Ya no soy tu esposa olvidada

Capítulo 12: Sunny

El evento es realmente deslumbrante. Con el dinero que debieron gastar en esta fiesta podrían haber cubierto las donaciones, pero claro, eso no sería lo correcto. Aquí las apariencias importan más que los perros y las personas necesitadas, y a nadie parece incomodarle.

Muchos vienen a hacer negocios y a reducir impuestos, no a ayudar. Basta con mirar las sonrisas medidas, los trajes impecables y las conversaciones demasiado calculadas para saberlo. Aun así, debo admitir que todo está perfectamente organizado, desde la música suave hasta la iluminación que hace que incluso una copa de champán parezca más elegante de lo que es.

Zion no se aparta de mi lado. Incluso me abrazó por la cintura cuando alguien halagó mi figura diciendo que con razón él no se muestra mucho conmigo, pues debe cuidarme. Me mordí la lengua para no responder, recordando que debo cumplir mi papel y que una reacción equivocada puede arruinarme la noche. De todas formas, el comentario me dio ganas de reír. Si supieran lo poco que Zion se ha preocupado por mí en estos años.

Desde que llegamos he buscado a Malory con la mirada, con la intención de empujar a Zion hacia ella y que logre llevárselo a algún rincón. Este lugar sería perfecto para que los atrapen juntos.

Una escena elegante, un beso robado, una fotografía comprometedora y mi vida podría comenzar a tomar el rumbo que quiero. Sin embargo, no la he visto en toda una hora y estoy empezando a impacientarme, no solo por mi plan, sino porque me estoy muriendo de hambre.

Aprovecho que Zion está hablando con uno de los inversionistas para apartarme discretamente. Él ni siquiera lo nota, demasiado concentrado en su sonrisa de empresario perfecto.

Me dirijo a la mesa de entradas con la intención de comer algo hasta que podamos sentarnos y nos sirvan comida de verdad, porque estos eventos siempre tardan una eternidad en llegar al plato principal.

Hay mucha variedad de mini canapés. Nunca entendí por qué tienen que ser en miniatura, pero no voy a quejarme. Tomo un plato y empiezo a elegir sin culpa, porque si voy a sufrir en tacones y sonriendo, al menos no pienso hacerlo con el estómago vacío.

—¿Disfrutando de la comida?

—No como quisiera, pero tengo tanta hambre que me da igual. Lo malo es que necesito al menos una docena de estos para llenarme.

Escucho al hombre reír y alzo la mirada, encontrándome con uno muy guapo que se parece demasiado a alguien. El recuerdo me atraviesa de inmediato y no necesito más de un segundo para reconocerlo.

Greg Bennet. El hermano de Zion y mi cuñado.

—No recordaba que disfrutaras tanto de la comida —dice con diversión—. Solías estar pegada al lado de mi hermano, siendo la esposa ejemplar y considerada, olvidándote de comer.

Sonrío mientras tomo otro canapé.

—Bueno, cuñado, la gente cambia. O se cansa de aparentar. ¿No crees?

Greg es tres años menor que Zion. Un libertino al que le gusta viajar a donde lo lleve el viento. Como trabaja de forma remota creando y programando sistemas, tiene libertad para hacerlo.

Cuando su padre decidió retirarse, Zion tomó el control luego de casarse con la otra Sunny, porque Greg nunca mostró interés en la empresa. A diferencia de Zion, Greg siempre fue amable con ella. No eran cercanos, pero al menos no la despreciaba ni la culpaba de nada, y eso ya lo convierte en alguien agradable dentro de esta familia.

—Zion mencionó que estabas algo cambiada y no lo creía —dice, observándome con atención—. Te vi hace seis meses y en ese momento parecías deprimida. Ahora te ves guapa y radiante. Tanto que ya escuché a varios preguntar quién es la mujer del vestido rojo.

Enarco una ceja, divertida.

—Pronto me divorciaré de tu hermano, así que estaré libre para conocer hombres guapos. Y, si se puede, que no tengan amantes ni se comporten como hielo.

Greg ríe con ganas, sin ocultarlo.

—¿Planeas divorciarte de mi hermano?

—Sí. Así él será libre de mí y podrá estar con su amada Malory.

La sonrisa de Greg se borra apenas un poco y su expresión cambia a una mueca.

—Zion nunca estaría con ella —dice bajando la voz, acercándose con naturalidad—. Solo lo hace para molestarte.

Lo miro y me río, porque lo dice con tanta seguridad que casi me parece gracioso.

—Bueno, no me molesta. Ya no. De hecho, Malory me haría un favor sacándomelo de encima.

Greg me mira con esa expresión de quien sabe más de lo que dice.

—Tu error fue perseguirlo. A Zion le gusta sentirse en control. Lo que debiste hacer fue poner distancia y seguirle el juego. Si él coquetea con Malory, tú podrías hacerlo con otro.

Niego con la cabeza.

—No me interesa. Ese barco ya zarpó. Ahora tengo nuevos objetivos y mi prioridad es ser feliz. Vivir para mí, para nadie más.

Greg sonríe, claramente satisfecho con mi respuesta.

—Al fin alguien que comparte mi filosofía. Todos dicen que soy un tiro al aire, pero ¿qué tiene de malo viajar y disfrutar de las mujeres guapas? No es como si dependiera del dinero de los Bennet. Yo gano mi propio dinero.




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