Hoy me desperté “normal”, como hubiera dicho ayer antes de que todo pasara, y aquí estás tú de nuevo, pidiendo disculpas, justificándote en fantasmas que no existen, en cosas que no pueden ser tomadas como justificación.
Te excusas en las mismas cosas, dices las mismas palabras que escuché la vez anterior, y también la anterior a esa misma. Tal vez será algo que escucharé siempre, sin creerte, sin tomármelo en serio nunca más, pero decido escucharte, sin evitar pensar que algún día se arreglará.
Me dices “te amo” y pienso que todo se arregló. Me abrazas y vuelvo a creer en ti, porque así soy yo, para que luego digas que te guardo rencor. Soy alguien malo a tus ojos, porque me doy cuenta de cómo eres en realidad, porque ya no te creo de verdad, porque contesto cuando lo haces mal, ¿y aun así me dices que guardo rencor?
Prometes y dices cosas, nunca las cumples, haciéndole daño a quien supuestamente amabas con tu alma entera. Eso me hace pensar: si tú no fuiste capaz de cambiar por mí, ¿quién lo hará entonces en mi vida? Tú, siendo de mi propia sangre. Todo para ti tenía mucho más valor que tu familia, todo lo material te importaba más.
Nos perdiste, y aun así seguiste igual.