Vínculos del Alma

Capítulo 18: En la Oscuridad del Alma

La calma de Arunthel se desvanecía lentamente cuando Aina y Elián continuaron su viaje hacia el reino de las verdades ocultas. El brillo del sol había comenzado a ocultarse tras un manto de nubes grises, y un aire frío hizo su presencia, como un presagio. Era como si la naturaleza misma se alineara con sus propias inquietudes internas, recordándoles que tras cada luz siempre existe una sombra.

“¿Sientes eso?” preguntó Aina, sus sentidos alertas mientras un escalofrío recorría su espalda. “La atmósfera ha cambiado”.

“Sí”, respondió Elián, fijando la mirada al horizonte donde las nubes formaban un tapiz de presagios. “La oscuridad suele ser un signo de lo que está por venir. Es posible que enfrente la verdadera prueba de nuestra conexión”.

Las palabras resonaban en el interior de Aina, inquietándola. Sabía que había cosas en su alma que debía confrontar. La fragilidad del ser que habían explorado anteriormente ahora se sentía como una sombra latente, pidiendo la oportunidad de ser liberada.

“Lo que nos espera puede ser difícil de enfrentar. Pero hemos aprendido a abrazar la vulnerabilidad”, afirmó Aina, tratando de calmar las dudas que comenzaban a formarse. “Si enfrentamos esto juntos, podemos salir adelante”.

Así, se adentraron más profundo en el bosque, donde la luz se tornaba cada vez más tenue, y el susurro del viento parecía llevar consigo secretos que habían dormido durante demasiado tiempo. Según avanzaban, Aina podía sentir cómo la energía se transformaba, convirtiéndose en un peso palpable que dejaba una sensación de desesperanza en el aire.

Mientras cada paso los acercaba a la oscuridad inminente, Aina recordó los ecos de las voces en el laberinto de las sombras, la sombra de miedo que había tenido que enfrentar. Su corazón latía con fuerza, un recordatorio constante de que la verdad no siempre es fácil de aceptar.

“Estamos cerca”, dijo Elián, su voz, aunque firme, se percibía cargada de una inquietud subyacente. Las sombras a su alrededor parecían moverse, como si lo que habitaba en la oscuridad estuviera tomando forma, esperando que se acercaran.

“¿Qué si hay algo que no podemos enfrentar?”, preguntó Aina, sintiendo que la carga de la historia que llevaban comenzaba a crecer en la profundidad de su ser.

“No hay nada que no podamos superar si estamos juntos”, replicó Elián, apretando su mano. “La conexión que hemos forjado es más fuerte que cualquier oscuridad que aceche. Mantente cerca”.

Con el aliento entrecortado, Aina tomó un momento para calmar su mente, centrándose en la calidez de la mano de Elián. Era un ancla en medio de la tormenta, y en ese instante, sintió una oleada de resolución fluir a través de ella. “Voy a enfrentar lo que hay en la oscuridad del alma, incluso si eso significa ver lo que más temo”.

Finalmente, llegaron a un claro escondido donde la luz apenas se filtraba. En el centro, había un antiguo pedestal hecho de piedra cubierta de musgo, y en su parte superior yacía un espejo oscuro, opaco, encapsulando una oscuridad tan profunda que absorbía la luz a su alrededor.

“Este es el Espejo de la Oscuridad”, pronunció Elián, su voz reverberando con un aire de solemnidad. “Aquí es donde deberemos enfrentar las cosas que hemos mantenido ocultas, en el espacio dentro de nosotros donde ninguna luz entra”.

Las palabras hicieron eco en la mente de Aina, y la idea de enfrentarse a sus propios demonios la llenó de ansiedad. “¿Qué hay detrás del espejo?”, preguntó, sintiendo la sombra de la incertidumbre apoderarse de ella.

“Lo desconocido”, dijo Elián, sin apartar la mirada del espejo. “Pero también el camino hacia la sanación, el portal hacia la claridad que hemos estado buscando”.

Aina tomó un respiro profundo, tratando de calmar el temblor en su corazón, mientras avanzaban hacia el espejo. Era tiempo de enfocar su valía y autenticidad, de conectar con lo que realmente eran. Ella sabía que si querían avanzar, tendrían que enfrentar la oscuridad que habitaba en ellos.

Con un gesto decidido, Elián extendió su mano y se la ofreció. “¿Listos para enfrentarlo juntos?”, preguntó, su mirada llena de determinación.

“Listos”, afirmó Aina, la luz de su conexión reflejándose en sus ojos mientras se acercaban al espejo oscuro. Con una combinación de valentía y amor, juntos miraron dentro de la superficie oscura.

Al principio, no vieron nada. El espejo permaneció en silencio, reflejando solo la imagen de ellos dos. Pero poco a poco, la opacidad empezó a despejarse, y Aina sintió una oleada de emoción abrumadora surgiendo de su interior. Recuerdos comenzaron a aflorar como sombras la convergencia de sus oscuros miedos que borboteaban y emergían.

Las imágenes comenzaron a girar, revelando momentos que había tratado de olvidar. Vio su vida, su madre llorando, la decepción en los ojos de su padre, las risas ensombrecidas por el dolor, los secretos de su familia que atrapaban su corazón. La presión se intensificaba mientras las memorias regresaban a ella con la fuerza de un torrente.

Aina sintió lágrimas brotar de sus ojos. “¿Por qué no puedo dejarlo ir?”, exclamó, sintiendo el peso de la tristeza. “Incluso al ver la verdad, me atenaza”.

“Porque estas sombras tienen un propósito en tu viaje”, dijo Elián, su tono suave y lleno de entendimiento. “Son una parte de ti, pero no te definen. Permítete verlas; la sanación viene al enfrentar incluso aquello que duele más”.

Las palabras de Elián resonaban, y en busca de coraje, Aina decidió que no permitiría que los recuerdos la controlaran más. “Estoy lista para enfrentar mi dolor y dejar que la luz entre en mis heridas”, confesó, solamente al mirar el espejo.

A medida que la luz comenzó a fluir desde su interior, el espejo resonaba con fragmentos de amor y dolor, perdiendo su oscuridad. La energía destellante a su alrededor era impulsada por su deseo de curarse, y la conexión con Elián comenzaba a brillar intensamente junto a ella.




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