Sí, un viaje largo y tenso, ya llevábamos la mitad del recorrido y por alguna razón sentía una sensación de pesadez que emanaba de ella, como si estuviera incómoda, como si ante cualquier movimiento en falso pudiera ganarme un regaño de su parte.
Como le prometí, manejaba con cautela.
Se movió inquieta, sacó un abanico y lo movió sobre su cara.
—¿Tiene calor? Puedo ajustar el aire.
—El aire está perfecto, hay un olor a perfume barato que no soporto, deberían decirles que no pueden usar perfumes tan fuertes tan temprano en la mañana, menos para manejar un auto.
Pasé saliva, sentí una incomodidad aplastante, una por la que no me atreví a mirarla por el espejo.
—Disculpe, no uso perfume, si le molesta algún olor deber ser el ambientador del carro, nos lo exigen, pero ya lo saco si le molesta demasiado.
—Si puedes… —dijo con desdén.
Manejé hasta una calle dónde había un bote de basura. Detuve el auto, tomé el ambientador que estaba en la guantera y me bajé ante su mirada escrutadora, me deshice del ambientador y regresé al auto, apagué el aire y bajé las ventanas.
—Para que salgo cualquier olor que haya quedado por aquí —aclaré antes de que se quejara.
—¿Dices que no traes perfume?
—Quizás la loción de afeitar que uso está perfumada, pero mi hija no se quejó, así que no debe ser un olor tan fuerte que le llegue hasta allá.
—¿Tienes una hija?
—Dos, catorce y seis años, la pequeña es muy alérgica, es bastante sensible a los olores y esta mañana me despidió con un beso y un abrazo, me habría estornudado encima si llevara perfume.
Cruzamos miradas por el espejo, hizo una pequeña mueca parecida a una sonrisa, bajó la mirada.
—Qué lástima, ella no podrá usar perfumes entonces —comentó con un tono de voz más suave.
Negué con la cabeza y sonreí, mi pequeña era demasiado coqueta para privarse de esas cosas así su nariz terminara roja.
—Es bastante coqueta, ama usar perfumes, debo esforzarme un poquito más para conseguirle perfumes que no le causen alergias.
Sonrió con amplitud.
—Qué bien, es bueno que las niñas sean femeninas desde pequeñas.
—Así era la mayor, ahora solo quiere usar ropa de talla grande.
—Son etapas.
Alcé los hombros.
—Supongo, no es fácil criar a una adolescente, es más fácil cuando están pequeñas, todo es diversión.
—Supongo que la madre lo llevará mejor.
Sentí una punzada en el pecho, pasé saliva, apreté los labios.
—Si quiere detenerse para comer algo, me avisa.
Subí las ventanas y volví a encender el aire acondicionado.
—No, estoy bien, tomaré el desayuno cuando llegue a destino
Suspiré de forma quieta para liberar la tensión que se acumuló en mi cuerpo con la sola mención de la madre de mis hijas.
Supuse que nunca lo iba a superar, tampoco tenía que contar la versión vergonzosa en la que ella me deja abandonado con las niñas, podía limitarme a explicar que estaba separado, pero entonces tendría que explicar por qué tengo yo a las niñas todo el tiempo.
Era una tontería, pero me afectaba a veces tener que dar esas explicaciones, en especial a una mujer hermosa.
No podía dejar de ver lo hermosa que era.
Suspiró con intensidad, la miré por el espejo.
—Sí, mejoró el olor, era eso. Yo también soy delicada con los olores.
—Menos mal, ya no lo sufrirá —respondí dedicándole una media sonrisa.
—Pero sí estás casado, ¿no?
Recogí la sonrisa, sentí de nuevo un puñal en el pecho, tragué con dificultad.
—Soy padre soltero, digámoslo así.
—Ah, ya veo, ¿y quién las cuida?, digo, son menores de edad las dos —dijo.
—Mi madre, por ahora mi madre, pero tienen su niñera, una señora mayor, que las domina, las sabe tratar, ellas la respetan y la quieren mucho.
—Disculpa si me pasé de entrometida.
—Descuide.
—No es tan común ver padres solteros, es más común ver madres solteras.
—Sí, también lo creo, pero sí pasa. Soy un ejemplo de que pasa.
Asintió con energía, regresé la vista a la autopista, su mirada me afectaba un poco, me distraía, y era el peor momento para distraerme.
—Pero la mamá de las niñas, ¿las ve?, ay, no, no me tienes que responder, estoy pasada de chismosa, te juro que no soy así, pero es que me ha encantado oír que tu pequeña ama usar perfumes y me da cosita que no sé, no se crie con su mamá.
—No se preocupe —dije haciendo un esfuerzo por mantener la compostura —, a mí también me da cosita que se esté criando sin su mamá.
Alcé la vista hasta el retrovisor, me miró, asintió con los labios apretados y se echó hacia atrás en el asiento.