19 Octubre.
Giselle
Los martes siempre empezaban igual. El despertador sono a las 6:50 y por primera vez Caleigh no vino a apagar mi despertador. No me molesto despertar antes de la alarma, lo cual era muy sospechoso.
Me quede unos segundos mirando el techo e intentando recordar la razon de mi buen humor. Nada extraordinario solo la sensacion ligera.
— Gigi, si no te levantas voy a usar tu shampo caro – grito Caleigh desde el pasillo.
— ¡Ni lo pienses ! – respondi de inmediato.
Sali de mi cama y fui directa al baño antes que cumpliera su amenaza. Con eso de « shampo caro » de aloe vera que huele delicioso y para mi suerte la ultima vez casi no lo encuentro en el super.
Vuelta al presente. Si, compartir piso es un deporte de alto riesgo.
— Buenos dias – saludo Caleigh desde la cocina cuando llegue ahi.
El olor del café mezclandose con el de las tostadas y un vaso de smoothie.
— Buenos... ¿por qué estas tan feliz? – tenia curiosidad.
— Porque hoy no hay drama – respondio y dio un sorbo a su taza – Un nuevo dia para escribir una nueva historia.
Despues de la caminata de anoche y la cena tailandesa, el ambiente en casa habia vuelto a su vibra habitual. Ver a mi amiga sonreir otra vez ya era una victoria.
— Lo confirmo . ¿que hora es?
Estabamos demasiado tranquilas.
—Lo suficiente temprano para no salir corriendo.
— No exageres – ambas nos reimos.
Caleigh dejo una taza frente a mi.
— Te hice café – la mire raro – Solo quiero evitar que te quedes dormida en clase... otra vez.
— Solo fue una vez – me defendi.
— Gigi, fueron tres – corrigio ella.
Bueno dos de ellas por acompañar a Caleigh a una de las fiestas de Hayes. No iba a arruinar el buen humor de esta mañana.
Desayunamos y salimos juntas hacia el campus que por cierto esta especialmente animado esta mañana.
El aire seguia siendo frio, el sol se colaba entre los arboles teñidos por esa naranja otoñal y el cesped que todavia conservaba el brillo de la lluvia de la noche anterior. Eugene tenia algo especial en esta época.
Jackson nos alcanzo antes de entrar al edificio donde tenemos clases.
— ¿Listas para sobrevivir al profesor Monroe? – pregunto él.
— Nunca se esta preparado para Monroe – respondio Caleigh.
Aubrey habia llegado temprano y saludamos brevemente, teniamos nuestros lugares de costumbre. La clase transcurrio entre apuntes, ejemplos y algunas diapositivas. Cuando termino los chicos fueron a la biblioteca para adelantar un trabajo en su hora libre y en mi caso el momento perfecto para comprar una infusion.
La cafeteria del campus estaba llena, que estuviera vacia seria una sorpresa. Mientras esperaba mi turno queria escuchar musica pero mis cascos decidieron esconderse.
— ¿Giselle?
Reconoci su voz en cuanto pronuncio mi nombre, Adler.
Solo dos personas habian entre él y yo.
— Hola... – mi reaccion decia mucho, prometo que quiero ser cordial.
El salio de la fila y se acerco. Bueno, mi infusion tendra que esperar. Nos apartamos de la fila para no molestar a los demas.
— Bueno... ¿trabajas hoy? – pregunto, metiendose la manos en los bolsillos.
No entendia nada,porque mis conversaciones con Adler solo eran cortas.
— Si, en la tarde.
Asintio, como si confirmara mi respuesta.
— Perfecto – dijo – Solo si tu quieres ¿ podriamos ir por un café?
— ¿Un café? – señale la fila.
— Si eso, un cafe. – parecia nervioso – Quiero disculparme al menos por mi actitud y no debi dejar que Hayes le hiciera eso a Caleigh. No hice nada para impedirlo.
Lo observe un momento. Adler parecia sincero y pedir perdon para aligerar ese peso.
— No creo que sea una buena idea.
Adler no pudo ocultar la decepcion.
— ¿Por que?
— Porque no tienes que disculparte conmigo – su expresion vacilo – Le debes una disculpa a Caleigh.
— Lo sé – admitio en voz baja – Solo pensé que...
— Si de verdad lo lamentas, empieza por ella – él asintio – e intertar ser amigos no funciona asi.
No quiero ser cruel pero debo ser realista.
— La confianza no aparece por decir « lo siento » ¿ verdad? – dijo – Mi abuela tenia razon...
— Es algo que se construye con el tiempo.
No era un no definitivo, pero tampoco era un si directo.
—Supongo que me lo merecia – solto una pequeña risa, mas resignada que divertida.
— Probablemente.
Durante un instante ninguno dijo nada aunque estabamos bloquenado un poco el paso a la otra caja que apenas habian abierto.
— Sera mejor que vuelva a clases – dije, volveria mas tarde.
— Gracias por escucharme, al menos.
Solo asenti y le di una sonrisa, él regreso a la fila. Antes de salir de ahi le di una ultima mirada. Adler observaba el suelo.
Algunas disculpas no sirven para aliviar la conciencia, al menos él lo intento a diferencia de otra persona.
Tenia esa necesidad de escuchar musica para relajarme un poco y pensar si debia contarle a mi amiga sobre esta conversacion.
Mis cascos seguian sin aparecer quizas los deje en casa. Muy mala idea buscar algo en medio del pasillo porque alguien choco conmigo , si muy cliché.
— Lo siento – al menos se disculpo.
Solo me aparte.
— ¿ Giselle? – levante la cabeza y ver quien era.
Pense que Adler me habia seguido asi que era obvio buscarlo y en mi campo de vision aparecio Jasper, el chico del cine. Llevaba una sudadera gris con un pequeño dibujo y una mochila colgada de un hombro.
El mundo es un pañuelo.
— Hola.
— Al final pude reconocerte.
— Supongo que el uniforme del cine no ayuda mucho – una risa nerviosa por mi parte.
— Esto ...no.
Ese pequeño silencio que no era incomodo.
— ¿Tambien tienes clases por aqui? – pregunté.
— Comercio Internacional.
Asenti, eso explicaba el haber coincidido en este edificio.