Valeria llegó al edificio arrastrando dos maletas y una mochila que se le caía del hombro, con el taxi ya ido y las llaves perdidas en el fondo de su bolso, y ahí estaba, de pie en la acera, mirando el edificio de ladrillo viejo que sería su nuevo hogar.
Un apartamento que no era el que había soñado ni el que había elegido con su ex, sino el que había tenido que alquilar sola con el poco dinero que le quedaba después de que él se marchara sin explicaciones, así que subió las escaleras con las maletas golpeando cada escalón y maldiciendo por lo bajo, sintiendo el olor a madera vieja y a café del portal.
hasta que llegó al tercer piso, al 3B, donde dejó caer todo al suelo y buscó las llaves tardando más de lo necesario porque estaba tan concentrada en no llorar que no escuchó la puerta de al lado abrirse ni la voz grave y tranquila que le preguntó si necesitaba ayuda, y al levantar la vista se encontró con un chico alto, de pelo oscuro y mirada seria, apoyado en el marco de su puerta con los brazos cruzados.
con camiseta negra y pantalones de deporte, que no sonreía pero tampoco parecía molesto, y cuando ella dijo "no, gracias, puedo sola" aunque una maleta se le acababa de caer otra vez, él no discutió, simplemente se acercó, tomó las dos maletas más grandes como si pesaran nada y las metió en el apartamento de Valeria antes de que ella pudiera protestar, luego volvió, le entregó las llaves que se le habían caído sin que se diera cuenta y dijo "bienvenida al edificio, soy Dylan del 3A", y Valeria respondió "Valeria" todavía aturdida, y Dylan asintió una vez como si ya lo supiera y volvió a su apartamento sin decir nada más, dejándola parada en el pasillo con las llaves en la mano y el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal, así que cerró la puerta.
se dejó caer en el suelo de la sala vacía y se permitió llorar por primera vez en tres días, y horas después, ya de noche, cuando por fin había logrado armar la cama con sábanas que no combinaban y estaba a punto de dormirse vestida, alguien tocó a su puerta y ella se levantó con el ceño fruncido porque eran las dos de la mañana, y al abrir se encontró con un chico de sonrisa torcida.
Pelo despeinado y un tazón vacío en las manos que dijo "hola vecina, soy Mateo del 3C, me quedé sin azúcar y necesito hacer un pastel, ¿tienes?", y Valeria repitió "¿un pastel a las dos de la mañana?" y él respondió "es una emergencia" con una sonrisa tan descarada que algo en su cara la hizo reír, una risa pequeña, cansada, pero real, y aunque ella le dijo que no tenía azúcar, ni azúcar glass, ni miel, ni nada porque acababa de mudarse y ni siquiera tenía sal, Mateo se rió, se apoyó en el marco de la puerta y la miró como si la conociera de años, diciendo "entonces te invito a pizza, hay una abierta hasta las tres, yo pago", y Valeria dudó porque estaba cansada, triste y no debería confiar en un desconocido, pero también tenía hambre y la idea de quedarse sola en ese apartamento vacío le dolía más que cualquier advertencia, así que aceptó con un "está bien, pero solo porque no tengo nada en la nevera", y terminaron comiendo pizza en el pasillo, sentados en el suelo porque el apartamento de Valeria todavía no tenía sillas, mientras Mateo hablaba sin parar de su trabajo, de su familia y de por qué odiaba el color verde, y Valeria escuchaba, reía y por un momento olvidaba que su vida se estaba cayendo a pedazos, y al día siguiente, cuando estaba desempacando la cocina, escuchó unos golpes desesperados que no venían de la puerta sino del balcón, así que salió y encontró a un chico flaco, con gafas torcidas y una camisa de dormir azul, atrapado entre su balcón y el de ella porque la puerta corrediza de su lado se había trabado y no podía volver a entrar, y ella le dijo "¡no te muevas!" aunque el chico no iba a ningún lado, y él respondió con voz temblorosa "no pienso hacerlo, soy Leo del 3D, y jamás en mi vida me había quedado atrapado en un balcón, esto es nuevo para mí", así que Valeria buscó algo para ayudarlo, encontró una escoba vieja que había dejado el anterior inquilino y con paciencia logró hacer palanca en la puerta de Leo hasta que se destrabó.
Y él cayó hacia atrás dentro de su apartamento y luego apareció de nuevo en el balcón frotándose la cabeza, diciendo "gracias, de verdad, eres mi heroína", y ella respondió "solo te pasé una escoba", pero Leo insistió "no, en serio, gracias" mirándola con una ternura tan genuina que Valeria sintió algo raro en el pecho, y Leo le sonrió, torpe y sincero, y ella sintió que algo en ella se ablandaba, y esa misma noche, en el apartamento 3A, Dylan estaba sentado en el sofá con Mateo a su derecha y Leo a su izquierda, los tres en silencio, hasta que Mateo habló y dijo "tenemos un problema", y Dylan respondió "lo sé", y Leo añadió en voz baja "se llama Valeria", y nadie dijo nada más, pero los tres sabían exactamente lo que estaba pasando.