Viaje al corazón

Capítulo 4

La puerta principal estaba abierta, me tensé en el asiento del auto mientras terminaba de estacionarme, sin poder completar la tarea, me bajé apresurado y corrí hacia la casa, salió un perro pequeño blanco y detrás de él Lucrecia y Carlota riendo, se detuvieron en seco al verme.

—Papi, llegaste —gritó Lu corriendo hacia mí, Carlota se acercó a recoger el perro y lo alzó en sus brazos.

—¿Y eso? —le pregunté mientras recogía del piso a Lucrecia.

Carlota sacudió su cabello, bajó la mirada y apretó al perro contra su pecho.

—Acompañamos a mi abuela a sacar la basura y este perrito se nos pegó detrás, ya no pudimos deshacernos de él.

—No, no, no podemos.

—¡Papá! —gritaron al unísono.

—No, apenas tengo tiempo para ocuparme de ustedes, no quiero una responsabilidad como esa.

Lu se apretó a mi cuello con fuerzas.

—Papá, papaíto de mi vida, es lo único que más quiero en el mundo y volver a ver a mi mamá.

Gancho al hígado, puñalada al corazón.

Alcé la vista, mi madre negó con la cabeza mientras dibujaba con sus labios la palabra manipulación. Negué en respuesta.

Carlota se acercó con el perro aún en brazos y lo alzó en dirección a mi cara.

—Míralo, se llama León, para que sea como nosotros.

Carlota me hablaba poco, vivía apagada de ánimo y encerrada en su habitación, parecía que quería al perro, era lo único que le había interesado en meses, no pude negarme más.

—Ustedes se ocuparán de la higiene del animalito, la comida y de que no destroce nada.

Gritaron de alegría brincando como locas.

Mi madre bufó y se cruzó de brazos.

—No te duró ni un minuto le carácter para imponerte.

Besé en la frente a mi hija y la bajé.

—Vayan a prepararle un sitio para dormir y organícense con las cosas de su nueva mascota.

Las dos corrieron adentro de la casa emocionadas discutiendo quién haría qué.

—Cómo te manipulan esas niñas.

—Ay, mamá, son niñas, solo quieren un perro.

—Y tú no querías.

—Porque son más gasto, vacunas, veterinario, comida —dije y solté un suspiro —, pero bueno, me privo yo de más cosas, como siempre. No pasa nada.

—Una mujer, falta una mujer en esta casa.

—Y es tú culpa, por ti fue que consiguieron al perro.

—¿Les vas a creer?, son unas pequeñas tramposas, quién sabe desde cuando lo planearon, sabían que viajarás temprano y decidieron buscar a ese perro.

Suspiré agotado.

—Gracias, mamá, por cuidarlas, ¿te quedas a comer?

—No, no soporto más drama del pobrecito yo que estoy solo con estas niñas y todo es difícil y soy muy sacrificado, soy el mejor padre soltero y amo este papel y no quiero cambiarlo nunca.

Rodé los ojos.

—No sé qué me estás reclamando, no tengo la energía para discutir.

Me acerqué a ella, besé su mejilla con intensidad y la abracé.

—Tu papá ya debe estar por llegar, me viene a buscar, le dije que apenas llegaras me quería ir.

—¿Te dieron mucha lata las niñas?

—No soporto ver cómo viven, tienes que buscarte una mujer —dijo con severidad, se dio media vuelta y entró a la casa.

Me senté en la parte de afuera mirando hacia el cielo, pensando que las niñas necesitaban amor, no necesariamente se los iba a dar una mujer cualquiera que entrara en mi vida, era mucho pedirle a alguien.

Sonó mi teléfono, era una de las ejecutivas de la compañía.

—¿Sí?, buenas tardes.

—¡Hola!, amigo, Es Marta, ¿Cómo estás?

—Sí, Marta, vi que eras tú, ¿Cómo estás?, cuéntame, ¿Qué necesitas?

—Que me vengas a buscar mañana, estoy en San Martín, ya pedí que fueras tú quien me vinieras a buscar, quiero pasar por un sitio antes y solo tú me tendrías la paciencia.

Me eché a reír mientras negaba con la cabeza.

—Lo siento, ya estoy agendado para mañana, iré a San Martín, pero por otra persona. Habla con logística a ver si pueden venir las dos conmigo.

—¿Quién es la otra persona?

—Ruth Del Pino.

Sonreí al mencionar su nombre, recordé nuestra interacción de más temprano.

—Ni loca, esa mujer es insoportable, y tienes que tener cuidado con esa, ¿no hablaste mucho con ella o sí?

—No, lo normal —respondí confundido.

—Es de la que es capaz de inventar que la acosaste o algo, debes mantener distancia con ella, te lo advierto porque sabes que me caes súper.

—Ah, caramba, qué fuerte, no, normal, todo fue normal.

—Hablaré con Junior de logística para irme con ustedes, no quiero dejarte solo con ella, es mejor, lo hago por ti.




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