La lluvia de la noche anterior había limpiado el aire, dejando tras de sí un cielo de un azul tan intenso que dolía mirarlo. Habían pasado cuarenta y ocho horas desde el estallido en la oficina, cuarenta y ocho horas de un silencio gélido que amenazaba con sepultar todo lo que habíamos construido. Pero mientras caminaba hacia la sede de "Fénix", no sentía derrota. Sentía la determinación de una leona que ha comprendido que su fuerza no reside en la pureza de sus ancestros, sino en la ferocidad con la que defiende su presente.
Al entrar, el murmullo de los arquitectos y trabajadores sociales se detuvo. Julián estaba allí, de pie frente al ventanal que daba al Sector Sur, con las manos entrelazadas a la espalda. El archivo "Cenit" estaba sobre su escritorio, pero esta vez, bajo una pesada prensa de cristal.
—No me he ido, Julián —dije, cerrando la puerta tras de mí. Mi voz no tembló—. Y no voy a irme. Mi padre cometió errores, fue cómplice de la oscuridad de tu familia, pero yo no soy mi padre. Ni tú eres el tuyo.
Julián se giró lentamente. Sus ojos, antes nublados por la traición, ahora brillaban con una resolución nueva. Se acercó a mí, deteniéndose a escasos centímetros.
—He pasado dos noches revisando cada transacción, Sofía —su voz era un susurro ronco—. He intentado odiarte por el dinero de esa cuenta suiza, por el silencio de Alberto. Pero luego recordé que tú fuiste quien me obligó a mirar a Luci a los ojos. Tú fuiste quien me enseñó que un Sterling puede elegir no ser un depredador.
—Esa cuenta ya no existe —respondí, clavando mi mirada en la suya—. He transferido cada centavo, con intereses, al fondo de salud del barrio. Si el dinero nació de la culpa, que muera en la curación. Ya no le debemos nada al pasado, Julián. Ni tú, ni yo.
Él sonrió, una sonrisa ladeada que mezclaba la arrogancia del tiburón con la vulnerabilidad del hombre que amaba. Me tomó por la cintura y me atrajo hacia él con una posesividad que me hizo sentir eléctrica.
—Mis hermanos están afuera —murmuró—. Mateo ha neutralizado a los informantes de Arthur. Gabriel ha bendecido, a su manera, este nuevo comienzo. Y Sebastián está listo para abrir la primera clínica con ese fondo que acabas de donar.
—Entonces es oficial —dije, rodeando su cuello con mis manos—. El imperio del miedo ha sido reemplazado por algo mucho más peligroso para nuestros enemigos.
—Una alianza —sentenció él—. La Leona y el Tiburón. Arthur pensó que revelando el pecado de Alberto nos destruiría, pero solo nos ha hecho indestructibles. Ahora no hay secretos que nos dividan. Somos el "Power Couple" legal de esta ciudad, Sofía. El que intente tocarnos tendrá que enfrentarse a tu ley y a mi estrategia.
—Y a tus hermanos —añadí con una sonrisa—. ¿Estás listo para el consejo de administración de hoy? Los antiguos socios de tu padre creen que pueden sabotear la licitación de la zona norte.
Julián se acomodó la corbata, recuperando ese aire de poder absoluto que solía usar para intimidar a sus rivales, pero esta vez, su mano buscó la mía.
—No tienen ninguna posibilidad. Tú llevas los argumentos éticos y yo llevo los números que los dejarán en la calle. Es hora de demostrarles que el Fénix no solo vuela, sino que tiene garras.
Salimos de la oficina juntos, caminando por el pasillo central del edificio. La gente se apartaba a nuestro paso, no por miedo, sino por un respeto reverencial. Éramos la pareja más poderosa de la ciudad, una fusión improbable de justicia social y pragmatismo financiero.
En la sala de juntas, Mateo, Gabriel y Sebastián ya estaban sentados. Los antiguos aliados de Arthur, que esperaban vernos separados y debilitados por la revelación del archivo "Cenit", palidecieron al vernos entrar de la mano.
—Buenos días, señores —dije, dejando mi maletín sobre la mesa con un golpe seco que resonó como un disparo—. Antes de empezar, quiero informarles que el archivo "Cenit" ha sido entregado a la fiscalía bajo una cláusula de transparencia total. No hay nada que puedan usar contra nosotros.
—Y si alguno de ustedes —añadió Julián, recorriendo la mesa con su mirada de acero— ha pensado en seguir las instrucciones que mi padre envía desde su celda, les sugiero que miren a mi hermano Mateo. Él tiene las órdenes de detención listas. Y a mi hermano Gabriel, porque van a necesitar confesarse antes de que terminemos con ustedes.
La reunión duró apenas una hora. Bajo nuestra presión combinada, los últimos vestigios de la corrupción de Arthur Sterling fueron desmantelados. Al salir, nos detuvimos un momento en el balcón del edificio, mirando hacia el mural donde Luci ya estaba terminando de pintar las flores bajo el sol dorado de Julián.
—Lo logramos, Julián —susurré, apoyando mi cabeza en su hombro—. Somos el equipo que este barrio necesitaba.
—Somos más que eso, Sofía —él me besó con una pasión que selló nuestro futuro—. Somos la prueba de que el legado no es lo que heredas, sino lo que decides construir sobre las cenizas.
Por primera vez, no me sentía una leona solitaria cazando en la maleza. Tenía a mi lado al aliado más formidable, al hombre que había renunciado a un imperio de sombras por una vida de verdad a mi lado. El "Power Couple" de los Sterling y los Burguener no solo había consolidado su poder; había consolidado una nueva forma de justicia.