¡vecina, ¿quiere ser mi Mamá?!

Capítulo 4.

☆゜・AURORA・゜★

Salí de consulta con una gran sonrisa en mi rostro, la pequeña que había atendido al principio del día me dejó con una extraña felicidad. Luego de verla a ella mis ganas de ser madre crecieron un poco más.

—¿Vamos a almorzar? —le pregunté a Jess al llegar a su escritorio.

—Me parece bien, hay un lugar lindo por aquí cerca, lo conocí la última vez que vine, la comida es deliciosa. Tenemos que salir del barrio privado, ¿No te importa?

—Claro que no, mejor conocer más lugares, ¡vamos!

Caminamos por aproximadamente media hora al lugar “cercano” al que se refería mi amiga, quería matarla, pues iba en zapatos de tacón.

—Qué cerca está —solté sarcástica mientras doblamos una esquina.

—No te quejes, tú querías conocer los alrededores.

—No con zapatos de tacón, estoy muerta.

—Solo nos faltan dos calles y llegamos.

—Definitivo, estaba super cerca —rodé los ojos y me detuve en seco frente a un callejón a escuchar un ruido parecido a llanto, —¿Escuchaste eso Jess?

—No, ¿Qué escuchas?

—Atenta. —me empecé a adentrar al callejón, estaba algo oscuro y aterrador, pero entre más caminábamos más cerca se escuchaba el llanto, eso nos animó a continuar.

—Lo escucho, es como un bebe, ¡Oh por Dios, tiraron un bebe! —gritó y empezó a correr por el callejón dejándome botada.

—¡Espera Jess, no vayas sola!.

—Ven rápido Auri, mira esto —corrí tan rápido como mis pies lo permitieron y al llegar la encontré de rodillas en el suelo sosteniendo una manta, —mira, es tan lindo. —me asome por encima de su hombro y quedé alucinada y enamorada de lo que veía.

—Es hermoso, y esos ojitos tan bellos, ¿Como pudieron dejarlo aquí?

—Gente horrible e inhumana, ¿cómo le hacen esto a un bebe tan lindo?

—Déjame mirarlo más de cerca. —se giró y le destapo bien su carita, era tan tierno que sentía que me derretía.

—¿Quieres quedarte con él?George es alérgico.

—Por supuesto, es tan dulce que no sería capaz de dejarlo en este lugar, —extendí mis brazos para que me lo pasara, —dámelo, ahora es mi pequeño bebe.

—Es tan lindo —lo dejó en mis brazos y de inmediato empezó a mover su colita. 

—Lo es, pensaré un buen nombre para él —lo abrace contra mi pecho y caminamos de regreso a la calle.

No entendía como habían personas tan crueles que tiraban animales pequeños a la calle, incapaces de defenderse en la selva de cemento. El pequeño se acurrucó contra mi pecho y rápido se quedó dormido.

—Vamos a comer, y después llevaré al pequeño a la veterinaria.

—No te puedo acompañar, veré a George después de almorzar. 

—Está bien, averiguaré dónde queda la más cercana, no te preocupes.

—Lo siento amiga.

—No te preocupes, debo aprender a moverme por mí misma en la ciudad.

Regresamos por el mismo camino y fuimos directo al restaurante, mi pequeño se había quedado dormido en mis brazos y se veía realmente tierno. Buscamos una mesa cerca al jardín y nos dispusimos a hacer nuestro pedido.

—¡Hola doctora bonita! —El grito de una niña me hizo mirar a todos lados. 

A tres mesas de nosotros se encontraba aquel apuesto hombre que había visto en la mañana y su pequeña y dulce hija. Levante la mano para saludarla, pero al parecer, eso no fue suficiente para ella. Se bajó de la silla y corrió a mi mesa con una hermosa sonrisa.

—Hola.

—Hola pequeña Sharon, ¿cómo estás?

—Bien, mi papi me trajo a almorzar aquí porque me he portado muy bien. Los ravioles son muy ricos y son mis favoritos.

—Que bueno, ¿Ya almorzaste?

—Aún no, estábamos haciendo pedido, ¿Me puedo sentar contigo?

—Claro que sí, si a tus papás no les molesta, no hay problema.

—Solo tengo papá, mi mamá está viviendo en el cielo pero siempre me acompaña aquí —señaló el pecho en la zona del corazón. Sonreí enternecida.

 —Siéntate entonces pequeña, hablaré con tu papá.

—Está bien —en ese momento mi pequeño nuevo amigo lloró un poco, lo que dejó a Sharon algo desconcertada.

—Dijiste que no tenías niños.

—Y no tengo dulzura, este pequeño que llora es un bebito que encontramos hoy.

—Pero hace un ruido raro, parece un bebe, que miedo.

—Si no fuera por ese ruido no lo hubiéramos encontrado.

—¡Mira papá, un perro! —se puso de pie en la silla y gritó hacia su padre, quien nos miraba con cara de pocos amigos.

—Siéntate linda, iré a buscar a tu padre, ¿Cuidas mi cachorrito?

—Si. —deje al perro en sus piernas y fui hasta donde se encontraba el señor Flint.

—Buenas tardes, de nuevo yo, ¿cómo se encuentra?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.