin levantar la voz.

El juez Estrada siguió pálido, y cada momento mas molesto, por la acusación de ser un ladrón,

−señorita cuide su lenguaje, esa es una acusación muy seria−, dijo molesto, pero dándose cuenta de que la

joven para nada parecía estar enajenada,

−a que documentos falsos se refiere −, preguntó el juez ya molestos por las acusaciones,

−Nuestros documentos, todos, los originales los tengo yo y fueron presentado en su debido momento por los

abogados de mi padre después que murió mi madre Triccia Solock Medina, tengo de testigo al notario que los

protocolizó en la notaría en ese entonces −, le afirmó sin ningún rastro de dudas en su voz,

−ese documento que tiene ese señor tiene errores tan visibles, que alguien que se respete los detectaría a




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