—¿Qué has averiguado?
—Lana Guzmán vivió con sus padres hasta los diez años. Después de eso, la madre huyó con ella y murió seis años más tarde. El padre era alcohólico y abusivo; la niña fue quien lo denunció y tanto ella como su madre terminaron en un refugio para mujeres que las ayudó. Cuando la madre falleció de cáncer, Lana pasó a una casa de acogida donde conoció a Sunny Daniels, una huérfana que iba de un lugar a otro. Al cumplir la mayoría de edad, ambas consiguieron trabajo y comenzaron a vivir juntas. Lana Guzmán trabaja como asistente en una agencia de marketing y Sunny Daniels era vendedora en una tienda de ropa. Murió hace unos días de un paro cardiaco. Su amiga Lana fue quien encontró el cuerpo en el departamento que compartían.
Frunzo ligeramente el ceño.
—¿Sunny Daniels estaba interesada en la moda?
—No especialmente. Hablé con su empleadora y dijo que era una joven inútil a la que le dio trabajo por lástima. Aunque los vecinos opinan algo completamente distinto. Dijeron que ambas eran chicas tranquilas, trabajadoras y bastante centradas pese a haber tenido vidas difíciles. Ninguna tenía pareja.
Rasco mi barbilla mientras proceso la información.
—¿Qué relación encontraste entre mi esposa y ellas?
—Siendo honesto, ninguna previa. No encontré nada que indique que se conocieran antes de la muerte de Sunny Daniels. Al parecer comenzaron a relacionarse después. Su esposa ayudó a Lana con todos los trámites de la cremación. Aunque es posible que ya hubiera visitado antes el refugio donde estuvieron Lana y su madre. Actualmente hace voluntariado allí.
Levanto la vista.
—¿Preguntaste en el refugio?
—Sí, pero son muy estrictos con la información. Protegen mucho la identidad de las mujeres que viven allí y no dejan entrar a cualquiera sin una buena razón. De hecho, vi a su esposa saliendo del lugar justo cuando me iba.
Asiento lentamente.
—Es posible que haya visitado ese sitio antes y yo no lo supiera. Al parecer hay muchas cosas que desconozco sobre mi esposa.
El detective me mira con cierta confusión.
—¿Disculpe?
Sacudo la mano para restarle importancia.
—Nada. ¿Crees que Lana se acercó a ella por interés?
—Por lo que averigüé, no me da esa impresión. Parece una mujer íntegra. Humilde, pero muy firme con sus principios. Fue ella quien denunció a su padre y convenció a su madre de abandonarlo cuando apenas tenía diez años. Además, hace un tiempo salió con un hombre adinerado y terminó la relación cuando descubrió que iba a casarse con otra mujer y quería convertirla en amante. Si le interesara el dinero, habría aceptado quedarse.
—Es diferente obtener dinero de un hombre con el que tienes que involucrarte a conseguir ayuda de una amiga.
—Supongo que sí.
Asiento antes de cerrar la carpeta.
—Puedes irte. Gracias.
El detective abandona la oficina y yo me quedo mirando los documentos sobre el escritorio.
¿Acaso Sunny conoció a Lana en ese refugio y terminó conmovida por su historia? Tal vez por eso dejó de perseguirme de repente y ahora parece tan desesperada por divorciarse. Dijo que reencontrarse con Lana le abrió los ojos.
Abro nuevamente la carpeta y observo las fotografías. Lana y Sunny Daniels no tuvieron vidas fáciles. Crecieron sobreviviendo como podían, sin privilegios ni familias que las protegieran de nada. Quizás mi esposa vio en ellas una realidad completamente distinta a la suya y entendió que existe algo más importante que vivir obsesionada con un matrimonio o conmigo.
Incluso le dio dinero a Lana, aunque no fue una suma especialmente grande. Lo suficiente para ayudarla, no para comprarla.
La puerta de mi oficina se abre sin aviso y Malory entra con la confianza de siempre. Rodea el escritorio y se acerca demasiado. Cierro la carpeta antes de que alcance a ver su contenido.
—¿Necesitas algo, Malory?
—Has estado encerrado trabajando todo el día y pensé que podríamos ir a cenar. Me debes la salida de anoche.
Apoya las manos sobre mis hombros y empieza a masajearlos.
Me pongo de pie inmediatamente y me aparto.
—Ya te dije que no hagas eso.
Ella ríe como si exagerara y se deja caer en mi silla.
—Estamos solos. Tu esposa no está aquí para ponerse celosa.
Meto las manos en los bolsillos para evitar seguir retrocediendo.
—Malory, ya hablamos de esto. Somos amigos y compañeros de trabajo. No quiero que la gente siga hablando.
Ella enarca una ceja.
—¿Desde cuándo te importa? Todo el mundo sabe que salíamos antes de que te casaras con Sunny. Sé perfectamente que te casaste con ella por negocios y no por amor. Si yo hubiera tenido el apellido correcto, ahora estaría en su lugar.
Intenta tomar mi mano, pero la aparto antes de que lo logre.
—No. Eso tampoco habría pasado. Nunca fuimos pareja. Tuvimos algunas citas porque nuestras abuelas insistieron demasiado, pero siempre te vi como a una hermana. Ya te lo expliqué varias veces.