1970 – MINNESOTA
En una cama con las patas a punto de caer, entre el frío y el chillido de los cerdos, nació Mathew Schanz, hijo de Thomas Schanz y su esposa Elizabeth Smith, quienes habían tenido un matrimonio arreglado a conveniencia de ambas familias.
—Es un varón. — Exclamó una vecina que acudió al parto. — ¿Cómo van a llamarlo Thomas?
Thomas, quien estaba recostado en el marco de la puerta mirando hacia la sala de estar con los brazos cruzados y un cigarro en la boca, lo sacó para contestar totalmente desinteresado.
—Elizabeth.
—¿Sí, cariño? — contestó su esposa.
—Te dije que abortaras, los precios son cada vez más bajos. Ahora no quiero que todo este alboroto de un niño sea una carga más. — Thomas se puso su abrigo y salió sin antes escupir adentro de la habitación el humo que había adentro de su cuerpo.
...
—Lo siento Elizabeth... Pero, quizá en el fondo el tiene razón, no era el momento de que tú-
—Vete de mi casa, Ray.
Elizabeth tomó a su hijo de los brazos de Ray, su vecina.
—Agradezco tu ayuda, pero es suficiente.
—Ten una buena tarde. — dijo retirándose, dejando a Elizabeth a solas con su hijo.
Ella acarició el rostro de su niño, solo un bebé, con la piel tersa y blanca como la suya, con el cabello negro de su padre.
—Tranquilo, mi niño, yo siempre voy a estar a tu lado, y nunca vas a estar solo, porque yo te he amado desde el primer golpecito que me diste.
Allí, sola, pasó el resto de la tarde, recuperándose junto a su hijo.
—Mi Mathew.
Al comienzo de esta relación el beneficio económico fue increíble, sin embargo, la crisis agrícola de los 80 afectó duramente a los Schanz, y esto acompañado de la adicción de Thomas a la bebida y las apuestas, terminó dejándolos como una familia más, que vivía con lo justo a causa de los bajos precios hacia los agricultores. Tuvieron que desistir de su personal de limpieza, cuidado del campo, etc. y comenzar a hacerlo por su cuenta.
1975
—Mira Mat, toma el balde de allí y esperame con los cerdos, te mostraré como darles la comida. ¿Qué te parece eso? — Elizabeth se veía emocionada a pesar de estar tan cansada con las labores del hogar y las cosechas.
Mathew entonces tomó el balde, que era pequeño, para su tamaño, y fue a la parte de atrás de la casa, por un pequeño camino a través de árboles pequeños y arbustos, hasta llegar al corral de los cerdos.
—¡Hola! — Les dijo el niño.
Los cerdos chillaron.
—Qué lindos. — Mathew Rió.
A través de los arbustos, entonces, Mathew vio a su padre llegar al lugar; se veía cansado, con la ropa arrugada y un poco de vino en la camisa. Mathew no entendía por qué estaba así, y Thomas se sorprendió al verlo. Escuchando que la madre se acercaba, Thomas tomó un poco de barro y lo untó sobre la mancha de vino, luego sirvió la comida de los cerdos y pretendió enseñarle a Mathew cómo alimentarlos.
—¿Thomas? Deberías estar en el pueblo vendiendo.
—Hola Elizabeth, pensé que era buena idea... Pasar tiempo con el niño.
Eso conmovió el corazón de Elizabeth.
—Sé que las cosas van a mejorar, Thomas, deja esa ropa sucia en casa, yo la lavaré luego.
—Claro, solo después de terminar aquí. — El miró a Mathew y sonrió, luego volvió hacia los cerdos.
Algunos días pasaron con normalidad después de ello.
—Está bien, ya iré con la cosecha, nos vemos en la noche, Elizabeth.
—Adiós cariño.
Luego de cerrar la puerta, Thomas tembló un poco, aún sentía miedo por lo que pasó la última vez.
—Siento que las cosas mejoran, lo hacen, me siento un poco más viva aunque esté solo aquí en casa.
Elizabeth pasaba todos los días en casa, cuidando de ella, Mathew, las cosechas y los cerdos, mientras Thomas vendía los productos en el pueblo.
—Hola Tom.
Thomas levantó la mirada y de inmediato sonrió.
—¡Ray! — Exclamó levantandose de la butaca en la que estava para darle un beso en la mejilla. — Te extrañé este tiempo, siento no haberte visto, pero, casi me descubre.
—Yo lo entiendo Tom, pero, me gustaría que vinieras hoy a casa. Mi esposo tuvo que salir a Nueva York esta mañana y estoy muy sola.
Desde niños, Ray y Thomas, estaban enamorados.
—Me encantaría.
Y aunque en un principio Thomas y Elizabeth fueron obligados a casarse siendo desconocidos.
—Entonces te esperaré allí.
Elizabeth aprendió a amar a Thomas.
—No tardaré.
Thomas, no.
...
—¿Qué te parece la cena cariño? — Preguntó Elizabeth, ya en la noche.
—Está muy bien, pero, creo que tendré que comer luego. Nuestro vecino me pidió que le ayudara con unos temas en la casa, cosas de una nueva habitación que remodela.
—Cariño, pero ya es de noche, y mañana debes ir al pueblo de nuevo, dile que otro día puedes hacerlo.
—Elizabeth, ¿olvidas cuando él nos ayudó con el establo? No puedo ser tan desagradecido. No es un buen ejemplo para Mathew.
—Tienes razón... ¿Cuando regresarás?
—Probablemente mañana, si estoy muy cansado prefiero descansare allí para no asustarlos en la noche a ustedes.
Cegada por amor, Elizabeth creyó ciegamente en las palabras de Thomas, quien fue a ver a Ray, no solo esa, sino muchas noches más.
1983
—¡Elizabeth! — Gritó un hombre, desde la entrada a su huerto.
—Buenas tardes, ¿Bornthmouth, correcto?
—Si señora. Disculpe usted mi atrevimiento, pero, tenía algo que advertirle a usted.
—Digame sin peros señor.
El hombre, claramente apenado, tomó su sombrero en sus manos para hablar.
—Debo confesarle que su esposo le es infiel con su vecina, la señora Ray.
El rostro de Elizabeth se exaltó.