Ya es invierno aquí, amor.
No me avisó que vendría.
Es cruel ¿No crees?
Incluso entró a la casa antes que yo.
El viento se metió por cada rendija. Por cada recuerdo tuyo que aparece en mi mente. Por los lugares donde estabas tú y no sólo yo.
El invierno siempre fue tu estación menos favorita del año. Decías que todo parecía detenerse, que las calles perdían color. Que sin el verde el mundo perdía sentido.
Antes no lo entendía. Ahora lo vivo.
Me quejaba del frío por costumbre; ahora lo siento de verdad porque no estás para prepararme una taza de chocolate caliente y abrazarme hasta que el verano llegue.
¿Volverás al igual que el verano, mi amor? Mi psicólogo dijo que no. Mi corazón dice que si no lo haces tu, lo haré yo.
A veces creo escuchar tu voz, pero es solo el viento golpeando las ventanas, recordándome que estoy en soledad. Que ya no me acompañas.
He aprendido a sobrellevar estos días cortos.
A las tardes que mueren pronto.
A las noches que parecen no terminar.
He aprendido, pero no creo acostumbrarme jamás.
Hace unos días leí que el invierno es necesario para que la tierra descanse y que todo vuelva a florecer. No sé si yo estoy descansando... tampoco se si vuelva a florecer.
Pero, si el invierno es espera, entonces te espero porque se que tú también lo haces.
Si es oscuridad y silencio, entonces pienso en el brillo de tus ojos para no perderme en el viento.
Y si es frío, entonces te recuerdo para no congelarme por completo.
Siempre tuyo,
Nicholas Ross.