Unos Gemelos De Cuidado

CAPITULO DIEZ - UN JUEZ  QUE PROTEGE LA VERDAD QUE SOLO ELLOS SABIAN 

CAPITULO DIEZ

UN JUEZ QUE PROTEGE LA VERDAD QUE SOLO ELLOS SABIAN

La ayuda llegó en menos de lo que esperaban y faltando veinte minutos para las cuatro de la tarde, diez

oficiales uniformados junto con una fiscal, que inmediatamente tomo nota de todo lo acontecido, fotografió

todas la evidencias de las drogas, las botellas de agua y jugo contaminadas y la jeringas preparadas con las

drogas, fotografiaron las cámaras dentro de las habitaciones y rescataron los discos duros con todos los

videos y de conversaciones, que el notario Rivas había hecho sin que Antonio se diera cuenta,

En realidad fue de mucha ayuda y el juez reconoció que sin él no se habría solucionado este error tan grande

que él había cometido, por no asegurarse bien de la veracidad que afirmaba un hombre que apenas había

visto hace un par de días atras, ahora actuaría como un verdadero hombre de ley como dijo Kira, de lo

contario eso sería terrible para él, ya que su jubilación como juez era hasta mañana y a partir de del día

siguiente pensaba tomarse una largas vacaciones antes de hacer algo por su cuenta.

A las cuatro y diez dijo advirtiéndole a los peritos,

−busquen todas las evidencias, todo lo que parezca sospechoso, busquen como si la mentira estuviese

vestida de verdad, porque la verdad que siempre se viste de justicia, nunca cambia de cara −, expresó con

sobriedad y claridad de los errores que se habían cometido,

−ahora nosotros tres, yo, el fiscal y el notario acompañaremos a estos jóvenes a arreglar lo de su herencia en

el banco que estaba a punto de cerrar, es hora de no cometer más errores −, terminado con la orden de que

revisaran toda la mansión,

− abran todas las habitaciones en busca de evidencias, sin olvidar sótanos, áticos y armarios, debajo de

camas y falsas paredes, revisen cámaras que seguramente dará evidencia de lugares escondidos, vendré de

nuevo en lo que salgamos del banco −, luego se giró hacia donde estaban sentados los chicos y el notario,

haciendo un gesto en dirección a la salida

−vamos jóvenes, enmendemos este último error, vamos hasta el banco −, dijo mirando a los chicos y el

notario que se ponían de pie dirigiéndose rápidamente a la salida de la casa, justo antes de girar la manilla y

abrir alguien tocó la puerta, el señor Rivas terminó abriendo, encontrándose de frente con un chico muy

parecido a nosotros que nos quedó mirando extrañado,

−a ustedes también le ofrecieron el trabajito de ir al banco−, preguntó sonriendo, dándose cuenta muy tarde

que había cometido un grave error al decir esas palabras,

−oficial detengan a este chico y espósenlo también, lo dejan junto a los otros −, dijo el juez rápidamente,

−No voy a cometer el mismo error otra vez −, dijo saliendo a la calle, seguido de los chicos que sonrieron

viendo a otro de los falsos gemelos ser arrestado, cruzaron la calle con rapidez , parándose frente al guardia

de seguridad, que dijo con voz algo altanera,

−ya el banco cerró, vengan mañana−, pronunciando las palabras con la satisfacción de que le amargaría la

tarde a algún cliente rezagado,

−ah sí, aun no es la hora de cierre−, dijo el juez con firmeza,

−el gerente ordenó que cerraran ya, que no se recibirían mas clientes−, dijo luego algo apenado, ya que aún

faltaban veinte minutos para el cierre oficial,

−pues el gerente y tu van a ir detenidos, si no se quita de la puerta en este momento −, dijo mirando al

teniente de la policía, que se puso al lado del juez,

−teniente arreste a este hombre, por incumplimiento de las normas bancarias en la hora de cierre−, tronó

mientras miraba al asustado hombre,

−pasen ustedes, yo solo cumplía órdenes de mi supervisor −, dijo mientras abría la puerta y se hacía a un

lado para que todos pasaran, el grupo que caminó directo a la dirección del banco, parecían un grupo se

sobrevivientes después de un desastre natural en busca de sobrevivir a la escasez de alimentos,

Era hasta un poco hilarante ver a dos chicos idénticos, un juez con cara de pocos amigos, un fiscal deseoso

de atrapar a un estafador, un notario listo para oficializar la verdad, un teniente de la policía con sus esposas

preparadas para usarla y dos oficiales uniformados que en realidad veían la ventaja de no haberse dejado

sobornar jamás,

Todo el personal se puso de pie, dejando lo que estaban haciendo, los pocos clientes que aun estaban




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