Observo a Sunny alejarse junto a mi hermano y siento una molestia inmediata al verlos caminar y conversar con tanta confianza.
Greg apenas cruzaba palabras con ella las pocas veces que coincidían y ahora actúan con una cercanía que no logro entender. Mi hermano siempre evitó involucrarse demasiado en cualquier asunto relacionado conmigo, mi matrimonio o los problemas familiares, así que verlo sonriendo relajadamente junto a mi esposa consigue irritarme.
Sé perfectamente que Greg nunca culpó a Sunny por el matrimonio, pero tampoco mostró interés en acercarse a ella. Apenas intercambiaban saludos educados y seguían cada uno por su lado. Por eso me resulta extraño verlos riéndose juntos en medio de la fiesta como si llevaran años entendiéndose. Y lo peor es que Sunny se ve cómoda con él, relajada de una manera que jamás está conmigo.
—Zion.
La voz de Malory me obliga a apartar la vista. Giro la cabeza y la encuentro sentada en una silla con expresión de incomodidad.
—¿Estás bien?
—Sí, pero creo que me torcí el tobillo. ¿Puedes revisar?
Enarco una ceja.
—No soy médico, Malory. Voy a llamar a alguien para que te ayude.
Me alejo antes de que pueda insistir y comienzo a buscar a mi asistente entre los invitados. Mientras avanzo entre la gente sigo pensando en Sunny. Primero se aparta de mí sin decir nada y después aparece riéndose con Greg mientras me deja solo atendiendo a Malory delante de todo el mundo. La situación resulta bastante conveniente para alimentar rumores y, sinceramente, no necesito que esta noche termine convertida en otro espectáculo alrededor de mi matrimonio.
Cuando encuentro a mi asistente le indico dónde está Malory y continúo caminando sin perder tiempo. Busco a Sunny entre la multitud, pero no la encuentro. Tampoco veo a Greg y eso solo consigue aumentar mi irritación. Conociendo a mi hermano, probablemente ya le está contando alguna anécdota absurda de sus viajes mientras Sunny lo escucha entretenida. Greg siempre tuvo facilidad para agradarle a la gente sin hacer demasiado esfuerzo.
—Zion.
Levanto la vista y encuentro a Gio acercándose.
—¿Has visto a mi hermano?
—Sí, salió al jardín con tu esposa.
Cierro la mano en un puño casi por reflejo.
—Bien. Discúlpame.
—Franco me pidió que te recordara que en un rato debes dar el discurso de apertura.
Asiento sin demasiado interés.
—Lo haré. Primero necesito hablar con mi hermano.
Salgo al jardín y apenas los encuentro vuelvo a sentir esa incomodidad desagradable instalándose en mi pecho.
Greg y Sunny siguen conversando tranquilamente. Ella tiene las mejillas ligeramente sonrojadas por la risa y una expresión ligera que hace tiempo no le veía. Mientras me acerco, vuelvo a fijarme en ella con más atención de la necesaria. El vestido le queda demasiado bien y el brillo de las luces sobre su piel consigue que se vea distinta esta noche. Más segura de sí misma y vivaz.
Y lo peor es que recién ahora empiezo a notarlo.
Conmigo siempre está preparada para discutir o defenderse. Incluso cuando intenta mantener la calma, hay tensión en su manera de hablarme y mirarme. Con Greg, en cambio, se ve ligera y natural.
Intento convencerme de que solo me incomoda porque se trata de mi hermano, porque no me gusta que se involucren demasiado el uno con el otro, pero mientras más los observo menos convincente me parece esa explicación.
—Entonces casi termino preso —dice Greg entre risas—. Por suerte todo se solucionó porque no pienso sobrevivir en una prisión tailandesa.
Sunny se ríe, aunque deja de hacerlo cuando me ve acercarme.
—¿Qué haces aquí?
La miro fijamente antes de responder.
—Buscando a mi esposa, que decidió desaparecer sin avisar.
Frunce el ceño.
—¿Desaparecer? Solo te dejé con tu amiga, que claramente necesitaba atención.
—No debiste irte.
Sunny deja escapar una pequeña risa incrédula.
—¿Y quedarme ahí mientras todos murmuran sobre tu amante? No, gracias. No me gusta humillarme públicamente.
Aprieto la mandíbula.
—Sunny, no empieces.
—¿Empezar qué? Tú eres el que pasa todo el tiempo pendiente de Malory y luego se sorprende cuando la gente habla.
Greg observa la escena con demasiado interés y eso solo empeora mi humor.
—No me hagas enojar. Por favor.
—Cariño, si estar enojado conmigo es tu estado natural. El día que no te enojes, pensaré que intercambiaste cuerpo con otra persona o tu cerebro sufrió cortocircuito.
Greg ríe a carcajadas.
—Tiene un punto.
—Esto es entre mi esposa y yo. No tiene nada que ver contigo, Greg.
—Solo estaba escuchando una conversación muy educativa sobre relaciones matrimoniales —responde él con tranquilidad—. Estoy aprendiendo muchísimo.