Vislumbre

CAPÍTULO 26: EL FINAL DEL LETARGO

Luego de convencer al guardia para que le diera el nombre del hospital, Charlotte fue, sin tener idea de cómo lograr que la dejaran ver a Claire, porque no era familiar de aquella mujer.

–Muchas gracias. – Dijo al conductor del vehículo que la llevó luego de bajar la silla y que ella pudiese sentarse en ella.

Charlotte miró sobre ella el nombre del hospital algo incómoda.

–Ah, sí lo conozco.

Al pasar, se acercó al punto de información y preguntó sobre "Claire" pero no recordaba su apellido, si se lo había mencionado, quizá varias veces, pero Charlotte no tenía una memoria privilegiada para ciertas cosas. De igual forma le mencionaron que no podían dejarle verla por lo que había pensado. Charlotte, entonces, decepcionada, se giró, pensó por un rato y iba a irse. Cuando estaba por salir, escuchó a unas personas preguntar por una tal Claire también, entonces, rápidamente se dirigió al pasillo de los ascensores, esperando a que aquellas personas la guiaran allí.

–Ahí vienen...

Eran cinco personas, una pareja y sus tres hijos, todos subieron al primer ascensor y Charlotte subió también. Estaba algo apretado, pero nadie se quejó con ella por su condición de salud. Al subir al sexto piso del hospital, bajaron todos, incluida Charlotte, quien en el pasillo, sacó su teléfono solo para disimular. Bingo, vio la habitación, ahora solo le quedaba esperar a que salieran y no hubiera ninguna enfermera por el lugar.

5 minutos más tarde

Para su sorpresa, la espera fue más bien corta, entonces tuvo el momento perfecto para entrar.

–¿Quién es? – Preguntó Claire algo cansada, un poco molesta.

–No pensé que te molestaría verme.

Los ojos de Claire se abrieron al ver a aquella chica.

–¡Charlotte! Ven aquí, ven, déjame abrazarte. – Emocionada le pidió acercarse.

–¿Qué pasó, Claire? ¿Por qué estás aquí? – Preguntó preocupada mientras le abrazaba desde su silla, y ella desde la cama.

–No es nada, cariño, solo es la edad. – Sonriendo, le respondió, evitando el tema. – Tú no te ves muy feliz de verme, ¿qué ocurre?

–No es nada, tampoco. Solo estaba preocupada, y no me gustan los hospitales.

–Oh, tranquila, cariño.

Claire pensó por un segundo en silencio.

–Siento haberte hecho venir aquí...

–Tranquila, lo que importa es que estás bien.

–Gracias cariño... Aprecio mucho que estés aquí. Pero, ¿Como conseguiste que te dejaran entrar?

–Bueno, en realidad solo seguí a la gente que estuvo aquí hace un momento porque de otra forma no habría podido, es una casualidad enorme que justo ahora hayan llegado.

–No es una casualidad tan grande como crees. – Dijo molesta.

–¿Por qué?

–Ellos solo quieren mi dinero. Como un monton de personas más, personas que apenas y sabía que existian, ellos quizá no sabian que yo lo hacía, hasta hace poco. – Claire miró hacia la ventana y siguió hablando. – Han estado viniendo desde entonces, solo esperan a que muera. Quieren mis cosas. – Su voz se agrietó y Charlotte sintió un golpe en el pecho. – No me molesta que las quieran, no me importa, pero... que me muestren una falsa conmiseración... solo esperan que yo... muera, odio que vengan, y no puedo decir que les daré las cosas para que no regresen, porque son muchjos distintos, y al final solo serían más problemas para mí.

–Lo siento Claire... Creo que es mejor no hablar de esas cosas. – Le ofreció como opción levantando la cabeza. – Sabes, tu me has ayudado muchas veces cuando he querido un consejo de alguien mayor, quizá es hora de devolverte el favor.

Claire rió y entonces Charlotte sacó de su bolso una baraja de naipes. Juntas jugaron un rato hasta que una enfermera entró. Claire arregló las cosas y le consiguió el permiso para entrar, entonces, jugaron y charlaron el resto de esa tarde hasta que la noche se levantó.

–Ya es hora de irme, Claire, ¿cuánto tiempo vas a estar aquí a todas estas?

–No lo sé cariño, me gustaría poder decirte que pronto e ir a comer otro dia, pero, no lo sé.

–Bueno, mañana tengo que salir con Edward, entonces vendré el viernes, Claire.

Claire sonrió.

–Vive tu vida, Charlotte, es la mejor decisión que puedes hacer.

Charlotte giró sus ojos evitando verla con una sonrisa en el rostro.

–Lo haré, gracias Claire.

EL DÍA SIGUIENTE

–Charlotte, hola.

Edward entró a la habitación, Mery no estaba y Charlotte estaba arreglando su cabello.

–¿Cómo te fue? – Preguntó ella poniéndose hebillas en el cabello.

–Bien, realmente por ahora no hay nada complicado en las clases, y ya quedan solo un par de ellas. – Riendo tomó asiento.

–Me alegra Edward. Pensé en que hoy podríamos ver la película que mencionaste el otro día, y luego a cenar en un restaurante asiatico que abrieron hace poco, se ve bien. No sé que pienses.

–¿Tu quieres ver esa peli?

–Bueno vi los trailers y se ve entretenida.

EN EL CINE

–"Si era tan aburrida como en los trailers..." – Pensó mientras comia un palomitas de maiz.

–Es muy bueno que este cine tenga lugares así para que entres en la silla. – Susurró él.

–Bueno, es verdad, esas sillas se ven incómodas.

Ella metió su mano en la caja de palomitas pero ya no quedaba ninguna.

–Carajó... – Se quejó en voz baja.

Edward la vió y tapó su boca para no reír.

–Puedes comer de las mias si quieres, comes demasiado rapido.

Charlotte cacheteó su mano.

–Eso es muy grosero. – Susurró. – Y tus palomitas son de caramelo, son demasiado dulces, no me gustan.

Edward la miró unos segundos.

–Está bien, pero apenas van veinte minutos de película. – Retandola, tomó una y la comió despacio.

Charlotte trató de evitarlo, fracasando tras dos minutos.



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En el texto hay: romance, romace drama, romcom

Editado: 27.03.2026

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