Bebo café mientras intento analizar el nuevo comportamiento de Sunny y entender cómo pudo cambiar tanto de un día para el otro.
Nunca le he prestado demasiada atención. He tratado de ignorarla a pesar de ser mi esposa porque jamás soporté las condiciones de nuestro matrimonio. Si ella no hubiera hecho lo que hizo para lograr casarse conmigo, nunca habría aceptado. Me puso entre la espada y la pared y yo no podía traicionar el legado Bennet.
Ahora parece una persona completamente distinta y, aunque no me molesta que ya no esté detrás de mí todo el tiempo intentando controlarme o seducirme con mi comida favorita, sí me intriga este cambio tan repentino. Es como si hubiera dejado de esforzarse por actuar como la esposa perfecta y finalmente se permitiera ser ella misma. Más relajada. Más real.
Josie deja un plato de frutas sobre la mesa.
—¿La señora ya se levantó?
—Fui a verla y dijo que ya bajaba.
Asiento y ella se retira justo cuando Sunny aparece en el comedor. La observo en silencio. Viste un camisón corto de seda negra y una bata ligera del mismo material; tiene el cabello algo despeinado y bosteza con total tranquilidad mientras toma asiento frente a mí como si nada, como si fuera la dueña absoluta de este lugar.
Nunca la había visto así.
La Sunny de antes siempre estaba impecable, incluso dentro de casa. Vestidos elegantes, peinados perfectos, maquillaje discreto y camisones largos que la cubrían hasta el cuello. Parecía vivir preparada para recibir invitados importantes o aparecer en la portada de una revista. Esta Sunny no, y lo extraño es que ni siquiera parece estar intentando llamar la atención. Simplemente se ve cómoda.
—Buen día —dice mientras se sirve café.
¿Desde cuándo se viste así? ¿Acaso intenta seducirme de una manera diferente?
Tal vez este cambio no sea más que una nueva estrategia para llamar mi atención. Sí, debe ser eso. Sunny nunca supo aceptar la indiferencia.
Le doy un sorbo al café, ignorándola.
Josie regresa y deja frente a ella un bol con yogurt y avena. Sunny frunce el ceño apenas lo ve.
—¿Y esto qué es?
—Su desayuno, señora.
Ella niega con la cabeza mientras observa el bol como si acabaran de servirle una condena.
—No, de ninguna manera comeré esto. Ni que estuviera enferma. —Aparta el plato—. Josie, por favor, prepárame unas tostadas y huevos revueltos con queso. Mucho queso. Disculpa la molestia y gracias.
Josie me mira discretamente antes de darse la vuelta, claramente sorprendida por el pedido.
Sunny exhala y toma el café sin leche ni azúcar, algo que también es nuevo.
—¿Desde cuándo tomas café solo? —pregunto.
Ella levanta la mirada, sorprendida.
—¿Sabes cómo me gusta el café?
—Anoche dijiste que no te conozco, pero sé algunas cosas sobre ti. Siempre lo tomas con leche y tres cucharadas de azúcar, y desayunas yogurt con avena todas las mañanas.
Sunny sonríe mientras acomoda el cabello detrás de su oreja.
—Bueno, decidí que el azúcar es mala y debería reducirla. Además, el café solo es más depurativo. —Le da un sorbo—. Y lo de la avena era cosa de mi madre. Desde pequeña insistió con cuidar la alimentación y mantener cierta imagen, pero ya decidí que no limitaré mi dieta a lo que otros consideran correcto. Comeré lo que me guste.
Josie vuelve con el desayuno y, para mi sorpresa, los ojos de Sunny prácticamente brillan.
—Gracias, Josie. Eres una diosa del Olimpo.
La empleada se ríe antes de retirarse nuevamente y Sunny comienza a comer con entusiasmo mientras yo continúo observándola, tratando de comprender qué demonios pasó con ella.
Es verdad que sus padres son bastante controladores, pero nunca la vi enfrentarlos. Al contrario, siempre parecía esforzarse por complacerlos.
Ayer mencionó algo sobre una amiga y un funeral.
—¿Cómo conociste a Lana y a la otra chica que murió? —pregunto por simple curiosidad.
Ella me mira mientras termina de tragar.
—A Lana la conocí de niña, pero perdimos contacto. Nos reencontramos por casualidad. —Bebe un poco de café—. La que murió era su mejor amiga y también se llamaba Sunny. La pobre tuvo un paro cardíaco durante la noche. Era una soñadora enamorada del amor y terminó involucrándose con un idiota que la trataba como si fuera un mueble decorativo. Ella seguía enamorada aunque él apenas la mirara y al final murió sola en su departamento.
—Qué trágico.
—Lo sé. Cuando escuché su historia me sentí algo identificada y Lana me dijo que debía vivir por mí misma, no por los demás, así que decidí seguir su consejo y dejar de intentar ganarme tu amor y el de mis padres. Honestamente, es más fácil que los cerdos vuelen.
Se ríe con naturalidad y me sorprende escucharla hablar así, aunque lo que dice tiene sentido.
¿Identificada?
Sé perfectamente que se refiere a nuestro matrimonio y a mi comportamiento con ella, pero yo siempre fui claro respecto a mis sentimientos. Nunca fingí enamorarme. Todo esto ocurrió por la presión y las amenazas que utilizó para obligarme a casarme.