Maia.
Seis cuarenta y tres de la mañana marca mi reloj en mi mesa de noche cuando me vi obligada a despertar producto de un gran trueno.
Me abracé a mi misma intentando calmar mi acelerado corazón, un frío casi helado recorría mi cuerpo desde mi nuca hasta mi espalda baja para luego disiparse.
Algo se notaba extraño, no se como explicarlo pero al abrir mis ojos fue como que mi cuerpo ya se encontraba inquieto, alerta, intranquilo.
Me doy un baño relajante, intentó calmar mis nervios, pero siento que Vega ha dejado demasiadas preguntas en mi cabeza, es decir, tal vez son cosas que debería de preguntarme desde un principio como donde se encuentra mi padre la gran parte del tiempo, pero realmente temo descubrir que tiene algo tan oculto como otra familia o algo por el estilo, porque mi padre es lo único que tengo, y sin él, estaba realmente sola.
No quiero ser la jueza ni la verduga de lo único que queda de mi familia, es decir odiaria la idea de que él también sea un hombre mentiroso, pero más odiaria la idea de enterrar los recuerdos perfectos que tengo de mi padre.
Esta presión en mi pecho que siento, me hace soltar unas cuantas lágrimas mientras me abrazo a mi misma.
Me siento una extraña en mi propia vida, como si todo fuese a medias y no tengo las respuestas, pero no caminar por un camino que me puede llevar a matar, no quiero darle la bienvenida a la verdad si con esa verdad se va la vida tal cual la conozco, porque a este punto de mi vida, los secretos ya son parte de mi verdad, pero no puedo negar que la sola idea de vivir entre mentiras no me deja confiar en nada.
—¿Por qué debería darte el poder de entrar en mi cabeza? —me repito a mi misma antes de comprenderlo. —No entraras en mi cabeza Thiago Vega.
Si las preguntas han estado ahí toda mi vida, no pienso destruir lo poco que me queda de mi vida, por el hombre que solo se ha dedicado a lastimarme no creo que me quiera hacer un bien ahora de repente.
Prefiero ir descubriendo las cosas por mi cuenta, sin la intervención de él.
Termino de arreglarme y preparo mis cosas para el trabajo.
Cuando veo la hora desactivo el sistema de seguridad, para que Massimo pueda ingresar sin problemas.
Noto un cambio en las claves de seguridad que llama mi atención, pero no lo suficiente para ocuparme, simplemente vuelvo a mi clave de siempre y reinicio el sistema.
Me llega un mensaje de Massimo, y es su ubicación, a ocho minutos de mi casa, los suficientes para prepararme un cafe para el viaje.
Termino de preparar las carpetas que tengo que llevar el día de hoy, para la junta programada que hay de todas las direcciones, aún no estoy al 100% para llevar yo la junta por eso la llevará Massimo en mi representación, mientras yo tomaré notas de las preguntas que debo hacer.
Me miró una vez más al espejo para encontrarme conmigo ilusionada con esta nueva versión de vida, una donde la única prioridad que tengo es ser yo misma.
Tomo mi teléfono para escribirle a Estefania la secretaría que ahora comparto con Massimo.
“Buenos días, felicidades te he ascendido ahora tambien eres mi secretaria, me gusta el café negro y sin azucar por la mañana en las tarde si lo tomo con azucar, soy alergica a las nueces asi que ten cuidado con eso, todas las tardes te dejare mi agenda personal para que en las mañanas les des la ultima verificación a mis reuniones, una vez mas felicidades, y bienvenida a mi equipo.” — la agrego con el nombre de Estefania sec.
No me tomaré para nada personal el hecho de que ella sea la persona con la que estuvo anteriormente Massimo, salvo que realmente no quede de otra no pienso pelear con otra mujer por un hombre, el hombre que quiera ser mío, lo será sin que yo tenga que pelear con ninguna otra mujer, no pienso volver a subir el tono de mi voz ni una sola vez más contra una mujer por un hombre, otra cosa que tengo que agradecerle a Vega.
Gracias a él entendí que no vale la pena arrastrarse nunca por un hombre, mucho menos por uno que demuestra interés, porque de eso se agarran para hacer lo que quieran, justifican sus actos a ellos mismos en base a ese amor que uno le ofrece.
El amor jamás debería ser una moneda de cambio, debería ser algo totalmente distinto, algo que es tan inexplicable como la vida misma, no debería de dañar, debería ser la cura a todos los males, debería ser algo tan libre como el aire, y siempre correspondido uno que no sea necesario pelear con otros por este amor, ese sería un amor perfecto.
No entiendo cómo es posible, que aún con el corazón roto, sabiendo que el amor duele esté dispuesta a volver a enamorarme, y amar hasta que me canse.
Me recojo el cabello en una cola alta, dejando descubiertos los hombros.
Todo se ve perfecto si no fuera por el hecho de mi mente, pero intento en concentrarme que oficialmente hoy será el día donde empezaran a verme como algo más que la hija de mi padre, sino como una persona con voz y votos, como la mujer que siempre soñé ser, capaz de todo lo que se propone.
Realmente me estoy empezando a creer que realmente si me lo propongo puedo alcanzar todo incluso lo que no he soñado, por más que mi propósito original sea destruir a Vega, ahora solo quiero enloquecerlo al ver todo lo que soy capaz de hacer sin siquiera apuntar a él.
Veo el auto de Massimo estacionarse en mi entrada.
Se baja y se ve tan guapo que me sorprende, un traje azul, una camisa blanca, todo parece normal pero algo en él es diferente.
Bajo para abrir la puerta.
—Hermosa, estás hermosa. —bromea Massimo conmigo mientras yo solo le sonrío.
—¿Me veo ejecutiva? —le preguntó dando una vuelta delante de él.
—Eres un sueño. —Massimo acaricia ligeramente mi mejilla.
Retrocedo dos pasos.
—Está prohibido tocar a la directora general, soy tu jefa. —le recuerdo haciéndole ojitos.
—¿Me tientas a que toque y luego me restringes? Me enloqueceras.
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Editado: 19.09.2026