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Este capítulo especial tiene CONTENIDO SEXUAL EXPLÍCITO, incluyendo:
✧ Erotismo crudo: descripciones gráficas de intimidad sexual y anatomía.
✧ Lenguaje sexual gráfico.
✧ Coacción y manipulación sexual: consentimiento nulo o forzado para la actividad sexual.
Además contiene TEMAS SENSIBLES y DESCRIPCIONES EXPLÍCITAS relacionadas con:
✧ Suicidio: mención y descripción textual del aspecto físico de una persona fallecida por ahorcamiento.
✧ Body horror: deformaciones y daños corporales grotescos.
La lectura queda a discreción del lector.
Si eres sensible a este tipo de dinámicas o lenguaje, te sugiero leer con precaución.
Las situaciones y conductas representadas pertenecen a dramatización y ficción. NO constituyen una recomendación de comportamiento.

[...]
Acabo de salir de la ducha. La culpa de haberme masturbado me carcome el alma.
«¿Cómo un hombre como yo va a hacer tal cosa? Jonah... Él me gusta mucho… Pero me siento como un maldito animal en celo», pienso mientras me froto los ojos con absoluto cansancio.
23:45:14.
El reloj no miente, es hora de dormir.
Pero… Estoy completamente absorto en la imposibilidad de conciliar el sueño habiendo hecho una atrocidad tal como profanar la figura de Jonah en mi mente durante un desenfreno momentáneo.
Me recuesto en la cama, mirando al techo con los párpados pesados, me cubro con las cobijas hasta la cintura. Respiro lentamente, intentando descansar.
En un parpadeo...
23:57:00.
«¿De verdad? Maldita sea...»
Me incorporo levemente para alcanzar algo en la mesita de noche: el control del televisor está a mi alcance, así que lo tomo, enciendo la pantalla y lo arrojo a los pies de la cama.
«Cualquier cosa aburrida será suficiente para dormirme ya», pienso mientras suelto un suspiro largo cargado de frustración.
(Suena una música de cuerdas tensas y un pulso rítmico, profundo y atmosférico en el fondo. La imagen en pantalla muestra un bosque envuelto en una bruma densa bajo la luz de luna llena).
Narrador: En los márgenes de la psique humana y el folclore ancestral, existe una frontera invisible donde el deseo se entrelaza con el terror. La parapsicología y los estudios demonológicos han intentado catalogar durante siglos a los parásitos de la energía vital: entidades que no buscan el alma, sino el éxtasis y la vulnerabilidad del cuerpo.
(La imagen cambia lenta e intermitentemente a una recreación artística de un par de siluetas etéreas; una femenina y una masculina, ambas lucen seductoras entre sombras, pero con aspecto demoniaco).
Narrador: El Súcubo es la entidad más documentada; una manifestación de seducción femenina que acecha en la oscuridad del sueño, drenando la fuerza vital de sus víctimas mediante el orgasmo y la extenuación. Su contraparte masculina, el Íncubo, opera bajo una premisa similar, manifestándose como una presencia pesada y dominante que asfixia la voluntad del durmiente mientras consume su esencia.
(La música se vuelve más sutil, más inquietante; un sonido chocante que me hace confundir).
Narrador: Sin embargo, existe un fenómeno más complejo y difícil de clasificar… Los denominados Sóncobos. A diferencia de las especies anteriores, su existencia es un enigma científico; solo contamos con catorce registros históricos dispersos que describen un semi patrón alarmante. Estas criaturas no operan en el sueño profundo, sino en el estado liminal entre la vigilia y el letargo. Lo más perturbador no es su naturaleza depredadora, sino su capacidad de mimetismo: la víctima no ve a un demonio masculino o femenino, sino un rostro familiar, una persona conocida que habita la neblina de la conciencia para ejecutar un acoso sexual.
De pronto…
WOSHHHHHHHH…
Con molestia por el ruido repentino de la estática en el televisor, me levanto presuroso y lo apago.
Me acuesto nuevamente. Vuelvo a mirar el reloj, suspirando...
23:57:00...
«¿Qué?», pienso al notar que no ha avanzado...
Enarco una ceja. Mi mirada se desvía del televisor hacia el reloj digital. El display parpadea en una repetición infinita de ceros en el segundero, un bucle temporal que desafía la lógica más básica.
Frunzo el ceño, sintiendo una punzada de irritación en las sienes. Acudo a la pantalla del móvil, esperando encontrar un error en el sistema, pero la hora es idéntica.
— Maldita sea... — sentencio en un susurro amargo — Otra vez estoy teniendo un sueño lúcido...
No busco alguna otra explicación. El estancamiento del tiempo es algo completamente normal en disfunción del sueño. Algo también normal en mí.
Me recuesto sintiendo la tensión en los hombros, como si mis músculos fuesen a reventarse de la nada. Me posiciono de lado justo hacia el ventanal que da al jardín trasero de la finca, mientras el sonido sutil del reloj se acompasa con mi respiración.
«¿Por qué demonios sigo inmerso en el sueño?», me pregunto antes de comenzar a escuchar un leve crujido de la madera del corredor fuera de mi habitación.
«¿Huh? Es imposible que sea alguien del servicio, tienen prohibido subir a este piso por la noche...»