Estamos de pie, uno frente al otro, y siento cómo sus ojos negros me penetran, como si quisieran ver mi corazón. Cómo late con locura, listo para salirse del pecho en este mismo instante.
Ahora es el momento perfecto para decirle a Dwayne la verdad: que pronto será papá.
—Dwayne —comienzo, mirándolo directamente a los ojos—. Hay algo que debo contarte.
—Te escucho con mucha atención —asiente y se mete las manos en los bolsillos, dándome a entender que está listo para cualquier cosa que le tenga preparada.
—Dwayne —susurro, venciendo el miedo—, estoy embarazada. Es tuyo… ¿Te acuerdas de aquella vez en tu oficina?
Las palabras se me atragantan, porque su rostro se transforma en piedra.
El silencio inunda el espacio entre nosotros. Su severo rostro masculino, tan increíblemente duro, parece de auténtica roca. No revela ni el más mínimo rastro de sus pensamientos o emociones. Mi corazón da un vuelco, esperando cualquier reacción a la noticia que acabo de darle.
Finalmente, abre la boca para hablar, pero las palabras parecen quedarse atrapadas en su garganta. Sus ojos negros, llenos de preguntas y asombro, buscan los míos. Nos quedamos inmóviles, como si el tiempo se hubiera detenido.
Entonces, de repente, Dwayne da un paso adelante, acortando la distancia que nos separa. Sube las manos y me toca los hombros con delicadeza. Me mira fijamente a los ojos, deseando ver mis verdaderos sentimientos y asegurarse de su autenticidad.
—Entenderé si esto es demasiado para ti —comienzo a parlotear atropelladamente—. Entenderé si no crees que sea tu hijo, pero es tuyo… No te miento, Dwayne…
—Mi reina —iza una ceja con condescendencia. Siento cómo sus anchas palmas aprietan brevemente mis hombros—. ¡Demasiadas palabras! Exhala…
—Lo sé… es solo que…
—¿Estás segura de que estás embarazada? —vuelve a preguntar Dwayne, con voz débil e insegura. Asiento, incapaz de articular palabra.
—¿Yo… voy a ser padre? —continúa, y su voz masculina va ganando seguridad. Asiento una vez más, mirándolo directamente a los ojos.
Él vuelve a quedarse en silencio, como si intentara procesar mi impactante revelación. Pero luego, sus facciones se relajan y una sonrisa asoma en sus labios:
—Vamos a ser padres —dice, con la voz impregnada de alegría y amor—. Increíble…
Y en ese instante, de pie ante Dwayne y viendo su felicidad sincera, comprendo que todo saldrá bien. Sin fuerzas para contenerme más, me lanzo a sus brazos.
—¿No estás enfadado conmigo? —murmuro contra su pecho de piedra. Escucho el palpitar de su corazón que, al igual que el mío, amenaza con salirse del pecho.
—Por supuesto que no —responde, mirándome con sorpresa—. ¿Por qué habría de enfadarme contigo?
Sus palabras, pronunciadas con tanta firmeza y calidez, me llenan de amor. Me estrecho aún más contra él, sintiendo cómo mi corazón empieza a frenar su ritmo alocado.
—No lo sé, tal vez porque a veces estoy un poco loca, y porque me asusté, y te estás enterando de que serás padre recién ahora…
—Menos mal que al menos me enteré —se ríe brevemente Dwayne, abriendo su chaqueta y cobijándome dentro de ella—. Me enfado conmigo mismo por haber dejado que te fueras, pero en aquel momento era necesario. Ahora no te dejaré ir. ¡Nunca más!
Me estrecha contra sí, y siento cómo su corazón late al compás del mío. Sus brazos son mi refugio, mi mundo, el lugar donde me siento a salvo.
—Te extrañé tanto —me susurra al oído—. Y ahora que estás aquí conmigo, no puedo creer nuestra felicidad.
Lo miro y veo en sus ojos negros la misma emoción que yo misma siento. Nos hemos convertido en un solo ser, en dos corazones que laten al unísono. Y este mundo que crearemos juntos será nuestra felicidad eterna.
—Te amo, Dwayne —le susurro de vuelta—. No puedo creer que lo esté diciendo en voz alta…
Dwayne me mira, y en sus ojos veo un amor y una felicidad puros. En este hombre he encontrado lo que busqué toda mi vida: amor, comprensión y apoyo. Y sé que siempre estaremos juntos, pase lo que pase. Nunca más nos separaremos.
—Y yo te amo a ti, mi reina —responde sonriéndome—. Y te prometo que jamás te dejaré ir.
En este momento comprendo que todo será como nosotros queramos. Porque estamos juntos. Porque nos amamos. Y porque pronto seremos padres.
Ya es imposible contener la sonrisa que se dibuja en mi rostro. Al pensar en nuestro futuro juntos, siento en mi interior una sensación extraña, un calor que me llena hasta los bordes.
Todo lo que alguna vez pude desear se está cumpliendo ante mis propios ojos. Siento cómo Dwayne me abraza aún más fuerte, sus manos acarician con ternura mi cabello, mis hombros… Todo, lentamente, vuelve a su lugar.
—Seremos unos padres maravillosos —dice, con voz tierna y segura—. Y no veo la hora de conocer a nuestra princesita… Por alguna razón, presiento que tendremos una niña.
Nuestra… es tan hermoso ser consciente de ello…
—Dicen que si Dios quiere proteger a una madre, le envía un hijo; pero si quiere hacerle un cumplido, le envía una hija. Yo siempre te protegeré…
Estas son las palabras más dulces y emotivas que jamás he escuchado… Sus palabras me infunden seguridad y ternura. Sé que Dwayne habla con total sinceridad. Él está a mi lado, me siento protegida y a salvo. Su abrazo, su presencia, su amor; todo esto me recuerda que sin duda superaremos cualquier dificultad que pueda cruzarse en nuestro camino.
—Yo tampoco puedo esperar —respondo, mirándolo a los ojos—. Sé que seremos los mejores padres para nuestro bebé.
Nos quedamos allí, abrazados, sintiendo la felicidad que nos inunda a ambos. Estamos juntos, nos amamos y esperamos a nuestra pequeña criatura. Ahora tengo todo lo que se podría desear.
En nuestros rostros se refleja la alegría y la dicha. Con cada bocanada de aire, siento cómo mi corazón se llena de amor por este hombre, por nuestro futuro, por la pequeña vida que crece dentro de mí.