Valtheris

Capítulo 38

El Primer Escriba

Las palabras permanecieron suspendidas en el Archivo de las Raíces Eternas como si hubieran sido grabadas sobre el propio aire.

—El Primer Escriba jamás murió.

Lleva todo este tiempo…

Esperándolo.

Nadie respiró.

Ardan contemplaba al anciano que acababa de aparecer con los ojos humedecidos por una emoción que había permanecido sepultada durante más de tres mil años.

No veía un milagro.

Veía a un amigo.

Muy lentamente dio un paso adelante.

Su voz apenas consiguió salir de su garganta.

—¿…Maeron?

El recién llegado sonrió.

Era una sonrisa serena, humilde, sin la menor sombra de orgullo.

—Hace mucho que nadie pronuncia ese nombre.

Ardan cayó de rodillas.

No por obligación.

Por respeto.

Las lágrimas descendieron libremente por su rostro.

—Pensé que te habíamos perdido para siempre.

Maeron apoyó una mano sobre el hombro del anciano.

—No.

Solo acepté caminar por un sendero donde el tiempo dejó de buscarme.

Kael, Maelis, Niah, Rheon y Elderon observaban la escena incapaces de comprender del todo su magnitud.

Lumen, en cambio, sonreía.

Como si hubiera sabido desde siempre que aquel momento llegaría.

—Bienvenido de nuevo, Maestro.

Maeron inclinó la cabeza.

—Gracias, pequeña Custodia.

Has protegido la llama mejor de lo que jamás imaginé.

La niña bajó la mirada con humildad.

—Solo hice lo que me enseñaste.

Aquellas palabras hicieron que todos volvieran la vista hacia ella.

Maelis fue la primera en reaccionar.

—¿Lo conocías?

Lumen respondió con absoluta naturalidad.

—Siempre.

Solo que no podía recordarlo…

Hasta hoy.

En el Primer Amanecer, Valtheris sintió un estremecimiento recorrer todo su cuerpo.

No había escuchado aquellas conversaciones.

Y, sin embargo, algo dentro de él sabía que un nuevo hilo acababa de unirse al tejido de la historia.

Eryon también lo percibió.

Los recuerdos seguían regresando.

Cada vez con mayor claridad.

Ya no eran imágenes aisladas.

Comenzaban a formar una secuencia.

Recordó una inmensa sala circular.

Doce escribas.

Lyssara.

Los dos Corazones.

Y, al final de la mesa…

Un hombre escribiendo sin levantar jamás la vista.

No utilizaba tinta.

Cada palabra nacía directamente de su corazón.

Eryon abrió lentamente los ojos.

—Lo recuerdo…

Valtheris se volvió hacia él.

—¿Qué recuerdas?

—No escribía el futuro.

Todos guardaron silencio.

Eryon continuó.

—Escuchaba al mundo.

Después escribía aquello que el mundo todavía no era capaz de decir.

Valtheris comprendió.

Las profecías nunca habían sido órdenes.

Habían sido posibilidades.

El Rey de los Nombres Rotos observaba la escena con creciente inquietud.

Cada recuerdo recuperado deshacía un siglo de olvido.

La inmensa corona volvió a resquebrajarse.

Un nuevo hilo negro cayó al vacío.

Muy lejos, una madre recordó por fin la canción con la que dormía a su hijo antes de perder la memoria tras una enfermedad.

En otro lugar, un anciano volvió a reconocer el rostro de su hermano fallecido.

La creación entera comenzaba a despertar.

Muy lentamente.

Pero ya era imposible detener aquel proceso.

Maeron caminó despacio entre las raíces del Archivo.

Cada una parecía inclinarse respetuosamente a su paso.

No porque fuera más poderoso.

Porque ellas también lo recordaban.

Se detuvo frente al Árbol del Primer Recuerdo.

Apoyó la palma sobre el tronco.

El árbol respondió inmediatamente.

Miles de hojas comenzaron a emitir una suave luz dorada.

Las raíces dejaron de escribir.

Ahora escuchaban.

Maeron cerró los ojos.

Su voz sonó tranquila.

—Viejo amigo…

He regresado.

Un estremecimiento recorrió el inmenso árbol.

La savia ascendió con una fuerza jamás vista.

Las ramas se expandieron.

Las hojas comenzaron a mostrar escenas antiguas.

No eran recuerdos individuales.

Eran recuerdos del propio mundo.

Ardan sonrió entre lágrimas.

—Nunca pensé que volvería a contemplar esto.

Elderon observaba fascinado.

Toda una vida estudiando manuscritos.

Y ahora la historia hablaba por sí misma.

Maeron volvió la vista hacia todos.

—No tenemos mucho tiempo.

El Rey también ha comprendido lo que significa el despertar de Elarion.

Kael dio un paso adelante.

—Entonces debemos reunirnos con Valtheris.

Maeron negó lentamente.

—Todavía no.

Niah frunció el ceño.

—¿Por qué?

El anciano levantó el pequeño reloj de arena que llevaba en la mano.

La arena permanecía inmóvil.

Ni un solo grano descendía.

—Porque el tiempo alrededor del Primer Amanecer está comenzando a romperse.

Si atravesáis ahora la Puerta de los Ocho Sellos…

Podríais llegar siglos antes.

O siglos después.

El silencio volvió a instalarse.

Maelis sintió un escalofrío.

La guerra ya no se libraba únicamente entre mundos.

También comenzaba a afectar al tiempo.

En el Primer Amanecer, el padre de Valtheris observaba fijamente al Rey.

Había algo extraño.

La inmensa sombra ya no atacaba.

Esperaba.

—¿Qué estás haciendo?

Preguntó finalmente.

El Rey respondió con absoluta calma.

—Escuchar.

Valtheris lo miró desconcertado.

—¿Escuchar qué?

La sombra levantó lentamente la cabeza.

—El sonido del destino cambiando.

Durante incontables eras solo existía un camino.

Ahora existen muchos.

Eso vuelve el futuro…

Impredecible.

Aquellas palabras, lejos de tranquilizar al muchacho, aumentaron su preocupación.

Un enemigo impredecible podía cometer errores.




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