Un vasto territorio virgen se extendía sobre la tierra, aguardando el hito fundacional que daría origen a un dominio eterno.
Así nació Yarlug, el reino de la brasa y la piedra, establecido en la región centro-norte del continente y limitado al norte por la inmensidad gélida del mar Origo Aque, cuyas aguas profundas rugen contra los acantilados basálticos.
Alzándose como la columna vertebral de este imperio se encuentran Las Montañas Yarloris, un macizo de picos eternamente nevados y gargantas oscuras donde el viento aúlla con fuerza ancestral.
En el corazón de esta cordillera ruge el volcán Origo Ignis, que corona el paisaje con un cráter que deja como símbolo el poder que ya se en su vientre.
A los pies de esta geografía imponente se extiende El Valle Ehonig, un vasto territorio fértil donde el verde intenso de los prados choca contra el bosque denso de coníferas oscuras.
En este contraste de laderas arboladas y tierras labrantías habita la comunidad: artesanos, agricultores y criadores de ganado.
Es una colonia de ideología pacifista y de una lealtad inquebrantable hacia su corona, hombres y mujeres que trabajan la tierra sabiendo que viven a la sombra de un poder titánico.
Gobernando estos dominios se encuentra El Rey Loverius, conocido también como El Hijo Del Fuego hombres y la furia de los elementos.
Pero más arriba de los asentamientos, ascendiendo hacia las cumbres donde la roca se vuelve inaccesible para el paso humano, el paisaje cambia de forma radical.
Allí, entre abismos de piedra negra y picos truncos, se alza el dominio absoluto de los dragones.
Estas bestias titánicas, dueñas indiscutibles de los cielos y guardianes seculares del fuego sagrado, anidan en las oquedades que descienden desde la base misma del volcán Origo Ignis.
No son meras criaturas salvajes; su presencia es una fuerza de la naturaleza. Sus siluetas colosales dominan las corrientes térmicas que suben desde el cráter.
Fuente suprema de poder y prestigio, el fuego sagrado es custodiado celosamente en una simbiosis que se remonta a la mismísima génesis del mundo.
Desde el principio de los tiempos, los dragones y los ciudadanos han convivido bajo un frágil equilibrio natural.
A la cabeza de esta estirpe alada se encuentra Valakog, el líder de los dragones, una mole de fuerza implacable asignada al servicio del Rey Loverius según dictan los anales más antiguos de la existencia.
Un rey, un dragón, un volcán y una comunidad. Cada uno de ellos, desde su rol asignado por La Savia Naturaleza
Desempeñan sus tarea con la firme premisa de sostener los cimientos de un futuro prometedor.