Valtheris

Capítulo 17

El Umbral de las Almas

La primera grieta se abrió en silencio.

No fue el estruendo de la piedra al quebrarse lo que estremeció la cámara.

Fue la sensación.

Algo invisible acababa de atravesar el límite entre dos realidades.

La barrera levantada por Kael seguía en pie, pero su superficie blanca comenzaba a cubrirse de finísimas líneas oscuras que avanzaban lentamente como si una tinta antigua estuviera escribiendo un destino imposible de borrar.

El portal vibró.

Una vez.

Después otra.

Cada pulsación recorría el arco de piedra y descendía hasta las raíces doradas que atravesaban el suelo.

Valtheris sintió el mismo ritmo dentro de su pecho.

La Llave de Elyr comenzó a calentarse.

El colgante respondió con un resplandor azul tan intenso que iluminó toda la cámara.

El pequeño fénix abrió las alas.

Ya no parecía un ave diminuta.

Su silueta había crecido.

Las plumas de fuego desprendían pequeñas chispas que, al tocar el suelo, se convertían en flores de cristal.

Maelis observó el fenómeno sin apartar la vista.

—Está recuperando su verdadera naturaleza…

Kael asintió.

—Él también recuerda.

Valtheris acarició con cuidado el cuello del ave.

Sintió una inmensa paz.

Una paz que contrastaba con el peligro que se aproximaba.

Del otro lado del portal, la risa de Azhara volvió a escucharse.

Era suave.

Serena.

No había locura en ella.

Eso la hacía infinitamente más inquietante.

—¿Creen realmente que un juramento puede detener el hambre del vacío?

Su voz atravesó la barrera sin esfuerzo.

Cada palabra hacía que las grietas avanzaran unos centímetros más.

Elderon apretó con fuerza el bastón que llevaba consigo.

—No está intentando romper el portal.

Maelis comprendió inmediatamente.

—No.

Está debilitando nuestra voluntad.

Valtheris sintió entonces algo extraño.

Un cansancio profundo.

Como si hubiera caminado durante días sin descanso.

Su respiración comenzó a hacerse pesada.

La Llave de Elyr perdió parte de su brillo.

Kael reaccionó de inmediato.

Apoyó una mano sobre el hombro del muchacho.

Una corriente de luz blanca recorrió su cuerpo.

El agotamiento desapareció.

—No escuches su voz.

—¿Por qué?

—Porque ella no habla con los oídos.

Habla con las heridas que todavía no conoces.

Las palabras quedaron grabadas en la memoria de Valtheris.

Comprendió que el verdadero poder de Azhara no consistía únicamente en devorar auras.

También encontraba las grietas invisibles del alma.

Y las convertía en puertas.

En el Bosque de Veyr, Niah seguía luchando.

Su espada describía círculos luminosos que atravesaban el aire con una elegancia casi imposible.

No combatía con violencia.

Combatía con armonía.

Cada movimiento parecía una danza aprendida de los propios árboles.

Cuando la hoja cristalina rozaba el suelo, nacían raíces.

Cuando atravesaba el aire, brotaban flores.

Cuando bloqueaba un ataque, el bosque recuperaba parte de la vida que las llamas negras habían consumido.

Los Silentes seguían avanzando.

Eran incontables.

No mostraban miedo.

No conocían el cansancio.

Sus campanas continuaban sonando sin emitir sonido alguno.

Y cada repique apagaba un nuevo recuerdo del bosque.

Algunos árboles olvidaban sus propias estaciones.

Los ríos olvidaban hacia dónde debían correr.

Los animales permanecían inmóviles, confundidos por una tristeza que no alcanzaban a comprender.

Niah sintió un profundo dolor.

Aquello era mucho peor que la destrucción.

Era el olvido.

Porque un bosque sin memoria dejaba de ser un hogar.

Se convertía únicamente en madera.

Levantó la espada con ambas manos.

Cerró los ojos.

Respiró profundamente.

Entonces habló en la antigua lengua.

Las palabras eran suaves.

Parecían una oración.

Las raíces comenzaron a moverse bajo toda la extensión de Veyr.

Miles de pequeños destellos verdes ascendieron desde la tierra.

No eran luces.

Eran recuerdos.

Las memorias del bosque.

Los primeros brotes.

Las lluvias más antiguas.

Las criaturas nacidas bajo aquellas ramas.

Las promesas realizadas junto a sus lagos.

Todo cuanto Veyr había protegido durante milenios despertaba para defender su existencia.

Los Silentes retrocedieron por primera vez.

Azhara observaba la escena con interés.

No intervino.

Todavía no.

Rheon permanecía a unos metros de ella.

Su mano descansaba sobre la empuñadura de su espada.

Pero seguía sin desenvainarla.

Su mirada estaba fija en Niah.

—Aún conservas la misma determinación.

Ella no dejó de combatir.

—Y tú conservas la costumbre de llegar demasiado tarde.

Las palabras golpearon a Rheon con más fuerza que cualquier espada.

Durante un instante cerró los ojos.

Recordó otro bosque.

Otra época.

Una promesa que nunca había podido cumplir.

Cuando volvió a abrirlos, la tristeza había regresado.

En la cámara del portal, las grietas continuaban avanzando.

Kael retiró lentamente su espada del suelo.

La barrera seguía resistiendo.

Pero ya no soportaría mucho más.

Maelis dio un paso hacia Valtheris.

—Ha llegado el momento.

El muchacho levantó la vista.

—¿De qué?

—De elegir.

Valtheris frunció el ceño.

—No entiendo.

Kael señaló la Llave de Elyr.

—Esa llave puede abrir el portal ahora mismo.

—Entonces hagámoslo.

—Si lo haces…

Guardó silencio unos segundos.

—La barrera desaparecerá.

Valtheris comprendió.

Si cruzaban, Azhara también podría hacerlo.

Si esperaban, Niah quedaría sola.




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