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Lunes 31 de octubre.
Hoy es mi último día como Andrea, se siente extraño saberlo y me da nostalgia. No sé, pasaron muchas cosas. El cerebro está centrado, pero mi corazón fue vulnerable a los sentimientos.
Estoy sentada al borde de mi cama, quizás una fiesta en la que veré a muchas personas de la escuela, pues curiosamente estas reuniones se esparcen muy rápido la invitación y 1 persona a veces trae otras 2, y así se van multiplicando.
La puerta de mi habitación se abre lentamente. —Hola—saluda mi madre después de mirarme por breves segundos. Curva sus labios, pues sabe lo que sucede hoy. —Ahorita que llegue tu padre repasaremos los que haremos, pero quiero dejar en claro una cosa—ella comenta.
Me genera curiosidad. —¿Qué cosa?—pregunto.
Da unos pasos y se coloca delante mío. Tiene un semblante serio. —No dudes a nada de lo que te diga. Sí te digo que dispares, lo haces. Si te pido que corras, lo harás. Lo que sea tú lo cumplirás. ¿Lo harás?—me observa fijamente.
Asiento. —Lo entiendo—respondo sin más.
Se inclina hacia mí para darme un beso en mi frente. —Siempre te he cuidado, y todo lo que hago es para protegerte. Después de esto, el pasado queda atrás—sentencia.
Solo le respondo con una sonrisa. Su temple da confianza, pero vamos... lo que sucede esta noche sí o sí queda en mi memoria. Las personas involucradas, escenarios y todo.
Vuelvo a mis pensamiento sobre nuestros disfraces de Halloween. Hubieron cambios de último momento, y ya me estoy imaginando cuando llegue a la fiesta.
Me pongo de pie y preparo todo para darme una ducha, comienzo a reproducir un álbum en mi iPhone mientras intento distraerme y calmar esos pensamientos que apuntan a la noche.
El tiempo me pasa volando. Thalía confirma que pasará por mí, yo me preparo para la hora. Me aplico mi maquillaje.
La charla con papá y mamá finaliza en que una vez confirmemos que llegue Emma, procederán. Yo debo perderme y al salir, César me espera y salimos del lugar por seguridad.
Las 5 de la tarde llegan, y con ello el reloj. Thalía ya está cerca de mi casa.
Estoy con mi disfraz de Alicia, incluso mi cabello rubio, aproveche el día de ayer para pintarme el cabello. Mi vestido azul claro y medias blancas, lo único que cambié ligeramente fue las zapatillas, utilizando una que tienen un pequeño tacón.
Al bajar por las escaleras. Veo a ambos sentados en la sala, hablando. Todo el ambiente está extraño, ellos en cuanto bajé guardaron silencio. Esta noche ocurrirá algo.
—Te ves muy linda—me halaga papá.
Sonrió. —Muchas gracias. Yo mandaré mensaje, confirmando—respondo mientras camino a la puerta principal.
Exhalo aire. —Aquí vamos—sonrió nerviosamente.
Ambos se acercan. —Te veremos más tarde. Cuídate—ambos me abrazan y salgo de mi casa, el Uber justo va llegando afuera de mi casa. Thalía ni siquiera tuvo que enviarme mensaje para avisarme que saliera.
Tragó saliva al ver que mi mejor amiga bajar del auto. —¡Te ves súper linda! Allá en la fiesta debe estar un conejo blanco—ríe cuando me acerco. Le abrazo y cierro mis ojos.
—Tu igual te ves hermosa, Ariel—destacó su disfraz de sirenita, su vestido color lila y acabado azul claro con brillos de color morado claro, y desde luego, su cabello rojo.
Subimos al auto. —Tu cabello rojo es lindo...—me acerco a ella después de colocarme el cinturón.
Asiente. —Ayer no estaba muy decidida, ya ves que nos despertamos tarde...—hace énfasis porque la fiesta del sábado finalizó ya por la mañana. —Cuando te pinte el cabello me convencí por completo, y lo bueno que lo hice—destaca mientras el auto se dirige a nuestro destino.
—Hubiera optado por algo de terror, pero están bien estos disfraces—comentó.
Ella levanta su dispositivo. —Una fotografía para el recuerdo—sonríe y se acerca a mí para capturar el momento.
El trayecto a la fiesta es corto, o al menos así lo siento. Observo a través de la ventana mientras hablo con mi mejor amiga, realmente me ayuda mucho con sus charlas, hace que el momento sea más ameno.
—Hemos llegado—anuncia el chofer y frena el auto.
Veo las calabazas, una bruja de pie, decoración acorde de día de brujas. Incluso una araña del tamaño de una persona. —Vaya... eso seguro fue tu idea—señaló a la gran araña.
Suelta la carcajada. —Ya sabes que sí—contesta mientras caminamos al interior del inmueble. Se alcanza a escuchar música desde el interior.
Apenas llegamos y un chico alto, de traje oscuro, lentes del mismo color y cabello ligeramente alborotado, pero como siempre lindo. —Hola, princesas—Edén nos saluda.
Me sorprende verle, no sé... no me había dicho su disfraz, aunque la mayoría cambiamos de planes ayer.
Mi amiga sirenita le observa de pies a cabeza. —¿Y quién se supone que eres tú?—le observa.
Ese chico elegante se sorprende por la pregunta. —Es obvio... soy un hombre de negro. Por mis habilidades y súper inteligencia—guiña el ojo.
Comienza a reír a carcajadas. —Interpreta mi silencio. —contesta y pasa directo, dejándome a solas con él en la entrada.
—Te ves muy linda—acaricia mi cabello. —Me encanta como te ves de rubia, aunque todo en ti te queda hermoso—hace el halago y hace un ademán para que camine al interior.
Le sonrió. —Con traje o sin el siempre te ves bien—le devuelvo el gesto con un tono suave e ingresó.
Apenas entró y veo algunos rostros conocidos, resaltan de entre los demás porque algunos no les reconozco tanto.
Alejandra viste un disfraz de bruja, un sombrero que resalta un moño lila y un cinturón del mismo color, que envuelve su túnica oscura. A su lado, Danna con un vestido rosa, tacones de color rojo que se alcanzan a distinguir.