Valtheris

Capítulo 25

La Canción Antes del Olvido

La orden atravesó el Santuario como un relámpago invisible.

No lo recuerdes.

No fue un sonido.

Fue una voluntad.

Las hojas del Primer Roble se crisparon al unísono. Los animales del bosque retrocedieron con un miedo instintivo. Incluso la luz pareció vacilar, como si aquella voz tuviera autoridad sobre la propia memoria del mundo.

Azhara lanzó un grito desgarrador.

No era un grito de rabia.

Era el dolor de una mente que intentaba conservar un recuerdo mientras una fuerza inmensamente superior lo arrancaba de sus entrañas.

Sus manos cubrieron su rostro.

La oscuridad comenzó a envolverla otra vez.

No como un fuego.

Como un océano.

Valtheris permaneció frente a ella.

Su mano seguía extendida.

No retrocedió.

Podía sentir cómo la presión de aquella voz también intentaba penetrar en su mente.

Imágenes de su infancia comenzaban a difuminarse.

El rostro de su madre.

La fortaleza.

La voz de Maelis.

Todo parecía deshacerse lentamente.

La Llave de Elyr respondió de inmediato.

Un destello blanco recorrió el cristal.

El pequeño fénix levantó vuelo.

Su canto atravesó el bosque con una dulzura que contrastaba con el rugido del Abismo.

Donde aquella melodía alcanzaba, los recuerdos permanecían intactos.

Ardan cerró los ojos.

Reconocía aquel canto.

Hacía casi un milenio que no volvía a escucharlo.

—La Canción del Origen…

Maelis respiró profundamente.

—Creía que solo era una leyenda.

Ardan negó lentamente.

—Las leyendas nacen cuando la verdad sobrevive demasiado tiempo.

El canto continuó creciendo.

Las raíces del Primer Roble comenzaron a emitir una luz dorada.

Cada hoja cristalina vibró con la misma melodía.

Poco a poco, todo el bosque comenzó a cantar.

No con palabras.

Con vida.

Los troncos.

Los ríos.

El viento.

Las montañas lejanas.

Todo respondía al mismo himno antiguo.

Valtheris sintió que su corazón latía al compás de aquella música.

Entonces ocurrió algo inesperado.

Una imagen apareció frente a él.

No era una visión.

Era un recuerdo.

Se vio siendo apenas un niño.

Tendría cuatro o cinco años.

Corría por un jardín lleno de flores blancas.

Reía.

Detrás de él avanzaba una joven de largos cabellos dorados.

Su sonrisa irradiaba una ternura infinita.

Cantaba la misma melodía que ahora llenaba el bosque.

Valtheris sintió un nudo en la garganta.

Nunca había visto aquel lugar.

Pero sabía que había existido.

La mujer se inclinó para abrazarlo.

Su perfume era idéntico al de las flores que crecían junto al Primer Roble.

—Nunca olvides esta canción.

Aunque el mundo entero deje de recordarla.

El pequeño Valtheris levantó la vista.

—¿Por qué?

Ella acarició suavemente su cabello.

—Porque llegará un día en que solo tú podrás cantarla.

La visión desapareció.

El muchacho abrió los ojos cubiertos de lágrimas.

No recordaba el rostro completo de aquella mujer.

Pero sabía que no era su madre.

Entonces…

¿Quién había sido?

A unos metros de distancia, Azhara dejó de temblar.

La oscuridad seguía envolviéndola.

Pero ya no avanzaba.

Había escuchado la misma canción.

Y algo muy profundo dentro de ella comenzaba a despertar.

Movió lentamente los labios.

Al principio no salió ningún sonido.

Después…

Una nota.

Débil.

Temblorosa.

Pero perfectamente afinada.

Era la misma melodía.

Rheon quedó inmóvil.

Lágrimas silenciosas descendieron por su rostro.

Hacía siglos que no escuchaba a Azhara cantar.

Kael cerró los ojos.

Su espada blanca perdió todo resplandor.

No por debilidad.

Por emoción.

Hasta el guerrero de obsidiana permanecía inmóvil.

Su expresión ya no era de temor.

Era de respeto.

Porque comprendía el significado de aquel momento.

La Canción del Origen no podía ser aprendida.

Solo podía ser recordada.

Y únicamente quienes habían estado presentes antes del Gran Olvido eran capaces de entonarla.

Azhara abrió lentamente los ojos.

Durante unos segundos, dejaron de ser negros.

Volvieron a ser completamente ámbar.

Miró directamente a Valtheris.

Y sonrió.

No era la sonrisa fría de la Devoradora de Auras.

Era la sonrisa luminosa de la joven que había protegido a un niño entre jardines de flores blancas.

—Pequeño…

Susurró.

La palabra apenas abandonó sus labios.

Pero bastó para estremecer al Santuario entero.

Valtheris sintió un dolor profundo en el pecho.

No entendía por qué deseaba abrazarla.

Por qué aquella voz le resultaba tan cercana.

Por qué aquella sonrisa despertaba una nostalgia imposible.

Dio un paso hacia ella.

Después otro.

Azhara hizo lo mismo.

Ambos quedaron separados apenas por unos centímetros.

Ella levantó lentamente la mano.

Rozó el rostro del muchacho.

Una lágrima cayó sobre la mejilla de Valtheris.

No supo si era de ella o suya.

Entonces sus labios volvieron a moverse.

—Perdóname…

Antes de que pudiera decir una palabra más, la oscuridad rugió.

No desde la grieta.

Desde el interior de Azhara.

Una inmensa sombra emergió detrás de ella.

No tenía forma definida.

Parecía construida con recuerdos destruidos.

Con nombres olvidados.

Con promesas rotas.

La voz ancestral volvió a resonar.

Esta vez llena de furia.

—¡Basta!

La sombra envolvió violentamente a Azhara.

Su sonrisa desapareció.

Sus ojos volvieron a ennegrecerse.

La mujer gritó mientras era arrastrada hacia atrás por una fuerza invisible.




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