Ya no soy tu esposa olvidada

Capítulo 14: Sunny

Busco a Malory y a Zion, pero no los veo por ningún lado. La persona que contraté para atraparlos infraganti me escribió hace un rato diciendo que tuvo una emergencia y debía irse, aunque hasta donde alcanzó a observar, ellos no estuvieron juntos. Incluso me contó que varias veces Malory intentó acercarse a Zion y él terminó apartándola con disimulo. Al parecer, el señor perfecto quiere cuidar las apariencias mientras yo hago el ridículo sola en esta fiesta. Fantástico.

La única persona de toda la reunión que realmente me agrada es Greg, pero tampoco puedo pedirle ayuda para conseguir pruebas contra su propio hermano. A Greg no le cae bien Malory porque piensa que es falsa y demasiado calculadora, aunque jamás traicionaría a Zion.

Los hombres podrán competir, insultarse o querer arrancarse la cabeza entre ellos, pero cuando se trata de protegerse forman una especie de pacto secreto imposible de romper.

Greg intentó convencerme de que entre Zion y yo solo hubo un malentendido y que deberíamos hablar las cosas con calma, y sé que, en cierta forma, tiene razón. El problema es que ya no tengo ganas de arreglar nada, y Zion decidió condenar y odiar sin analizar nada.

La otra Sunny amaba a Zion. Yo no. Bueno… tampoco soy de piedra. El hombre es absurdamente guapo y cualquier mujer con ojos funcionales puede admitirlo, pero una cosa es reconocer eso y otra muy distinta soportarlo, porque Zion Bennet tiene el talento especial de irritarme apenas abre la boca.

Es cierto que nunca trató mal a Sunny. Nunca hubo violencia ni humillaciones directas, aun así, la indiferencia también destruye personas y verlo pasearse con Malory delante de todos mientras el mundo entero asumía que ella era su verdadera pareja resultaba humillante para la esposa.

La otra Sunny murió triste, insegura y rota. Yo solo quiero descubrir la verdad para darle paz y cerrar este asunto de una vez. Después de eso, no me interesa nada más. Mucho menos los hombres.

Hubo un tiempo en que soñé con casarme, formar una familia y tener algo parecido a un hogar feliz. Ahora ese sueño me parece agotador. Lo único que quiero es vivir tranquila, trabajar en lo que amo, ganar dinero y dormir sin sentir que mi vida depende de otra persona.

—Cuñada, ya me voy —dice Greg acercándose con una copa vacía en la mano—. Te invitaría a bailar, pero mi hermano está de muy mal humor y no quiero empeorarlo.

Levanto la vista hacia él y resoplo.

—¿Tu hermano? Porque yo no lo veo por ningún lado. Tampoco a su adorada Malory.

Greg sonríe con paciencia, esa paciencia de hombre acostumbrado a lidiar con dramas ajenos.

—No es su amante.

—Claro, y yo soy la reina de Inglaterra.

Él suelta una risa cansada mientras se pasa la mano por el cabello.

—A Malory no la vi más después de la subasta. A Zion sí lo vi ir por el pasillo —señala detrás de mí—. Estaba hablando por teléfono.

Sigo la dirección que indica y mi atención se enfoca de inmediato en el corredor. Tal vez esté ahí con Malory y esta sea mi oportunidad de terminar con toda esta ridiculez y conseguir las pruebas para el divorcio. Aunque, honestamente, Zion no parece el tipo de hombre que tendría sexo escondido en medio de una fiesta. Tiene demasiados problemas con el control para algo así. Seguro hasta programaría una reunión previa para cometer adulterio de manera organizada.

—Bien. Vete tranquilo. Yo me iré cuando termine un asunto pendiente.

Greg entrecierra los ojos, claramente sospechando de mí.

—Eso sonó preocupante.

—No deberías preocuparte. Nadie termina preso por tomar fotografías. ¿Verdad?

—Sunny…

—Es broma... Más o menos.

Greg niega con resignación antes de guardar las manos en los bolsillos.

—Mejor no pregunto. Escríbeme luego y arreglamos para ir por una cerveza y jugar bolos. Me quedaré una semana más antes de viajar a Grecia.

—Por supuesto. Además, voy a presentarte a mi amiga Lana.

—¿La que odia a los hombres ricos?

—Sí, pero tú eres simpático. Tal vez sobrevivas cinco minutos antes de que quiera golpearte.

Greg se ríe mientras camina hacia la salida y yo espero unos segundos antes de avanzar hacia el pasillo. Saco el celular del bolso, activo la cámara y reviso que el flash esté apagado porque lo último que necesito es descubrir una infidelidad iluminando la escena como paparazzi incompetente.

Camino hasta el final del corredor, donde hay dos puertas cerradas. Detrás de una se escucha ruido. Un murmullo ahogado y respiraciones; algo parecido a una discusión… o intimidad.

Mi corazón da un salto mientras me acerco un poco más, dudando. Parte de mí quiere abrir la puerta de golpe y terminar con todo. Otra parte teme encontrar exactamente lo que llevo semanas imaginando.

—¿Qué haces?

La voz aparece detrás de mí y respondo sin mirar, demasiado concentrada.

—Intento descubrir si hay una pareja discutiendo o haciendo cosas indebidas.

—No deberías meterte.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.