
Maia Beltrán.
Siempre he querido ser la mujer perfecta para él, desde que eramos adolescentes buscaba verme complaciente, inteligente pero no demasiado para hacerlo ver como un tonto, delicada pero no lo suficiente para que el crea que era de cristal, cuando me vio por primera vez creí que estaba en el cielo, sabes esa extraña sentación de que has alcanzado eso que creias imposible y de pronto siente que puedes alcanzar todo lo que te propones.
Que lejos hoy vivo de esos días, por más que sea mi esposo, no recuerdo la última vez que vi ese brillo especial en sus ojos, o siquiera la última vez que me ha dicho un simple te amo, asi sea por compromiso, hoy todo es una constante rutina.
Miro de reojo el tatuaje en mi muñeca, la mitad de un corazón y su nombre, ese fue mi regalo de dieciocho años para él, entregarle la mitad de mi corazón, he estado pensando en cubrirlo a ver si él siquiera nota la diferencia, pero temo descubrir no lo noté y finalmente entender que con el tiempo solo me he transformado en un decorativo más de esta casa.
El tintineo del cristal al chocar contra la copa de whisky resonó con elegancia en el estudio, desde el pasillo de la casa principal de la finca Vega, mientras Thiago tiene una noche de tragos con sus socios y amigos, yo me concentro en regar el jardín descalza apareciendo la suave brisa del verano. Olvidé mi teléfono en la mesa auxiliar de la sala justo a un lado del estudio, ante esto no tuve otra opción que dejar de regar las plantas y calzarme nuevamente con mis tacones para ir por él, no quería que sonara e interrumpiera la noche de Thiago, las voces en el interior me obligaron a contener el aliento.
—No me malinterpretes, Carlos —la voz de Thiago era tranquila, empapada de esa seguridad arrogante que a mi tanto me había gustado en el pasado—. Maia es una mujer maravillosa, la esposa perfecta para eventos de caridad, cenas familiares e incluso para mantener toda la casa en orden. Pero de negocios no entiende un solo número, además hemos caído en una rutina tan patética, que hay veces que ni noto si está o no en la casa, hay dias que solo quiero escapar tan lejos que ni mi nombre recuerde.
Sentí una punzada fría en el pecho. Di un paso hacia atrás, ocultándome en la penumbra.
—Aun así, es la única heredera del grupo Beltran, Thiago —respondió su colega—. Si su padre decide intervenir...
—El viejo Beltran está retirado en Suiza y Maia hace exactamente lo que yo le digo que haga —interrumpió Thiago con una risa sofocada—. Firma lo que le pongo enfrente sin leerlo. La empresa funciona porque yo la mantengo a flote desde la dirección regional. Ella solo aporta el apellido; el cerebro de este matrimonio soy yo.
—¿Aún estando tan aburrido de ella no has pensado en serle infiel?
No me atreví a escuchar la respuesta.
Apreté los puños. Clave mis uñas en la palma de una de mis manos, pero no solté una sola lágrima. El dolor se transformó en un hielo glacial en cuestión de segundos. Me giré sobre mis talones y caminé en silencio hacia el ala principal.
Durante dos años había mantenido un perfil bajo, rechazando los puestos ejecutivos que mi padre me ofrecía para no eclipsar la carrera de miesposo. Le había permitido creer que él era el pilar de mi vida. Qué error tan absurdo.
Esa misma noche, mientras Thiago dormía a su lado confiado en su propia superioridad, Termine de empacar una sola maleta. Llame a un único número.
—Papá —hable con voz firme por el teléfono—. Acepto la propuesta. Quiero la Dirección General y el paquete accionarial mayoritario. Mañana a primera hora, voy camino a tu departamento, avisa por favor para que me reciban.
Lo mire por última vez, a aquel hombre que lo volví el centro de mi vida y aún así no le importo.
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Editado: 01.09.2026