Yarlug El Reino Del Fuego

V. Días Festivos

​—¡Saberius! ¡Saberius, maldita sea, dónde te has metido! —exclamó el rey Loverius, recorriendo a grandes zancadas los pasillos de la ciudadela con una energía renovada.

​—Su majestad, aquí estoy, a su entera disposición —respondió el anciano consejero, apareciendo con premura entre los arcos de piedra.

​—Toma una pluma y un pergamino. Vas a redactar de inmediato el edicto real para anunciar las buenas nuevas a todo el continente —ordenó el monarca, con los ojos brillando de entusiasmo—.

El rey Loverius y la reina Yisbelias anuncian a los ciudadanos del reino que el milagro se ha cumplido: vamos a ser padres.

Y agradecemos a la savia por la bendición que le ha otorgado a nuestra estirpe.

¡Declaro tres jornadas festivas en honor a nuestro futuro heredero!

​Saberius mojó la pluma, esbozando una sonrisa de profunda complicidad mientras la tinta comenzaba a correr sobre el papel.

​—Inmediatamente haré el anuncio oficial en la plaza de la ciudadela, su majestad —afirmó el consejero con reverencia—. ¿Desea alguna disposición adicional para los festejos?

​—Sí. Una vez hecho el pregón, encárgate de los preparativos para un banquete real.

Convoca a los mejores músicos, bailarines y juglares de los valles.

Haz llegar las invitaciones a los consejeros, a los maestres y a los jefes de todas las aldeas —sentenció Loverius, mirando hacia el horizonte donde el sol comenzaba a bañar de oro las cumbres de Yarlorig—.

Y que en cada invitación se recuerde que este reino, que por poco sucumbe ante el fuego y la ceniza, hoy celebra la llegada de quien, en el futuro, portará el destino del fuego en sus manos.




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