Ya no seré tu esposa perfecta.

11.

Maia.

En camino a la empresa mi teléfono suena casi a la vez que el teléfono de Massimo.

Lo miro extrañado.

—Debe ser la seguridad. —habla restándole importancia.

—¿Qué seguridad? —le pregunto algo incrédula.

Massimo detiene el auto para poder concentrarse en mí a un lado de la carretera, donde todo estaba muy tranquilo.

—Se ha filtrado una noticia sobre que tú asumirás el puesto de tu padre, de los conglomerados, a causa de la detención de tu padre en Italia.

Lo miro buscando la broma en sus palabras.

—Maia es verdad, han detenido a tu padre esta mañana por presunto lavado de activos y asociación para delinquir, la prensa espera por ti en la empresa para escuchar lo que tienes para decir, pero no permitiré que se acerquen a tí ni te hostiguen. —acaricia mi mejilla. —Yo cuidaré de ti, le prometí a tu padre que así sería.

Lo miro intentando encontrar las palabras.

—Esto no puede estar pasando, ¿mi padre detenido? Necesito ir a verlo.

—No, Maya tu padre nos pidio expresamente que no te permitieramos intervenir en dado caso que algo asi sucediera.

Me bajo del auto quitandome los tacones para lanzarlos en la carretera.

—¿Que se supone que debo hacer ahora? ¿Es verdad entonces que mi padre guarda secretos? —hablo totalmente tomada por mis emociones. —No puedo creer que todos los malditos hombres que rodean mi vida sean todos unos mentirosos.

Camino hacia Massimo.

—Tú respuesta puede cambiar la imagen que tengo de ti asi que quiero que seas sincero, ¿Tu tambien me guardas secretos?

La mirada de Massimo se ve dubitativa hasta que termina por asentir.

—Por tu protección y tu salvaguarda hemos hecho un pacto con Vega, no es por ser mentirosos, sino que tu padre ha creído que apartarte de todos sus secretos sería la única forma de mantenerte a salvo.

Niego.

—¿De qué secretos? ¿Qué secreto podría ser tan grande como para poner en riesgo mi seguridad?

Massimo toma su teléfono y llama.

—Cancela la junta, debemos vernos ahora, ella quiere la verdad.

Me acerco para quitarle el teléfono de la oreja y tomar yo la llamada.

—No se quien seas, pero no te atrevas a cancelar ninguna junta.

—Soy yo. —su voz tan inconfundible.

—Claro que tenias que ser tú, ¿quien más podría ser que el mentiroso de mi futuro ex esposo? Tendremos la junta porque no pienso esconderme de nadie más, pero en cuanto termine ustedes dos me aclararan absolutamente todo y si me llego a enterar una sola mentira mas de ustedes, serán despedidos, no me importa que sea abuso de autoridad, tengo la mayoria accionaria, y soy la directora general, llegue a ese lugar sin ustedes y podré sobrevivir sin ustedes, pero no puedo decir lo mismo de ustedes si creo una mancha en sus inpectables legajos.

La mirada de Massimo era totalmente incomprensible para mí.

—Asi será directora. —escucho hablar a Thiago del otro lado del altavoz.

—¿Dimonti me has entendido? —le pregunto molesta también con él.

—Si señora. —habla tan serio que se me hace extraño su tono de voz, probablemente sean contables las veces en la que lo he visto asi de serio, pero no tolero la sola idea de que me hayan rodeado de mentiras sobre mi padre todo este tiempo.

Lo que mas puedo llegar a resentir de Massimo es que me escucho todo este tiempo quejarme de las traiciones, las mentiras.

Corto la llamada.

—No me importa que me odies en este momento, antes que tengas claro quiero dejarte algo en claro, prefiero un millon de veces que me odies y me llames traidor, que perderte. —intenta acercarse pero lo detengo poniendo mi mano en su pecho.

—Y yo preferiría mil veces que sean honestos, sobre todo tú, que te tenía en un maldito pedestal, pero esto no se termina aquí, necesito tener las cosas totalmente en claro antes de tomar alguna decisión sobre ustedes.

—No me arrepiento de haberte ocultado nada, no me importa que decidas, estás aquí hoy sana y salva porque hemos sabido guardar cada secreto de tu padre y hemos sabido cuidar de ti, puedes odiarme todo lo que quieras, tienes el derecho porque si soy un mentiroso, pero yo no miento porque sí, sino para proteger al amor más grande de mi vida, a la única persona que pone patas arribas mi mundo, a la única mujer capaz de hacer que mi vida gire completamente entorno a ella, así que no me arrepiento de ninguna forma y mantendré estas mismas palabras, no soy de cambiar y lo sabes. —el golpe de la seguridad de sus palabras. —Haz lo que quieras de mí, te doy totalmente el poder de mi vida si con eso consigo permanecer cerca de tí.

Aún enojada, le señalo mis tacones para que vaya por ellos.

Lo voy a tener de esclavo el día de hoy, voy a cumplir su sueño realidad, ser mi esclavo personal.

Le arrebató su teléfono para sacar los datos de sus documentos, en lo que con mi teléfono llamo al aeropuerto privado donde mi padre tiene su avión personal.

—Les habla Maia Beltrán, quisiera programar un viaje a Italia en cuatro horas, tres pasajeros Massimo Dimonti, Thiago Vega y yo, les paso por correo todos los datos para corroborar identidades e información del vuelo.

Volvemos al auto Massimo en un total silencio hasta que finalmente habla cuando arrancamos.

—¿Perdonaras a Vega? —lo escucho pero no le respondo.

Tengo una clara respuesta, pero mi castigo para él será el silencio.

El mismo silencio que él ha guardado, solo que durará muy poco tiempo.

En el camino a la empresa me dediqué a buscar noticias sobre mi padre pero no encontré gran cosa.

—¿Cómo puedo buscar noticias sobre él? —le pregunto a Massimo.

Massimo suspira.

—Busca con el apellido de tu madre, así encontraras lo que buscas, pero no te quedes solo con los titulares, espera a escuchar todo para entender las cosas.

Solo lo escucho.

Llegamos a la empresa y veo a varios periodistas afuera, pongo mi mejor cara de poker.




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