Tener dinero es la gloria, aunque entráramos gratis gracias a Kevin, el hermano del alma de Lana.
Tener una tarjeta negra con dinero ilimitado para gastar es un plus que sería pecado no aprovechar. Antes tenía que preocuparme por no gastar de más, por cuidar el límite de mi tarjeta para no terminar endeudada, pero ahora ya no debo preocuparme por eso.
—¡Otra ronda! —grito, levantando el vaso.
Lana me mira con diversión antes de acercarse a mi oído.
—Oye, ¿tu cuerpo nuevo tiene tolerancia al alcohol? Porque tu antiguo cuerpo soportaba perfectamente el alcohol barato y no tengo dudas de que también podría con el caro, pero este… —me señala— no parece haber tomado nada más fuerte que vino importado servido en copas ridículamente pequeñas.
Miro mi cosmopolitan y exhalo.
—No tengo idea. En sus recuerdos no aparece nada sobre fiestas ni alcohol. Tampoco sobre amigos. Su vida era básicamente clases de etiqueta, universidad y padres controladores. Todo estaba planeado por ellos.
Lana hace una mueca.
—Qué horror. Nosotras tuvimos una vida horrible, sí, pero escapamos. Ella nunca salió de esa jaula.
Asiento lentamente mientras juego con el sorbete del vaso. Sigue sintiéndose extraño hablar de la otra Sunny como si fuera alguien completamente distinta a mí cuando ahora compartimos recuerdos, rostro y una vida que todavía no entiendo cómo manejar.
A veces siento culpa por ocupar su lugar; otras veces recuerdo que técnicamente la que murió fui yo y entonces mi cerebro deja de intentar encontrarle sentido.
—Todavía no entiendo cómo pasó esto —admito en voz baja—. No sé por qué desperté en su cuerpo con sus recuerdos y los míos mientras ella murió en el mío.
—Dos cosmos para mis invitadas favoritas.
Kevin aparece frente a nosotras con una sonrisa tan perfecta que resulta ofensiva. De verdad es absurdamente guapo y, si no fuera gay, probablemente Lana habría arruinado esa amistad hace años.
Bueno, ella lo intentó una vez y así fue como descubrió que definitivamente le gustan los hombres. Aunque, siendo sincera, debimos sospecharlo antes. Ningún hombre heterosexual habla con tanta pasión sobre zapatos italianos.
—¿Por qué me miran así? —pregunta Kevin mientras deja las copas sobre la mesa—. ¿Dije algo increíble otra vez?
—Siempre dices cosas increíbles —responde Lana con total seriedad.
Kevin le lanza un beso antes de mirarme con atención.
Lana me presenta apenas llegamos y tengo que fingir absoluta normalidad mientras él me abraza como si nos conociéramos de toda la vida. Técnicamente nos conocemos, pero él no tiene idea de que la Sunny amiga de Lana está muerta y prefiero mantenerlo así. No quiero terminar sedada en un psiquiátrico intentando explicarle a un médico que cambié de cuerpo.
Al menos conservo los recuerdos de la otra Sunny. Si no fuera por eso, estaría completamente perdida.
—Las amigas de Lana son mis amigas —dice Kevin sonriendo—. Aunque ahora que lo pienso… ¿por qué la Sunny original no vino?
Lana responde demasiado rápido.
—Murió.
Casi me atraganto con el trago y giro hacia ella horrorizada. Kevin parpadea varias veces antes de mirarnos como si estuviera intentando decidir si hablamos en serio o simplemente estamos borrachas.
—¿Qué?
—Nada —intervengo enseguida—. Ella todavía no aprende a socializar como una persona normal.
—No es mi culpa que la verdad salga sola —murmura Lana antes de beber tranquilamente.
Kevin sigue observándonos con sospecha, pero alguien lo llama desde el escenario y termina alejándose después de avisarnos que el show está por comenzar.
Lo veo marcharse y le doy un codazo a mi amiga.
—¿Qué te pasa? Casi le dices que estoy muerta.
—Es la verdad. Aunque tú no tienes una amistad cercana con él como yo, tendrá que saber que fuiste para el otro lado.
La miro incrédula.
—No es el momento para eso.
—Han sido días raros. —agrega.
No puedo discutir eso. Los últimos días son tan absurdos que mi cerebro apenas logra seguirles el ritmo. Bajo la vista hacia el vaso y juego un momento con el borde antes de hablar.
—¿No te parece un poco horrible que estemos aquí divirtiéndonos cuando técnicamente morí hace unos días?
Lana deja el trago sobre la mesa y deja de bromear.
—Tú no moriste. La otra Sunny murió en tu cuerpo, y si fueras tú la que estuviera muerta me perseguirías desde el más allá si me quedara encerrada llorando en mi casa.
Una risa se me escapa antes de que pueda evitarlo.
—Probablemente sí.
—Además, acordamos que nada de funerales. Ya te cremamos y llevamos tu cuerpo al cementerio. Odiabas los funerales.
—Los sigo odiando.
—Exactamente. Y tampoco tendría sentido hacerle uno a la otra Sunny con personas que ni siquiera la conocían de verdad.