Valtheris

Capítulo 20

La Primera Prueba del Perdón

El bosque dejó de respirar.

Las palabras de Rheon permanecieron suspendidas entre los robles centenarios como una piedra arrojada sobre un lago inmóvil.

—No he venido a detenerte…

He venido a impedir que ella llegue primero.

Nadie habló.

El viento desapareció.

Las hojas de cristal del Primer Roble dejaron de emitir su delicado murmullo.

Incluso la luz que descendía entre las ramas parecía haberse detenido para escuchar la respuesta.

Valtheris observó fijamente a Rheon.

Era la primera vez que lo veía tan cerca.

No encontró odio en su rostro.

Ni arrogancia.

Ni la frialdad que esperaba descubrir en quien dirigía a los Custodios Oscuros.

Encontró cansancio.

Un cansancio tan antiguo que parecía haberse convertido en parte de su propia existencia.

Los caballeros negros permanecían detrás de él.

Inmóviles.

Como estatuas nacidas de la noche.

Sus armaduras absorbían la claridad del bosque, y las antiguas runas escarlatas grabadas sobre el metal latían con un ritmo semejante al de un corazón.

Kael dio un paso al frente.

Su espada blanca comenzó a irradiar una luz tan intensa que las sombras retrocedieron varios metros.

—No permitiré que cruces este Santuario.

Rheon sostuvo tranquilamente su mirada.

—Lo sé.

—Entonces no avances.

El silencio volvió a extenderse.

Finalmente Rheon negó con lentitud.

—Tampoco puedo detenerme.

Valtheris observaba alternativamente a ambos hombres.

No necesitaba conocer toda la historia para comprender que aquellas palabras escondían un sufrimiento inmenso.

Habían sido amigos.

Quizá hermanos de juramento.

Quizá mucho más.

Ardan, el anciano formado por raíces y memoria, permanecía inmóvil junto al Primer Roble.

Sus ojos dorados recorrían lentamente los rostros de todos los presentes.

Parecía observar no sus cuerpos, sino las decisiones que cada uno estaba dispuesto a tomar.

Entonces habló.

—La violencia jamás ha sido bienvenida en este lugar.

Su voz atravesó el claro con la fuerza serena de una antigua verdad.

Los caballeros negros inclinaron ligeramente la cabeza.

Incluso Rheon guardó respetuoso silencio.

Ardan levantó una mano.

Las raíces del inmenso roble comenzaron a moverse lentamente.

No como serpientes.

Como brazos ancianos despertando después de un largo descanso.

Del centro del claro emergieron siete grandes círculos de piedra blanca.

Cada uno estaba cubierto por símbolos diferentes.

El anciano volvió a hablar.

—Este Santuario fue creado mucho antes del nacimiento del Velo.

Aquí ningún conflicto se resuelve mediante la espada.

Solo mediante la verdad.

Kael bajó lentamente su arma.

Comprendía perfectamente lo que aquello significaba.

Valtheris, en cambio, permanecía expectante.

Ardan dirigió su mirada hacia él.

—Heredero.

Ha llegado la Primera Prueba.

El muchacho respiró profundamente.

Sintió el peso de la pequeña semilla dorada que aún conservaba entre sus manos.

—Estoy preparado.

El anciano sonrió con bondad.

—Nadie lo está.

Las siete plataformas comenzaron a iluminarse.

Una tras otra.

Hasta formar un inmenso círculo de luz alrededor del Primer Roble.

Las raíces ascendieron lentamente por el aire.

Entre ellas aparecieron innumerables imágenes.

No eran recuerdos del bosque.

Eran recuerdos de quienes permanecían en el claro.

Valtheris vio a Maelis mucho más joven.

Sonriendo junto a Kael.

Entrenando bajo el mismo árbol.

Después apareció Niah.

Reía mientras intentaba alcanzar unas hojas de cristal que caían lentamente desde las ramas.

Rheon también estaba allí.

Sin armadura.

Sin tristeza.

Sus ojos brillaban llenos de esperanza.

Azhara apareció pocos instantes después.

No vestía ropas oscuras.

Llevaba una túnica color marfil.

Su cabello caía sobre sus hombros mientras sostenía una pequeña flor azul entre las manos.

Reía.

Aquella risa no tenía nada que ver con la serenidad inquietante de la mujer que ahora amenazaba el mundo.

Era luminosa.

Inocente.

Valtheris quedó inmóvil.

Todo cuanto creía saber comenzó a desmoronarse.

Aquellos enemigos habían compartido una misma vida.

Una misma familia.

Un mismo juramento.

Las imágenes continuaron.

El grupo entrenaba unido.

Protegía aldeas ocultas.

Celebraba nacimientos.

Compartía canciones junto al fuego.

No existía división.

No existía oscuridad.

Solo una profunda amistad.

Entonces llegó el cambio.

El cielo comenzó a ennegrecerse.

Una grieta inmensa apareció sobre las montañas.

De ella descendía una oscuridad imposible de describir.

Las imágenes comenzaron a fragmentarse.

Gritos.

Lágrimas.

Fuego.

Rostros cubiertos de desesperación.

Azhara sostenía entre sus brazos a una niña gravemente herida.

Intentaba salvarla.

Su energía luminosa fluía sin descanso.

Cada vez entregaba más.

Más.

Y más.

Hasta que su propia luz comenzó a apagarse.

Rheon trató de detenerla.

Kael también.

Maelis gritaba su nombre.

Pero ella seguía entregándolo todo.

La niña abrió los ojos durante apenas un instante.

Sonrió.

Y murió.

El bosque entero quedó sumido en un silencio insoportable.

Valtheris sintió que el pecho le dolía.

Ahora comprendía.

El origen de la Devoradora de Auras no había sido la ambición.

Había sido el amor.

Un amor incapaz de aceptar la pérdida.

Las imágenes continuaron.

Azhara cayó de rodillas.

La energía que había intentado utilizar para devolver la vida comenzó a consumir la suya.




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