¡vecina, ¿quiere ser mi Mamá?!

Capítulo 1.

☆゜・゜ NICCOLO・゜★

El invierno estaba llegando, tan frío como de costumbre, los días que quedaban para que llegara nochebuena eran pocos y lo que más me preocupaba de la fecha era la felicidad de mi hija, su único deseo desde años atrás, deseo que le daría felicidad, una felicidad que yo no podía brindarle, no aun.

Me senté con algo de dificultad de la cama y luego de buscar mi prótesis me puse en pie para iniciar un nuevo dia, mi trabajo en las fuerzas se había reducido de trabajo de campo a solo trabajo de oficina, trabajo que odiaba pero que no podía abandonar, al menos no por el momento, solo me faltaban cinco años para la jubilación.

Pase por la habitación de Sharon, mi pequeña hija, en su mano llevaba arrugada la hoja que me había mostrado la noche anterior y por la cual la había gritado enojado. 

Tome el papel de su mano y un nudo se formó en mi garganta nuevamente al ver el mensaje escrito en él.

“Querido santa, ya se que faltan unos meses para navidad, pero me podrías adelantar mi regalo, quiero una mamá, una que me quiera a mi y a mi papá, no solo a mi papá”

Suspire pesado recordando a Emilie, tres años habían pasado desde su partida en aquel atentado que sufrimos en una misión encubierta, ella perdió la vida y yo, perdí más que una pierda, perdi al amor de mi vida, una parte de mi corazon murio con ella aquel día.

—Quisiera poder darte lo que deseas mi pequeña florecita, discúlpame —deje una caricia en su rostro y me dispuse a hacer las labores antes de despertarla para llevarla a la escuela.

Luego de toda la rutina diaria volví a su cuarto, la pequeña dormía como una marmota. La moví de su brazo mientras susurraba en su oído.

—Despierta mi florecita, es hora de ir a clases.

—No quiero —susurro remolona.

—Despierta hermosa, hoy es día de juegos en la escuela, ¿Te lo quieres perder? —se sentó de golpe en la cama con una sonrisa en su rostro.

—¡siiii!, ¡Vamos a divertirnos mucho! —empezó a saltar en la cama con mucha energía, su hermosa sonrisa me recordaba la sonrisa de su madre, era su viva fotocopia y amaba cada fibra de ella.

—Tú te divertirás, yo iré a trabajar. —sus saltos se detuvieron y me miró haciendo un puchero con sus labios. 

—Pero es día de padres e hijos, tú tienes que estar ahí, vamos a divertirnos, por favor —lo último lo chillo con un tono de voz más agudo.

—Debo trabajar florecita, el fin de semana iremos al parque.

—No quiero ir al parque, quiero que vayas conmigo a la escuela. —suspire pesado buscando paciencia.

—Debo trabajar princesa, ¿Puedes entenderme?

—Tu solo quieres trabajar, ¡ya no me quieres, por eso quieres estar lejos de mi! —salto de la cama y corrió a encerrarse en el baño, era toda una dramática.

—Ya que estas enojada en el baño, aprovecha para darte una ducha, es tarde.

—¡Ya sé! —grito de regreso, negué con la cabeza y después de ordenar su cama deje su uniforme de deporte sobre ella.

Aliste su maleta y su almuerzo, también me preparé mentalmente para lo que seguía, peinarla. Tome el peine y un estuche con moñas y me senté en la sala esperándola, siempre que estaba enojada elegía los peinados más difíciles de hacer.

Llegó a mi lado con sus brazos cruzados, sus zapatos mal atados y una mueca de enojo en su rostro, miró el cuaderno con peinados que había en la mesa y tal como lo suponía, señaló lo más difícil de hacer.

—No tengo esas moñas de mariposa, florecita, ¿No quieres otro peinado?

—No, si no me vas a acompañar quiero ese —señaló insistente la hoja. Soltando un suspiro pesado tomé el peine y le hice una coleta normal con dos trenzas. —Ese no es el peinado que quería. —Hizo un puchero que calme consintiendo su cara.

—Iré a cambiarme para que vayamos juntos a la escuela —su sonrisa se ensanchó y saltó a mis brazos de inmediato.

—Gracias papá, gracias. —Dejó muchos besitos en mi cara, —No quería estar solita allá, los demás niños me iban a molestar.

—Nunca estarás sola, yo siempre voy a estar para ti mi pequeña florecita.

—¿Cuándo va a venir mamá del cielo? —su pregunta siempre lograba hacer que mi corazón doliera.

—Ella siempre está con nosotros mi pequeña, no la podemos ver, pero podemos sentir su amor aquí, —señalé su pecho, —en tu corazón y el mío, ella vive en nuestros corazones.

—Pero no la quiero aquí, —se tocó el pecho, —quiero que vaya conmigo a la escuela.

—Eso es imposible princesa, mamá jamás volverá, solo está con nosotros en nuestros recuerdos y corazón, nos sigue amando desde donde está.

—¿No volverá jamás?

—Voy a cambiarme preciosa, ya vuelvo, mientras desayuna. —la baje de mis brazos y bese su frente antes de encerrarme de nuevo en la habitación.

Me quite el uniforme y me senté en la cama mirando a la nada, extrañaba a Emilie, su presencia en la casa hacía falta, nuestra hija estaba ansiosa por tener amor de madre, y yo quería a mi lado al amor de mi vida.




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