Ventus: Buscando mi Historia

adios

Quizás nunca escribí una parte final luego de aquella carta de despedida… Sé que ha pasado un tiempo desde la última vez que tomé un lápiz…

Siempre pensé en contar lo que pasó al final de tanto trámite y, volviendo a leer esto, me di cuenta de que nunca lo terminé…

Al final de tantos años supe la verdad; todo acabó un día de verano, un año después de la tramitación total. Había coordinado la reunión final con las personas de la fundación. Fue temprano; por un lado, yo me había arreglado e ido con mi mamá, pero nos juntamos más tarde con mi papá y mi hermano, quienes también irían. Sí, estuvimos un rato bastante largo y, mientras esperábamos, conocimos a una pareja que estaba empezando a buscar información. Recuerdo esa mañana como si fuera ayer… luego de un rato, subimos al segundo piso, a una sala donde había varias sillas: por un lado estábamos los cuatro y, por el otro, la asistente social y la psicóloga.

Nos dieron jugo y galletas. Ese día creo que el que más habló fue mi hermano al comienzo; yo estaba muy nerviosa.

La conversación con ellas partió preguntándome si quería conocer a mis padres biológicos. Reconozco que dudé; sí quería, pero solo para entregar una carta y agradecer, aunque luego de pensarlo preferí no hacerlo…

La reunión comenzó advirtiéndome y comentándome por qué razón se ocultaban ciertos datos, y ya luego de eso ellas empezaron a dar contexto… el contexto de esta persona, partiendo por su situación compleja y pasando por cada etapa de su vida; hasta me dijo que tenía dos hermanos, una hermana de edad cercana y un hermano mayor… A pesar de la situación dificil, ella llevó a término su embarazo y buscó ayuda para salir: hizo cursos y llegó a una organización de protección a la mujer. También me dijeron que ella siempre estuvo dispuesta durante todo el procedimiento, desde el juicio donde se declaró el abandono hasta el de adopción para poder inscribirme.

El único recuerdo de ella es mi segundo nombre.

Continuando con ese día, no supe procesar mis emociones al momento; nunca fui buena para eso, así que solo escuché sin decir nada. Mi hermano fue el que preguntó, yo solo escuchaba con atención y recuerdo que varias veces me consultaron si estaba bien, si quería continuar. Yo solo repetía: “estoy procesando información”, “es mucho en tan poco tiempo”. Fueron muchas emociones para un solo día… aún lloro por eso, con tan solo pensar en aquello lo recuerdo como si hubiera sido ayer.

Ya volviendo un poco a mi realidad, han pasado tantas cosas… Hace un año falleció mi abuelo. No sabía si escribir o no una carta de despedida, pero quiero hacerlo como lo hice en su momento con mi abuelita.

Para mi abuelito

Puede que desde pequeña haya sido demasiado preguntona. Reconozco que no tenías el mejor carácter, pero siempre me enseñaste cosas; me contabas tus historias y, aunque siempre eran sobre lo mismo, nunca me cansaba de escucharlas… Sé que luego de la partida de mi abuelita todo cambió. Siempre pensé que ella sería quien se iría después, no al revés.

Agradezco muchas cosas y siempre tendré muy lindos recuerdos, como las veces que me quedaba allá o iba de visita; siempre sabía que tendría mi pan con mantequilla tostado. Recuerdo que peleábamos por quién sacaba la mesa o lavaba la loza; nuestras conversaciones en la terraza durante la tarde cuando tomábamos el sol… Cuando hablabas de política siempre decías que todos eran iguales. Me contabas mil veces cómo estabas agradecido de haber conseguido tu casa, de tus viajes en bicicleta y de cuando salías a jugar a la pelota con tus amigos. Aún atesoro la última conversación con él: partió diciendo lo orgulloso que estaba de todos y cada uno de sus sobrinos, y lo feliz de dejar a sus hijas con buenas personas.

Aún recuerdo las dos últimas promesas que no pude cumplir. La primera fue el paso de cueca para la semana de Fiestas Patrias; estuve medio año aprendiendo para poder bailar con él, pero no se pudo porque justo en ese tiempo estuvo en la clínica. Por otro lado, me pidió que juntara a todos los primos para que cantaran juntos… esa era más compleja y no pude cumplirla.

Sé que escribo esta despedida más tarde de lo que pasó, pero más vale tarde que nunca. Aún tengo el pequeño arrepentimiento de no haber podido despedirme como corresponde. Hay una nostalgia que duele, ese “ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero” que se siente al extrañar tu presencia. Recuerdo que en esas fechas tenía una prueba demasiado importante, estuve estudiando mucho y no dormí nada. Justo al día siguiente de tu velatorio hicieron la misa, a la cual no pude ir… como tampoco al velorio. Me arrepiento tanto de aquello; cuando estaba dando esa prueba mi profesor me bromeó y luego, al terminar, me dijo que podría haber faltado ese día, pero ya la había rendido. Es tan corto el amor y tan largo el olvido, especialmente cuando quedan palabras no dichas.

Aun así gracias por todo…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.