Ya no seré tu esposa perfecta.

8.

Maia.

El silencio se vuelve un eco a través de mi departamento.

Me trae a esa realidad que no estoy terminando de acostumbrarme, a la soledad.

Me lleva a esos recuerdos de la niñez perdida, tantas noches donde solo debimos ser mi padre y yo, pero al final del día solo era mi niñera, un custodia y yo, porque mi padre estaba en una reunión de negocios, como siempre, hasta el día de hoy, no he tenido un solo día donde su día sea dedicado a mi, nunca he sido su prioridad, ni los días de mis cumpleaños, ni mis graduaciones, ni el día de mi matrimonio, ni siquiera el dia de mi divorcio, siempre algo ha sido más importante que yo, igualmente reconozco que ha sido un gran padre, aún estado lejano siempre ha estado ahí de alguna forma para mí, fue la persona que me rescato de mi esposo aun cuando no se encontraba en la ciudad, envío a alguien por mi, en mi graduación no estuvo presente pero envio a mi madrina quien vive a unas cuantas horas de aqui para que sea quien me de el abrazo que tanto necesitaba, en mi boda cuando no pudo acompañarme al altar fue quien me entrego el dia antes la alianza de mi madre y la suya para llevarlos conmigo en un colgante en mi camino al altar, para muchos mi padre me ha mantenido en su vida como una extraña, algo que para mi no es así, porque solo yo soy capaz de ver que él siempre de alguna forma esta, no puedo juzgar a la persona que perdío a su esposa dejandolo con una pequeña niña a su cargo.

Mi teléfono vibra sobre mi cama.

Me acerco sin mucha prisa, siendo alumbrada por las luces bajas y un par de velas que encendí para intentar conectar con la poca paz que vive en mí, desde que mi cabeza es un lío entre lo que quiero, lo que deseo y lo que obtengo.

“¿Te has estado divirtiendo con Dimonti?” —no tengo agendado el numero pero lo reconozco a la perfección.

Lo dejo en visto, y no tarda en llegar otro mensaje.

“Estoy camino a tu casa, abre o conoces una versión de mi que no quieres conocer.”

Vuelvo a leer el mensaje y desde mi teléfono le quitó la traba al portón principal.

—Ven si te atreves, pero no encontrarás a quién estás buscando. —murmuro para mí misma.

Me observo en el espejo, y no reconozco a la esposa de Thiago Vega, veo a una mujer que se ha preparado para ella misma, vestido de seda a juego con una bata negra.

Suspiro para mi misma.

—¿Por qué me haces todo tan difícil?

Mi libertad no debería de tener un costo, mi elección debió haber sido demasiada mala para que al día de hoy me esté costando tanto divorciarme y recuperar mi libertad de una buena vez, no entiendo como le entregue todo a la persona incorrecta, no entiendo como no he sabido ver a la persona que se está mostrando delante de mis ojos.

Veo a través del gran ventanal la lluvia golpeando con fuerza, mientras yo me aferro a mi misma cuando veo un gran relámpago iluminar toda la habitación.

Las tormentas eléctricas siempre me han dado miedo, por alguna razón tengo el recuerdo de una escena que mi padre asegura que no es real, pero ser arrastrada por la corriente en una inundación, un día muy lluvioso, ser empujada por mi madre a una especie de bote, y ser deslizada por la corriente, mientras ella corre en otra dirección, mi padre siempre me ha asegurado que eso no es más que una pesadilla que he tenido desde niña, pero no lo se, siempre que llueve me hace llevar a esa escena y mi cuerpo se congela.

Incluso mi psicóloga cuando le he mencionado esto le ha resultado extraño porque tampoco debería ser un trauma por el fallecimiento de mi madre, porque ella falleció a causa de una enfermedad, estaba en el hospital yo recuerdo haber ido a verla una vez en el hospital, le deje un ramo de margaritas de nuestro jardín, ella se encontraba recostada en la cama dormida, mi padre me decía que ella se estaba por ir, que debía despedirme, mientras yo solo la miraba sin entender, porque no le veía heridas, y no la había notado enferma en ningún momento.

Cuando crecí mi padre jamás me explico demasiado, siempre hablar de ella nos hace daño, por lo que aprendí a vivir con las preguntas para no sufrir con las respuestas.

Si no fuera por esa escena del río, la tormenta y la balsa no tendría tantas preguntas, pero con cada lluvia esa escena viene a mi, y no es en forma de pesadilla, sino como si fuese un recuerdo.

Mi teléfono recibe una alerta de proximidad.

Me sirvo una copa de vino antes de ver que se trata de Vega, ajusto mi bata, realmente no es porque me importe que me vea es decir, no es la primera vez que me verá con poca ropa, no por nada es mi esposo, pero no quiero que tenga siquiera el menor pensamiento de que estoy vestida para él.

Le abro la puerta cuando escucho el timbre.

Su cabello desarreglado, y algo mojado por la lluvia, su camisa algo arrugada con pocos botones prendidos y sin rastro de corbatas, pantalones sencillos, esa es la primera imagen que tengo de él en cuanto abro la puerta.

—Buenas noches. —lo saludo por mera cortesía, le doy paso a mi casa.

Una vez que entra cierro la puerta y activó el código de seguridad de toda la casa nuevamente.

Probablemente no sea necesario activarlo siendo que el peligro más grande para mí acaba de entrar en mi casa, pero estoy sola como todos los sábados y no quiero que esta rutina que he construido para mi misma sea la ventaja para dueños de lo ajeno.

—Dime Vega, ¿en que puedo ayudarte?

Su mirada se encontraba fija en mí y en nada más que en mí, pero bajo ninguna circunstancia me dejaría intimidar por su mirada lasciva.

BUENAAS BUENAAS PRIMERA PARTE DEL MARATON DE HOY, aqui trabajamos a voluntad del lector, asi que haganme saber casi a los gritos si es que quieren la segunda parte para cuando, ya sea comentando o votando, porque los noto algo desaparecidos hoy, ajjajaja pero aqui estoy yo un domingo dando todo de mi para ustedes, asi que espero sus comentarios y votos si quieren que sigamos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.