Valtheris

Capítulo 23

El Latido Bajo el Mundo

Nadie respiró.

Las últimas palabras del guerrero de obsidiana quedaron suspendidas sobre el Santuario del Primer Roble con el peso de una profecía imposible de aceptar.

—Porque tú no naciste para vencer al Abismo…

Naciste para despertarlo.

El viento desapareció.

Las ramas dejaron de moverse.

Las aguas ocultas bajo las raíces del bosque se inmovilizaron.

Era como si el propio mundo aguardara la respuesta de Valtheris.

El joven permanecía con ambas manos apoyadas sobre la corteza del Primer Roble.

La savia luminosa seguía recorriendo lentamente el árbol, restaurando parte de la vida que la oscuridad había intentado consumir.

Podía sentir cada latido del anciano gigante.

Cada raíz.

Cada hoja.

Cada pequeño brote que nacía en silencio.

Y comprendió algo que jamás había experimentado.

El bosque no hablaba con palabras.

Hablaba con emociones.

Con memorias.

Con promesas.

Era un corazón.

Un corazón inmenso repartido entre millones de árboles.

Ardan observó al muchacho con una mezcla de admiración y melancolía.

Habían transcurrido casi mil años desde la última vez que alguien había logrado escuchar el lenguaje del Primer Roble.

Ahora volvía a suceder.

Pero el precio podía ser incalculable.

Kael rompió finalmente el silencio.

Su espada blanca seguía apuntando hacia el guerrero de obsidiana.

—Mientes.

La figura permaneció inmóvil.

—No.

—El Heredero fue elegido para preservar el equilibrio.

El desconocido inclinó apenas la cabeza.

—Eso fue lo que decidieron contaros.

Rheon cerró lentamente los ojos.

Aquella frase abrió una herida que llevaba demasiado tiempo escondida.

Maelis lo observó.

Comprendió inmediatamente que Rheon conocía una parte de la verdad.

Una parte que jamás había compartido.

—¿Qué sabes?

Rheon tardó varios segundos en responder.

Su voz sonó apagada.

—Los antiguos textos fueron modificados.

Elderon dio un paso hacia él.

—¿Por quién?

Rheon levantó lentamente la mirada.

—Por nosotros.

El silencio volvió a caer sobre el Santuario.

Incluso Kael pareció incapaz de reaccionar.

—¿Nosotros?

Rheon asintió.

—Los Siete Juramentados.

Valtheris giró lentamente la cabeza.

Aquella revelación resultaba imposible de comprender.

—¿Ocultaron la verdad?

Rheon no intentó justificarse.

—Sí.

—¿Por qué?

Una sombra de dolor cruzó su rostro.

—Porque el mundo no estaba preparado para conocerla.

El guerrero de obsidiana sonrió apenas.

—Y tampoco lo está ahora.

Ardan apoyó ambas manos sobre su antiguo bastón de raíces.

Su voz recuperó la solemnidad de los primeros tiempos.

—Entonces ha llegado el momento de dejar que sea el propio Santuario quien hable.

Las raíces comenzaron a vibrar.

El inmenso Primer Roble abrió lentamente una grieta en su tronco.

No era una herida.

Era una puerta.

Desde su interior descendió una luz dorada tan intensa que todos debieron protegerse los ojos.

Solo Valtheris permaneció inmóvil.

La luz no lo cegaba.

Lo llamaba.

La pequeña semilla que guardaba entre sus manos comenzó a crecer.

Sus raíces se aferraron delicadamente a sus dedos.

Un diminuto tallo ascendió hasta su muñeca.

No causaba dolor.

Parecía reconocerlo.

Ardan sonrió.

—La Primera Prueba ha terminado.

La semilla ha elegido a su jardinero.

El muchacho observó maravillado el pequeño brote.

Las hojas eran diminutas.

Transparentes.

En su interior parecía latir una pequeña estrella.

—¿Qué significa?

—Que ya no caminas solo.

El bosque caminará contigo.

En ese mismo instante, el pequeño fénix lanzó un canto que atravesó toda la arboleda.

Las criaturas ocultas comenzaron a aparecer.

Lobos de pelaje plateado.

Ciervos blancos.

Aves cuyos plumajes reflejaban todos los colores del amanecer.

Incluso enormes osos cubiertos por musgo luminoso abandonaron lentamente las profundidades del bosque.

No acudían a la guerra.

Acudían al Heredero.

Valtheris sintió una emoción imposible de describir.

No era obediencia.

Era confianza.

Aquellos seres lo aceptaban como parte del bosque.

No como un rey.

Como un protector.

Niah contempló la escena con los ojos humedecidos.

Se acercó lentamente.

—Mi madre me hablaba de este momento cuando era niña.

Valtheris volvió la vista hacia ella.

—¿Tu madre?

Niah asintió.

—Decía que el día en que los animales olvidaran el miedo ante un solo corazón…

El Primer Heredero habría regresado.

Las palabras quedaron suspendidas entre ambos.

Por primera vez Valtheris sintió que el peso de la profecía dejaba de ser únicamente una carga.

También era una esperanza.

Pero aquella paz apenas duró unos instantes.

El suelo volvió a temblar.

Esta vez con una violencia desconocida.

No provenía de la grieta.

Ni del bosque.

Provenía de mucho más abajo.

Todos sintieron el mismo latido.

Lento.

Profundo.

Inmenso.

El Guardián Dormido acababa de moverse.

No solo había abierto los ojos.

Había cambiado de posición bajo las entrañas del continente.

Las montañas respondieron con un rugido lejano.

Los lagos comenzaron a vibrar.

Las antiguas ruinas ocultas bajo Europa despertaron una tras otra.

Miles de símbolos olvidados comenzaron a iluminarse simultáneamente.

Maelis comprendió antes que nadie.

Su voz apenas fue un susurro.

—Está buscando algo.

Kael levantó lentamente la cabeza.

—No.

Está buscando a alguien.

Todas las miradas se dirigieron hacia Valtheris.




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