Ya no seré tu esposa perfecta.

9.

Maia.

Su mirada no me incomodaba para nada, puedo decir que incluso me sorprendida que fuera capaz de mantener su mirada en mí.

—¿A qué has venido? —le preguntó tomando asiento.

—¿No me invitaras con algo para beber? —un segundo es lo que me toma pensar en que tan correcto seria, me llega a cansar lo idiota que es, pero no temo de él de ninguna forma.

—Sirvete si quieres, no eres mi invitado como para querer complacerte.

Me miró un segundo antes de sonreír.

—¿Estás aprendiendo a dejar de ser la chica complaciente? —habla mientras se sirve de la mesa del licor un vaso de whisky.

Mira con cierta sutileza la sala de la casa.

—Es extraño, no recuerdo haber venido a esta casa en mucho tiempo. — dice mientras observa con detenimiento para luego centrar su atención en el sillón que tenía una manta.

—¿Puedes decirme a qué has venido? Ya es tarde. —le recuerdo.

—Quiero mi respuesta. —dice acercándose a mi.

Niego para sonreír de lado.

—Mi respuesta es que no, no voy a mentirte de ninguna forma haciéndote creer que volveré contigo, porque eso por mi propio bien no va a suceder, ya he aprendido a no caer ante tí.

Su mirada estaba en mi, pero era suave, para nada intensa.

—¿Por qué te fuiste? Hubiera preferido que me gritaras, me insultes, e incluso que destroces todo antes de dejarme así, sin poder darte siquiera una explicación de lo que sucedió.

—¿A eso has venido? Vete, no quiero discutir eso ahora. —le digo poniéndome de pie.

—¿Por qué no está Dimonti? Somos esposos, este tipo de conversaciones tendríamos que tenerlos solo tú y yo, sin intermediarios.

—Él no es mi intermediario, simplemente él si está de mi lado, no busca manipularme para quedarme contigo.

—Yo no intento manipularte, solo quiero que hablemos, dime ¿por qué no puedes perdonarme? Se que fui un idiota, pero no creo haber hecho algo lo suficientemente grave para que desaparecieras de mi vida como si fuera un criminal del cual quieres huir, yo solo quiero entender, se que escuchaste algo que yo estaba hablando con los chicos, pero quiero que entiendas y me entiendas que yo no busque dañarte.

Miro mis uñas.

—Tranquilo, me abriste los ojos.

Intentó acercarse a mí, mientras que yo solo retrocedí.

—Deberías irte. —le recuerdo. —No son horas para que tú estés aquí.

—No me iré, hasta que me asegure que duermas en tu cama, he visto la tormenta y podrás juzgarme de cualquier tipo de cosas, pero jamás olvidaré que no puedes dormir con las tormentas como estás si estás sola.

—Estoy bien. —miento.

Me estudia un segundo que parece eterno antes de volver a hablar.

—Esa manta en el sillón, el vino y tus ojos no dicen lo mismo, el recordar estas cosas son de las que diferencia a tu amigo Dimonti de mi, porque yo conocí tus miedos siendo tu esposo, no solo escuchándote hablar y viendo a través de tus ojos, me abandonaste porque me amabas, te fuiste sabiendo que esa seria la unica forma de poder estar en paz contigo misma, ¿sabes porque sé todo eso?

Niego.

—Lo se, porque yo se cuanto me llegaste a amar, porque yo te amo con esa misma locura, y se que jamas lo demostre, pero algún día entenderás y aprenderás a ver realmente el tipo de mundo que te rodea, y se que solo ese día entenderás cómo fue que llegamos hasta aquí.

No entiendo absolutamente nada de lo que me habla.

—¿Por qué no eres claro?

Vega niega.

—No soy yo quien debe comenzar a hablar contigo, tal vez deberías comenzar a analizar todo tu entorno, aunque no parezcas incluso en estas paredes tienen más verdades de las que has llegado a escuchar en toda tu vida, comienza a preguntar y a fijarte en los detalles, como por ejemplo, ¿Dónde está tu padre cuando no está aquí? Si quieres conocer quien eres en realidad sin mi, deberias comenzar a preguntarte quien eras antes de mi.

Trago saliva antes de terminar mi licor.

—¿Vendrás a hablarme mal de mi padre ahora para intentar reducir tus culpas? —ya algo enojada con la situación. —No quieras involucrar a mi familia en tus faltas, porque para ti todo se reduce a una conversación para mi significa traición y deslealtad para conmigo, ahora vienes aqui como si yo fuera la loca que esta inventando razones para no volver contigo, como si mi obligación fuese estar para tí, como no te doy lo que quieres, intentas plantas cosas en mi mente, para que ante la confusión regrese a ti como en cualquier otro momento lo hubiera hecho porque me sentía segura contigo, pero esta vez no es así, ya no significas nada para mi.

El se aproxima a mi para tomar mi mano y ubicarla en su pecho.

—Tu vives aquí, este es tu hogar aunque te hayas ido siempre te llevo aquí y nadie te sacará de aquí.

La versión de mi que fue su esposa y su novia hubiera estado dando saltos de alegría, ahora solo tengo un caos porque siento que él intenta confundirme, y a la vez no lo se, llega con las preguntas que siempre tengo, pero también es la persona que conoce mis temores, por lo que podría ser algún tipo de manipulación y en mi mente solo hay un enriedo.

—Vete. —es lo único que le digo pero este niega.

—Te acompaño hasta que te duermas te prometo que no hablaré ni diré nada, me iré en cuanto te duermas.

Su insistencia la conozco de memoria por lo que sabía perfectamente que esto no es algo que terminaria yo por ganar.

—Tienes maximo una hora para irte, si en una hora no te has ido llamó a la policía para que te retiren de mi casa. —le advierto.

Solo asiente y me sigue por la casa de mi niñez, no duda sobre ningún paso que da, es como que si él también recordará a la perfección cada pequeño rincón.

Entró a mi habitación y le señaló una silla.

—Ahí te quedarás, pondré una alarma una hora y te vas. —remarco.

—Solo velaré tu sueño y me voy. —murmura.

No tarde mucho en quedarme dormida, de alguna forma saber que alguien más estaba alli me relajaba.




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