Giselle.
Me fui de Edina para alejarme del chisme, pero no se podía.
Guarde el movil en mi bolsillo en cuanto vi la parada cerca del piso. Solo fue cuestión de un minuto vibró.
Me senté junto a una banca, saque el móvil y había una sola palabra.
Mamá.
Respire hondo un par de veces antes de contestar.
—Giselle, cariño – ni siquiera me dejo saludar – ¿Porque no respondes?
Preferí ahorrarme mi comentario. Evitar el conflicto es lo mejor.
—Solo llamaba para recordarte la cena de Acción de Gracias. Este año debes venir porque es importante. – su voz sonaba tan impecable como siempre.
Habían dos grados de importancia en mi familia. Nivel uno : reunión familiar en casa de mis abuelos. Nivel dos: Mi madre, Charlene Caviglia, queria lucirse ante sus amistades.
Acción de gracias lo típico un discurso, la cena y luego cada uno para su casa después de los regalos.
La palabra importante venía con algo más.
— Lo sé, mamá. Estaré ahí.
—Te enviare tu boleto de avión y los detalles de la cena. – su tono cambio – Celeste usará las medidas del vestido de abril. Debes estar a la altura de esta cena.
Como siempre mi madre ya había planeado todo. Esta llamada solo es nota informativa.
—De acuerdo.
—Tu padre también quiere verte. Adiós.
Quiere verme para persuadirme con la idea de regresar a casa.
Una llamada que no duró mucho más de dos minutos. Pero los suficientes segundos para recordarme que, aunque estuviera en Eugene, Edina no estaba lejos para envolverme con su control.
Me quede un rato más en la banca tratando de recuperame de esa llamada. Praticamente tenía menos de un mes para mentalizarme y practicar mi sonrisa «diplomática y amable».
Abri la puerta esperando silencio...pero encontré todo lo contrario, mis amigos reían estaban cartas sobre una de las mantas.
Vi a Caleigh mucho más animada que cuando me fui esta tarde. Le hizo bien pasar la tarde con Aubrey y Jackson.
—¡Miren quién llegó! —dijo Aubrey.
—Nuestra proveedora oficial de palomitas —añadió Jackson.
Ambos chocaron los cinco.
—Hoy no hay palmitas, en su lugar traje chuches —respondí dejando mi bolso.
Sonreí como cuando Jackson vino y me abrazo. Lo necesitaba.
— Pasamos todo el día aquí ¿y si salimos a caminar? —propuso Jackson—. Necesito aire.
El plan suena bien asi que aceptamos de inmediato. El mundo no se acabará si hoy me duermo tarde y el departamento es una leonera.
El aire frío de la noche nos despejó al instante. Caminábamos sin rumbo fijo, hablando de tonterías, cuando creí ver a alguien. ¿Quién viene al parque a esta hora? Nosotos porque nos pilla cerca de casa...
Jackson que iba a mi lado se percató de algo también y rodeo los hombros de Caleigh.
Seguimos avanzando y en una de las bancas estaba Hayes con una chica.
Dar media vuelta y evitar que Caleigh lo vea era casi misión imposible.
Silencio entre ambos extremos.
Caleigh se tenso un pelin, pero eso no la detuvo ni a nosotros que estábamos a su lado.
Hayes nos vio. El momento incomodo como si fuera el protagonista de este cuadro dónde nadie sabe que hacer.
—Sigamos – murmuro Caleigh
Y eso hicimos. Pasamos de largo como si él fuera solo un desconocido más en un parque.
Pero el ambiente cambió un poco después de eso.
No nos arruinó la noche, en su lugar fuimos a cenar en un restaurante Thai.
Hay cosas que no desaparecen tan rápido, pero de algo estoy segura es que si te rodeas de la gente adecuada duele menos.
Jackson y Aubrey se marcharon a casa ya que no había suficiente lugar para dormir. Dormir en el suelo del salón estaba descartado para prevenir futuros dolores de espalda.
Nos fuimos dormir casi a media noche entre que limpiamos un poco el salón y a mi me falto terminar un ejercicio de Marketing.