Viviendo mi propia historia

Destino

LIANNA

—Esta es la segunda vez, será mejor que no te acerques tanto a él —recomienda Wiliam.

​Eso no es fácil. Para nada fácil.

​—Pero si no estoy cerca de él, no podré traer fotografías —puntualizo.

​Él levanta el dedo apuntando hacia mí, asintiendo repetidas veces con la cabeza.

​—Tienes razón —habla rodeando el escritorio y tomando asiento atrás de la mesa, frente a mí—. Debes de estar cerca, pero no como fotógrafa.

​—Mejor dicho, acosadora —murmuro aburrida y molesta con mi puesto.

​—Sí, exacto.

​Me enderezo en mi silla, colocando mis brazos sobre la mesa y observándolo mientras él se queda callado pensando. Ojalá piense en cambiarme de puesto y darme uno de una verdadera fotógrafa.

​—¿Sabes qué harás? —habla fuertemente, haciendo que me asuste por su tono. Lo escucho reír divertido de mi reacción—. Antes de que preguntes, lo pensé tres veces y siento que es buena idea. Él te conoce con peluca y sin peluca como una fotógrafa que está casada, así que no habrá sospechas si tú comienzas a acercarte a él. Vuélvete su amiga, pero a escondidas seguirás tomando fotografías como toda una paparazzi.

​—No comprendo por qué debo de acosarlo —murmuro cansada de todo esto.

​Me siento fatal de seguirlo todo el tiempo, de que él sienta que alguien lo observa cuando no ha hecho nada malo más que ser guapo, famoso y un gran actor. Me imagino que ha de tener millones y también besar muy bien... La verdad, sí sabe, pero sé que eso es por sus escenas románticas.

​—Sí, es estresante, pero así es la vida de ellos —confiesa ordenando los papeles que antes estaban desordenados en la mesa—. No te sientas mal.

​—Pero estoy haciendo algo mal —respondo ayudando a ordenar.

​—No es así, es solo que...

​—Lo estoy haciendo —interrumpo molesta de todo, especialmente de mi situación tan vergonzosa—. Invadir su privacidad, seguirlo todos los días, acercarme a él y tomarle fotos sin su consentimiento.

​Y un beso, pero no debo mencionar eso.

​—Nada. No hay peros. Yo cometí un grave error por firmar un contrato el cual pensé que era para ser fotógrafa de sus modelos, no que sería una acosadora desquiciada.

​Arrastro la silla hacia atrás causando un ruido molesto, tomo mi cartera y sacudo el polvo de mi pantalón de tela negro.

​—¡Hey! Debes calmarte —pide moviendo las manos hacia abajo. Dejo salir el aire pesadamente mientras dirijo mi vista al suelo.

​No es culpa de él. La única tonta soy yo, y la razón por la cual mi situación es estresante es mi tonta manera distraída de ser.

​—Lo siento, estoy estresada. Sé que no tienes la culpa, siento levantar el tono —me disculpo levantando la mirada. Él me sonríe cálidamente—. Debo de irme, me siento muy cansada.

​—Está bien, nos vemos mañana.

​—Hasta mañana.

​Comienzo a caminar arrastrando mis pies hacia la puerta. Mi desgaste emocional es más grande que mi cansancio físico; siento que mi cabeza va a explotar en cualquier momento. Los ojos son lo peor; creo que si alguien más me ve, pensará que soy un zombie andante, pero no me importa.

​Empujo la puerta y el abrasador viento frío de la noche me envuelve. Inhalo fuertemente robando el refrescante aire, haciendo que poco a poco mis músculos antes tensados se relajen. Camino disfrutando del viento frío.

​—Esto es lo que necesito —murmuro satisfecha, abriendo la puerta de la camioneta y subiendo a ella.

​Jamás pensé que besaría a alguien famoso; peor aún, a alguien que he visto actuar en tantas películas. No, no, no... nunca pensé que besaría a un hombre como él: ojos brown, guapo y, para rematar, millonario.

​Lo espero como toda una enamorada. Me deja ver sus escenas a metros de mí, aunque se sienten como si fueran kilómetros. Él está ahí, tomándole la mano a otra, como siempre. No tengo idea de qué trata su película, pero soy afortunada de poder ver cada toma, aunque a veces sea agotador sentirme presionada por mi propia moral y mi ética.

​Me abrazo a mí misma, invadida por un cansancio absoluto. A lo lejos, veo cómo él sube a su camioneta negra y comienza a alejarse. Como siempre, lo sigo. Nunca imaginé que pasaría tanto tiempo de mi vida siguiendo a una persona de la cual ni siquiera debería conocer su intimidad. Pero ahora soy la primera interesada en lo que hace, lo que deja de hacer o lo que piensa. No me quejo, la vista es buena.

​Observo cómo entra a su departamento y, finalmente, el sueño me gana. Termino durmiéndome en el auto y, en mis sueños, lo único que logro ver es su rostro. No quiero pensar en que esto está mal; es guapo, sí, pero él me odia... de eso estoy muy segura.

Tom

​Desde mi ventanal observo a esa camioneta negra. Sonará loco, pero en mi situación no es tanto: sé que esa negra me ha estado siguiendo por días. Aunque me digan que debo dejarlo pasar, me resulta inevitable no fijarme y estresarme por ellos; los paparazzis.

​En ese momento me cae una notificación al celular. Lo saco lentamente del bolsillo trasero de mi pantalón, enciendo la pantalla y ahí está la gran noticia del día. Mi nombre en letras grandes junto al de ella, con una foto donde estamos tomados de la mano. Parecemos la pareja perfecta.

​Después de todo tienen razón: tenemos una química que traspasa las pantallas. Sonrío de lado; somos una gran pareja... en la ficción.

​Pero de todas las veces que nos graban, hay un momento que me ha dejado marcado por una extraña razón: el beso de esa chica loca que me besó para luego salir huyendo. Parece una Cenicienta, pero no dejó ninguna pista. Lo único que sé es que siente algo por mí, o al menos está muy interesada.

​Lo que me dejó no fue una zapatilla de cristal, sino un beso robado; una sensación en mis labios que no he logrado quitarme del todo y que, siendo sincero, no quiero quitarme.

​Es estresante tenerlo todo en las manos y, al mismo tiempo, no tener nada bajo control. Tengo una vida cómoda, pero no es tranquila ni armoniosa. Me alejo del ventanal y me dejo caer con fuerza sobre las sábanas de mi cama. Mi cuerpo se hunde mientras cierro los ojos intentando descansar.




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