El Guardián Dormido
Los ojos permanecieron abiertos.
No parpadearon.
No buscaron la luz.
No mostraron sorpresa por el paso de los milenios.
Simplemente contemplaron.
Desde las profundidades donde el tiempo había perdido todo significado, aquellas pupilas doradas parecían atravesar montañas, océanos y ciudades hasta detenerse en un único punto del continente.
Valtheris.
En el mismo instante, el joven sintió que algo inmenso respondía desde el interior de su pecho.
La Llave de Elyr vibró con tal intensidad que estuvo a punto de escapar de sus manos.
La Llama del Juramento se expandió alrededor del cristal, formando un halo azul que iluminó el sendero oculto bajo la fortaleza.
Maelis se volvió de inmediato.
Había esperado ese momento durante siglos.
Y, sin embargo, cuando finalmente llegó, comprendió que nunca se había preparado de verdad para enfrentarlo.
—No lo mires con los ojos —dijo con voz firme.
Valtheris frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—No intentes comprender lo que estás sintiendo. Si luchas contra ello, la memoria se quebrará.
El muchacho cerró lentamente los ojos.
Obedeció.
El latido que recorría la tierra comenzó a mezclarse con el suyo.
No era un sonido.
Era una presencia.
Una voluntad inmensa.
Antigua.
Pacífica.
Sintió bosques naciendo donde antes solo existía roca.
Montañas elevándose desde el mar.
Ríos abriendo caminos entre continentes.
La historia del mundo pasaba ante él como un solo instante.
Entonces apareció una voz.
No era masculina.
No era femenina.
Era el eco de incontables generaciones hablando como una sola.
—Has regresado…
Valtheris sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
Quiso responder.
No pudo.
La voz continuó.
—El tiempo del sueño ha terminado.
La visión desapareció.
Abrió los ojos de golpe.
Respiraba con dificultad.
Maelis lo sostuvo antes de que cayera.
—¿Qué viste?
El muchacho tardó varios segundos en encontrar su voz.
—No era un monstruo…
Elderon lo observó con atención.
—¿Qué era?
Valtheris negó lentamente.
—No lo sé… pero no sentí miedo.
Sentí…
Buscó la palabra correcta.
No existía.
Finalmente respondió.
—Sentí que el mundo me recordaba.
El anciano intercambió una mirada con Maelis.
Ninguno habló.
No hacía falta.
Aquella era exactamente la reacción que describían los manuscritos más antiguos.
El Guardián Dormido había reconocido al Heredero.
Muy lejos de allí, el Bosque de Veyr seguía resistiendo.
Las llamas negras de Azhara continuaban absorbiendo la energía vital de los árboles.
Sin embargo, algo había cambiado.
Las pequeñas chispas verdes que regresaban hacia ella comenzaron a apagarse antes de alcanzarla.
La Devoradora de Auras abrió lentamente los ojos.
Era imposible.
Nunca había sucedido.
Observó la última chispa desaparecer entre sus dedos.
Después levantó la vista hacia el cielo.
Una corriente de luz dorada recorría el horizonte.
No provenía del sol.
Provenía de las profundidades del mundo.
Rheon también la contemplaba.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
La primera en incontables siglos.
—Lo ha sentido…
Azhara bajó lentamente el bastón.
—No.
—Sí.
—Aún no.
Rheon sostuvo su mirada.
—El Guardián acaba de despertar.
Por primera vez desde su aparición, la serenidad de Azhara se resquebrajó.
Solo durante un instante.
Pero Niah lo vio.
Y comprendió algo fundamental.
La Devoradora de Auras no era invencible.
También conocía el miedo.
El sendero oculto terminó abruptamente.
Frente a los tres viajeros se abría una inmensa cámara circular.
No pertenecía a la fortaleza.
Parecía mucho más antigua.
Las paredes estaban cubiertas por raíces petrificadas que emitían un tenue resplandor dorado.
En el centro descansaba un arco gigantesco construido con una piedra blanca desconocida.
No tenía puerta.
Solo un vacío oscuro en su interior.
Maelis se acercó lentamente.
Pasó la mano sobre los antiguos grabados.
Valtheris observó los símbolos.
Los comprendía sin haberlos estudiado jamás.
—Dicen…
Se acercó un paso más.
“…que ningún camino puede abrirse sin memoria.”
Maelis lo miró sorprendido.
—La lengua antigua ya forma parte de ti.
El muchacho apenas lo escuchó.
Su atención estaba puesta en el arco.
El vacío comenzaba a cambiar.
Primero apareció una neblina.
Después un bosque.
Finalmente un sendero cubierto por hojas plateadas.
Veyr.
El portal acababa de despertar.
Elderon sonrió con alivio.
—Llegaremos antes del anochecer.
Pero Maelis no compartía su optimismo.
Sentía otra presencia.
Muy débil.
Oculta.
Alguien observaba desde el otro lado del portal.
Alguien que no pertenecía al bosque.
Extendió lentamente la mano hacia el vacío.
En cuanto estuvo a punto de tocarlo, una figura apareció al otro lado.
Vestía una armadura blanca atravesada por grietas oscuras.
Su rostro permanecía cubierto por un casco sin visor.
Solo podían verse dos ojos plateados.
El desconocido habló.
Su voz era firme.
—Nadie atravesará este umbral.
Elderon dio un paso atrás.
Jamás había visto aquella armadura.
Maelis permaneció inmóvil.
Parecía buscar un recuerdo perdido.
Entonces comprendió.
Su expresión cambió por completo.
—No puede ser…
Valtheris observó alternativamente a ambos.
—¿Quién es?
El hombre del portal retiró lentamente el casco.
Su cabello era completamente blanco.
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Editado: 13.07.2026