Vínculos del Alma

Capítulo 13: Raíces Ocultas

Un aire de expectación flotaba en el ambiente de Arunthel mientras Aina y Elián se adentraban más en los secretos que prometía el jardín del conocimiento. Habían experimentado la alegría, el dolor y la belleza del amor, pero la sombra de lo desconocido seguía acechando a la distancia, susurrando verdades en la bruma del pasado que aún no habían enfrentado. Esta vez partían hacia un nuevo reto, un descubrimiento que podía iluminar no solo el camino por delante, sino también las raíces de sus propias historias.

“A veces, el poder de la verdad reside en los recuerdos que hemos enterrado”, comentó Elián, su mirada determinada mientras avanzaban. “Hoy, nos enfrentaremos a lo que hemos dejado atrás”.

El camino ante ellos estaba bordeado de árboles ancestrales cuyas raíces se extendían como serpientes en el suelo, anclándose al corazón de la tierra. Aina sintió que la magia erguía las raíces, retumbando bajo sus pies, recordándoles que todo lo que vivieron estaba conectado a un pasado que aún no comprendían del todo.

“¿Qué encontraremos aquí?”, preguntó Aina con una mezcla de ansiedad y anticipación, sintiendo cómo la tensión crecía a su alrededor. La sombra del jardín se alargaba, atrayéndolos con la promesa de revelaciones.

“Lo que has dejado atrás en tu corazón, Aina”, respondió Elián, fijándose en el entorno. “Las raíces que nos nutren, pero también las que nos atan”.

Cuando llegaron a una pequeña colina, se detuvieron ante un gigantesco árbol, su tronco retorcido cubierto de flores que parecían brillar con la luz del sol. “El Árbol de los Recuerdos”, susurró Elián en un tono reverente, reconociendo la importancia de aquel lugar. “Se dice que quienes tocan su corteza pueden acceder a la esencia de su pasado”.

Aina sintió una llamada dentro de ella. A medida que se acercaba al árbol, las raíces emergían del suelo con gracia, mientras el aroma a tierra y flores las envolvía, dibujando una conexión que vibraba con sus pulseos. “Puedo sentir su energía”, dijo, acariciando el tronco con la mano. “Hay vida aquí, hay historia”.

“Las raíces son la memoria de la tierra,” explicó Elián, acercándose a su lado. “Si somos valientes, podremos descubrir lo que hay dentro de nosotros. Quiero que reconozcas cada parte de quien eres”.

Con un profundo respiro, Aina se preparó para lo que estaba a punto de suceder. “Estoy lista”. Con su mano en el tronco del árbol, dejó que la energía fluyera a través de ella. A medida que lo hacía, vio cómo las raíces comenzaban a brillar, formando un sendero que se extendía hacia las sombrías profundidades de la tierra.

“Permite que tu corazón lo sienta. Escucha lo que tiene que decirte”, instó Elián, su voz suave y al mismo tiempo firme.

Esa conexión brotaba dentro de ella, un impulso que la hizo cerrar los ojos. Las sombras comenzaron a girar a su alrededor, transformándose en las imágenes de su infancia. El árbol resonaba con la memoria, y Aina comenzó a ver fragmentos de lo que había sido su vida.

Un día cálido de verano se proyectó ante ella, donde una niña pequeña, con los ojos llenos de esperanza, corría a través de un campo de flores. Las risas flotaban en el aire, acompañando la imagen de su madre observándola desde la distancia, sonriendo con amor, pero en sus ojos había una tristeza latente.

“Así fue una vez”, Aina murmuró, sintiendo que el eco de su infancia resonaba en su corazón. “Todo parecía tan simple”.

Entonces, el recuerdo cambió, y Aina vio su madre con la mirada sombría, discutiendo con su padre, las palabras crueles cortando el aire como un cuchillo. “¡Siempre tienes que arruinarlo todo!” resonó la voz de su padre. Ese momento había sido un espejo distorsionado de los gritos y lágrimas, un eco de una imperfección que había decidido olvidar.

“Los recuerdos también pueden doler”, reflexionó Aina en el silencio. “Era una niña incapaz de entender…”.

La imagen se desvaneció, y su madre apareció de nuevo, pero esta vez, con una mezcla de alegría y tristeza. “Debes ser fuerte, Aina. El amor puede florecer incluso en tiempos de tormenta. No permitas que las sombras te oculten”.

Las palabras penetraron profundamente en su alma, y a medida que la memoria se deslizaba a través de sus pensamientos, Aina sintió que una luz comenzaba a encenderse en su interior. “El amor puede ser mi fuerza”, murmuró, dándose cuenta de la conexión que había en cada emoción.

Cuando sus ojos se abrieron, se dio cuenta de que estaba rodeada de una luz tenue que brotaba de las raíces del árbol. La energía pulsaba con fuerza, y conectaba con las raíces ocultas tanto de su vida como de su ser.

“Debemos hacerlo juntos”, dijo Elián mientras se acercaba y tomaba su mano, la energía de ambos fundiéndose en unidad. “Juntos enfrentamos nuestras raíces ocultas”.

A medida que Aina se concentró en la conexión entre ellos, las imágenes comenzaron a girar, trayendo visiones de nuevos desafíos y momentos de valentía en sus vidas. Vio la luz del amor iluminando cada situación, cada elección que había tomado, incluso las que había creído que eran errores. “Cada sombra fue una lección”, reflexionó, sintiendo cómo su inseguridad se transformaba en apertura y compasión.

“Igual que tú, tengo raíces ocultas que debo enfrentar”, admitió Elián, su voz llena de determinación. “Son recuerdos de mi pasado que, de alguna manera, aún están ligados a los desafíos que enfrentamos hoy.”

Aina miró a Elián a los ojos, viendo que la lucha por el crecimiento y la verdad resonaba de la misma manera en su corazón. “Sabes que siempre estaré aquí, ¿verdad?”

Elián sonrió, su mirada firme y sincera. “Y yo siempre estaré a tu lado. Somos un reflejo el uno del otro, nuestras raíces entrelazadas. Ahora, debemos desenterrar las sombras para que la luz brille en todo su esplendor”.

Con cada palabra compartida, la magia del árbol se intensificó, y las raíces comenzaron a brillar con una luz sabia. Con un gesto reverente, Aina y Elián se acercaron al tronco, dispuestos a enfrentar las raíces que cimentaban sus historias.




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