Vislumbre

CAPÍTULO 30: EL NUEVO MONSTRUO

—No sé siquiera cómo llegaste a ser mi hijo Mathew, me das vergüenza, mira cómo has vuelto, nunca serás como los demás de la familia. Nunca serás mi hijo. Nunca serás alguien que respeten.

Esas palabras retumbaron en la piel de Mathew, haciéndolo temblar dentro de sí, sin que pudiera evitarlo, quería hacerlo.

Luego de llegar a altas horas de la noche a casa, empapado de agua y sangre, sucio y con el cuerpo del venado, golpeó y su madre no tardó en abrir. Ella, aterrorizada, cayó al suelo al verlo y ver tras de él al venado.

—Ahí estás maldito mocoso. — Thomas dijo encendiendo un cigarro en la sala. — Escucha Mathew. ¿Tienes idea de cómo está tu madre? Que carajo pasa por tu cabeza? ¿Que mierda haces con un maldito Venado atrás de ti?

—No estabas en el bar. Tuve que venir aquí a entregártelo.

—Eres un maldito insolente, no digas estupideces carajo.

Mathew, totalmente disociado de la realidad por lo que había hecho, miró a su madre, aún aterrada, y luego a Thomas, y en un breve momento de lucidez comprendió lo que Thomas tramó. Eso fue incluso más dañino para él, por un segundo razonó todo, por un segundo giró a ver al venado, sus ojos en ese momento se abrieron de nuevo, como cuando lo vio en el bosque, pero ahora le había arrebatado la vida a alguien inocente, y fue en vano para él.

—Oye, Thomas. — En voz baja llamó a su padre mientras apretaba con su puño la pata del ciervo de donde lo tenía y lo trajo arrastrado.

—¿Crees que puedes faltarme al respeto inútil?

Elizabeth se quebró en el suelo.

—Esto es tuyo, imbécil. — dijo con una sonrisa macabra en el rostro tirándole la pistola a los pies.

El lugar se quedó en silencio unos segundos. Hasta que Thomas se levantó.

—¿¡Maldito hijo del demonio, crees que esto es gracioso!? — Gritó enfurecido acercandose a él.

Thomas sin dejarle contestar le dió un puño en el rostro que casi lo deja inconciente, cuando Mathew levantó su mano, Thomas la agarró y lo levantó, para luego lanzarlo adentro de la casa. La sangre del Venado comenzó a entrar a la casa, pues como Mathew lo traia agarrado de la pata derecha delantera, la sangre no habia podido derramarse del todo en todo el camino. Elizabeth quedó paralizada.

—Quién sabe a quién robaste esta arma y vienes a inculparme. ¿Cómo puedes hacerle esto a tu madre?

Con sus últimas fuerzas, Mathew vió a su madre, quien evitó sus ojos y en cambio miró a su padre.

No sé siquiera cómo llegaste a ser mi hijo Mathew, me das vergüenza, mira cómo has vuelto, nunca serás como los demás de la familia. Nunca serás mi hijo.

Esas palabras retumbaron en la piel de Mathew, haciéndolo temblar dentro de sí, sin que pudiera evitarlo, quería evitarlo.

Mi cuerpo está cansado, estoy cansado de estar abajo de todos, no quiero estar abajo de todos… Quiero que me respeten.

ENERO — 1987

Mathew siempre ha sido un chico problemático, lo he educado bien para que sea un hombre de verdad, sin embargo, me causa muchos problemas, es por esto que solicito que lo acepten en este internado, no puedo lidiar más con él, diecisiete años le he dedicado, y sin embargo, no me ha pagado como es debido, necesita una corrección de inmediato.

Firma: Thomas Schanz.

FEBRERO — 1987

Aquel lugar era el internado Fillman, a las afueras de la capital, y el aire frío movía fuertemente todos los arboles al alrededor. Mathew solo podía salir de la gran casa una hora por día, y no podía ver más allá de las rejas que lo separaban de la libertad y el castigo de su padre.

—Mathew, ¿verdad?

—¿Quién es usted? — Preguntó el chico soltando la cerca.

—En teoría soy tu tutor aquí, pues durante estos Dos meses meses no has tenido un gran avance.

Mathew nunca participó activamente en el internado a pesar de los castigos que se le impusieron, para este tipo de casos, el internado tenía especialistas preparados.

—No entiendo que está mal conmigo. — Decepcionado puso sus dedos en la gran reja de nuevo, luego de unos segundos mirando el suelo, vió hacia afuera.

—No deberías enfocarte en que está mal.

—¿Qué?

—Sino en que puede estar bien.

—Mi padre está mal, me envió aqui como capricho, manipulando a mamá. No he hecho nada malo… — El apretó la reja justo como lo hizo con el arbol.

—Veo que tienes un libro a tu lado, ¿qué es?

—Un libro sobre psicología.

—Si vienes adentro, podríamos charlar sobre psicología.

El cielo comenzó a gotear.

—Entremos.

Mathew entonces estuvo teniendo tutorías con el señor Spencer. Todo parecía ir perfecto, incluso eran buenos amigos muy rápidamente, era con la única persona que hablaba, incluso se ganó en ese mismo corto lapso de tiempo el cariño de gran parte del personal, era amable, ayudaba a la limpieza y en cualquier otra área, había dado un giro de 180 grados.

—Terminamos por hoy. Lees demasiado rapido todos estos libros.

—Debo ser mejor Spencer.

—Señor Spencer Math. — El hombre rió.

—Supongo que nos vemos mañana… — Mathew miró la mesa y golpeó en un mismo ritmo lento la mesa con su dedo.

—No, ah, olvidé decirtelo. Adelanté mis vacaciones. Prefiero salir con mi esposa cada Marzo porque todo está más solo, eso nos gusta.

Mathew dio un último golpe con su dedo en la mesa, empujaba tan fuerte que casi lo rompió.

—Espero que me traigas algo.

—Puedes estar seguro de que lo haré.

Mathew sonrió y le pasó su abrigo al señor Spencer.

—Acompañame a la salida, tengo un libro que regalarte.

Ambos caminaron hacia la salida del lugar.

—¡Mathew, Spencer! — Saludó la guardia de la puerta. — Supongo que como siempre has terminado y te vas con tu mujer.



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En el texto hay: romance, romace drama, romcom

Editado: 03.04.2026

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